Actualizado hace 4 minutos
El pasado 12 de agosto, Durango se vistió de luto para despedir a una de sus figuras más queridas e influyentes: Miguel Piedra. Con su fallecimiento desaparece uno de los grandes precursores y pilares fundamentales de la cesta punta profesional en Euskadi. Tras toda una vida volcada en la gestión deportiva, el fomento de la cantera, la cultura y el compromiso social con su municipio, la marcha de Piedra deja un vacío imborrable. Aunque llevaba años retirado de la primera línea pública, su valioso legado permanece grabado en la memoria colectiva de una villa que, gracias a su empuje y al de su familia, llegó a situarse en el epicentro mundial de la pelota vasca.
La historia moderna de la cesta punta en el País Vasco resulta incomprensible sin el apellido Piedra. Hasta mediados del siglo XX, la actividad profesional en los frontones vascos era casi testimonial, reducida a los breves periodos estivales en los que un puñado de puntistas regresaba de hacer las Américas. Todo dio un giro radical el 13 de junio de 1957. En esa fecha clave, el patriarca de la saga, Miguel Piedra García, dio un paso al frente y comenzó a programar carteleras de primer nivel de forma estable en el Ezkurdi Jai Alai de Durango.
Tras la muerte del progenitor en 1966, fue su hijo Miguel quien tomó con firmeza las riendas de la empresa junto a su hermano Javier. Bajo su batuta, la cesta punta profesional conquistó cotas insólitas de popularidad. Los hermanos Piedra lograron la hazaña histórica de organizar hasta 351 festivales en un único año en el Ezkurdi, con dobles sesiones diarias de mañana y tarde. Aquella efervescencia transformó la cancha durangarra en un bullicio ininterrumpido de aficionados. La repercusión fue tal que la prensa de la época llegó a calificar la programación como una auténtica «avalancha de partidos de cesta punta», consagrando al recinto como la indiscutible «Meca y Eldorado» de la modalidad.
Reforma en el frontón
Con la ambición de mantener a Durango en la cumbre, los hermanos Piedra acometieron en 1970 una profunda reforma integral del Ezkurdi. Renovaron el frontis con bloque de granito de alta densidad, instalaron cómodas localidades, incorporaron sistemas de calefacción e implantaron un vanguardista alumbrado. El recinto quedó a la altura de las mayores catedrales deportivas.
Sin embargo, el triunfo empresarial de Miguel corrió en paralelo a su entrega a la base. Fundador y presidente de la Escuela de Cesta Punta de Durango hasta 1990, su visión promovió la formación de las jóvenes promesas. Gracias a ese esfuerzo sostenido, más de 130 pelotaris durangarras dieron el salto al profesionalismo, exportando el nombre de la villa por las canchas más prestigiosas del planeta, desde Estados Unidos hasta México o Filipinas.
El dinamismo de Miguel Piedra no se agotaba en la cancha. Amante de la cultura y devoto de su pueblo, asumió durante décadas la gestión del emblemático Cine Zugaza de Durango desde 1986 hasta 2004. Durante más de tres décadas, organizó y promovió un festival benéfico anual a favor del Santo Hospital de Durango. Su figura encarnó el espíritu de una época en la que la pasión y el trabajo incansable consiguieron proyectar a un pueblo hacia el mapa internacional.