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La nueva carrera espacial ya no consiste únicamente en regresar a la Luna, sino en aprender a vivir en ella. Estados Unidos ha situado el polo sur lunar en el centro de sus planes por la presencia de depósitos de hielo en cráteres que permanecen siempre en sombra, un recurso que podría resultar esencial para sostener futuras misiones tripuladas.
“La región del polo sur lunar ofrece recursos aprovechables para la exploración porque el Sol nunca sale ni se pone del todo, sino que roza el horizonte”, explica el científico jefe de exploración de la NASA, Jacob Bleacher.
El agua podría destinarse al consumo de los astronautas, pero también descomponerse para obtener oxígeno respirable e hidrógeno utilizable como combustible. Aprovechar los recursos disponibles permitiría reducir la cantidad de suministros enviados desde la Tierra y facilitar estancias más largas. Sin embargo, todavía quedan incógnitas importantes. Aunque se ha confirmado la existencia de hielo superficial, se desconoce su volumen, cómo está distribuido, en qué condiciones se conserva y qué materiales aparecen mezclados con él.
DOS ALUNIZAJES EN 2028
El programa Artemis deberá ayudar a resolver estas preguntas. La NASA prevé que Artemis IV realice el primer alunizaje tripulado de esta nueva etapa a comienzos de 2028 y programa una segunda misión a la superficie, Artemis V, para finales del mismo año.
La agencia estadounidense también proyecta construir por fases una base cerca del polo sur y trabaja junto al Departamento de Energía en el desarrollo de un reactor nuclear que pueda proporcionar electricidad de manera continua en la superficie lunar a partir de 2030.
ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA
La región combina zonas con periodos prolongados de iluminación, favorables para obtener energía solar, y cráteres que nunca reciben directamente la luz del Sol. En estos últimos, con temperaturas que pueden rondar los 203 grados bajo cero, el hielo y otros compuestos volátiles han podido conservarse durante miles de millones de años.
Estos depósitos también guardan información científica. Su análisis puede aportar pistas sobre el origen y la distribución del agua en el sistema solar interior, así como sobre procesos antiguos que en la Tierra quedaron borrados por el clima y la tectónica de placas.
Las mismas condiciones que protegen el hielo complican las operaciones. La oscuridad, las temperaturas extremas y unas noches que pueden prolongarse durante aproximadamente dos semanas terrestres obligarán a desarrollar sistemas capaces de mantener con vida a los astronautas y proteger los equipos.
La Luna será así un campo de pruebas para expediciones más lejanas. “Hay técnicas de exploración clave que necesitamos perfeccionar antes de enviar astronautas a Marte”, señala Bleacher. Para conseguirlo, añade, los futuros exploradores deberán aprender a vivir utilizando los recursos del lugar.