Vida y estilo

El error que se repite en desayunos y meriendas infantiles y cómo corregirlo

Los cereales azucarados, las galletas y los zumos forman parte de la rutina de muchos niños, pero existen alternativas sencillas para mejorar su alimentación desde pequeños
Niños toman un vaso de leche con galletas. / Magnific

El vaso de leche con cacao, los cereales de colores, las galletas para llevar al colegio o el zumo de media mañana son opciones habituales en la alimentación de muchos niños. El problema no está en consumir un producto concreto de manera puntual, sino en que algunos de estos alimentos se repitan a diario y acaben desplazando a otros más nutritivos. Revisar las rutinas del desayuno y la merienda es, por tanto, una forma sencilla de mejorar la alimentación infantil.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda priorizar alimentos como la fruta fresca, los cereales integrales y los lácteos naturales sin azúcar añadido, y evitar que las galletas, la bollería, los cereales azucarados y otras opciones ultraprocesadas se conviertan en habituales. No se trata de prohibir alimentos ni de generar preocupación en las familias, sino de prestar atención a lo que se ofrece con más frecuencia.

El azúcar que se acumula sin darse cuenta

Uno de los errores más comunes es pensar únicamente en el azúcar que se añade al café, la leche o los postres, sin reparar en el que ya contienen muchos productos preparados. Los cereales de desayuno, las bebidas de cacao, los yogures de sabores, las galletas y los zumos pueden aportar cantidades importantes de azúcares libres, que también incluyen los presentes en la miel, los siropes y los zumos de frutas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja limitar su consumo durante toda la vida. En la infancia, además, cuidar estos hábitos contribuye a prevenir problemas como la caries dental. Por eso, conviene revisar las etiquetas y comprobar la lista de ingredientes, en lugar de guiarse únicamente por el aspecto del envase o por mensajes como "infantil" o "con cereales".

Niños desayunan cereales. Magnific

Ocho cambios sencillos para mejorar desayunos y meriendas

La solución no pasa por complicar las comidas ni por preparar recetas elaboradas cada mañana. A menudo, basta con introducir pequeñas sustituciones en los productos que se consumen habitualmente.

Ainhoa, enfermera pediátrica detrás de la cuenta de Instagram @enfermeradebebes, plantea precisamente esta idea en una de sus publicaciones: el objetivo es revisar lo que se repite cada día y hacer cambios progresivos. Entre las alternativas que propone figuran estas opciones:

  • Cereales azucarados por avena o cereales sin azúcar añadido. Pueden acompañarse de leche o prepararse en forma de gachas.
  • Pan con crema de chocolate por pan integral con otros acompañamientos. Queso, hummus, aguacate o crema de frutos secos sin azúcar añadido son algunas posibilidades, adaptadas a la edad del niño.
  • Galletas industriales por alimentos sencillos. El pan integral o la fruta pueden ser alternativas prácticas para llevar.
  • Bebidas de cacao azucaradas por leche natural. Si cuesta aceptar el cambio, se puede reducir progresivamente el dulzor.
  • Bollería industrial por preparaciones caseras menos azucaradas. Conviene recordar que una receta casera también puede contener mucho azúcar.
  • Yogures de sabores por yogur natural. La fruta madura puede aportar dulzor sin necesidad de añadir azúcar.
  • Bolsitas de fruta por fruta entera adaptada a la edad. La textura debe ajustarse a las habilidades de masticación del pequeño.
  • Zumos industriales o caseros por fruta entera. Aunque el zumo sea natural, no equivale a comer la pieza completa.

Cambiar los hábitos sin forzar

Cuando un niño está acostumbrado a sabores muy dulces, una modificación brusca puede provocar rechazo. Por eso, introducir cambios poco a poco y ofrecer distintas opciones puede facilitar la adaptación. También ayuda que los adultos den ejemplo y que la comida se viva con naturalidad, sin utilizar los alimentos como premio o castigo.

La AESAN recuerda que, desde el primer año, el desayuno y la merienda pueden combinar alimentos como pan integral, fruta fresca, leche o yogur natural y otras opciones nutritivas. Las cantidades y las texturas deben adaptarse a cada etapa. En los bebés menores de doce meses, además, es necesario seguir las recomendaciones específicas de alimentación complementaria.

La clave no es conseguir que los niños coman perfecto cada día, sino construir una rutina variada en la que los productos azucarados dejen de ocupar un lugar habitual. Pequeños cambios mantenidos en el tiempo pueden ayudar a mejorar la calidad de su alimentación.

25/10/2026