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Karlos Arguiñano ha compartido en su cuenta de Instagram un sencillo truco para mejorar la textura de la cebolla cuando se utiliza en crudo. La técnica, pensada especialmente para preparar una vinagreta, consiste en cortar la cebolleta en juliana fina y sumergirla en agua con hielo antes de usarla.
En el vídeo, el cocinero introduce el consejo de forma directa: “Unos hielos. Agua, unos hielos con agua”, señala mientras prepara un bol. Acto seguido, explica el siguiente paso: “Aquí vamos a meter la cebolleta roja en juliana fina”.
El paso clave
Arguiñano insiste en que el corte es fundamental para lograr el resultado deseado. “Cortamos en juliana fina, así, finita, finita”, recalca mientras muestra cómo debe quedar la cebolla. Este tipo de corte, en tiras delgadas y alargadas, facilita que la textura sea más agradable al paladar y que se integre mejor en aliños y ensaladas.
El chef anticipa la duda de quienes ven el vídeo y explica el objetivo del proceso: “Y diréis, ¿para qué? Para que quede crujiente, crujiente, luego, a la hora de hacer la vinagreta”. Según detalla, el contraste de temperatura ayuda a que la cebolla gane firmeza.
Agua con hielo para potenciar la textura
Una vez cortada, la cebolleta se introduce directamente en el recipiente preparado con agua y hielo. “Ponemos, mirad, así, la cebolla entera, cebolleta, en el agua con el hielo. Ahí”, comenta mientras realiza el gesto.
“Eso es, para que luego quede crujiente”, resume. El contacto con el agua muy fría hace que las fibras de la cebolla se tensen, lo que aporta una sensación más firme al morderla. Además, este método puede suavizarla, algo útil cuando se va a consumir en crudo.
Manos de una chica cortando cebolla morada
Arguiñano subraya que el resultado es “súper interesante” especialmente “a la hora de hacer la vinagreta”. Una cebolla crujiente marca la diferencia en platos como ensaladas, tartares, pescados o verduras aliñadas, mejorando tanto la textura como la presentación del plato.
Un alimento básico
La cebolla es uno de los ingredientes más utilizados en la gastronomía diaria, tanto en la cocina tradicional como en la contemporánea. Presente en sofritos, guisos, ensaladas, vinagretas, tortillas o salsas, su versatilidad la convierte en una base imprescindible para aportar aroma, sabor y profundidad a numerosos platos. Desde la cocina mediterránea hasta la asiática o americana, la cebolla actúa como elemento estructural en recetas cotidianas, siendo un producto económico, accesible y fácil de conservar, lo que refuerza su papel protagonista en la alimentación doméstica.
En el plano nutricional, la cebolla destaca por su bajo contenido calórico y su aporte de vitaminas y antioxidantes. Está compuesta en gran parte por agua y contiene vitamina C, vitamina B6, ácido fólico y minerales como el potasio. Además, es rica en compuestos sulfurados y flavonoides como la quercetina, asociados a propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Su consumo habitual puede contribuir al buen funcionamiento del sistema cardiovascular y digestivo, gracias también a su contenido en fibra prebiótica, que favorece la salud de la microbiota intestinal.