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Catorce mil doscientos millones de euros. Esa es la descomunal cifra que las plataformas de 'streaming' desembolsarán globalmente a lo largo de este año para quedarse con los derechos de retransmisión deportiva.
En HBO Max, Prime Video y demás compañías se han dado cuenta de que les merece más la pena ofrecer un espectáculo que perdure en el tiempo, que una serie o película que se quede obsoleta en cuanto el espectador la consuma. Gran parte del negocio del entretenimiento ya no se basa en quién trae el blockbuster o la serie más adictiva, sino en la capacidad de ofrecer unas finales de la NBA o la Champions League.
Hasta hace bien poco, pensar en consumir deporte mediante suscripción y en 'streaming' era sinónimo de DAZN. La compañía creada en 2016 hizo una apuesta muy fuerte por llevarse toda la clientela que ya deseaba un cambio. Sin embargo, el panorama audiovisual ha dado un vuelco con la irrupción de las ‘'Big Tech': las plataformas de 'streaming' ya acaparan más del 21 % de la inversión global en derechos deportivos, superando la barrera de los 7.800 millones de euros anuales según los informes de la consultora Ampere Analysis, una cifra que no para de crecer.
La NBA revienta el mercado
En este nuevo orden mundial, Amazon Prime Video ha irrumpido con más fuerza que nunca a golpe de talonario y apostando por los eventos deportivos más demandados.
El gigante de Jeff Bezos se ha llevado la joya de la corona con el histórico nuevo contrato televisivo de la NBA. Un acuerdo a once años por el que Amazon desembolsará unos 1.650 millones de euros por temporada. Este movimiento se suma al pago de unos 920 millones de euros anuales por la exclusividad de la NFL y la compra de los codiciados derechos de la Champions League en mercados europeos clave como el Reino Unido, Alemania e Italia.
Al hablar de la estrategia de HBO Max, en lugar de cifras de inversión, lo que rige el mercado real son los porcentajes de volumen de horas, que es su verdadera baza comercial.
Frente a la estrategia de Amazon de comprar pocos eventos pero de un coste estratosférico, existe la táctica del bombardeo constante. En este lado se sitúa Max (la plataforma heredera de HBO bajo el paraguas de Warner Bros. Discovery), que ha decidido apostar por el volumen absoluto para evitar a toda costa la fuga de suscriptores entre el final de una serie de éxito y el estreno de la siguiente.
Los últimos datos oficiales publicados por Gracenote -la división de inteligencia de contenidos de la consultora Nielsen- hablan de que el deporte ya representa el 5 % de todo el catálogo global de las plataformas bajo demanda, y HBO Max se ha erigido como el líder indiscutible en cantidad de horas de emisión.
La plataforma concentra el 35 % de toda la programación deportiva disponible en el mercado audiovisual generalista, muy por delante del 25 % que ostenta Prime Video o el 16 % de Netflix. Si analizamos la métrica del evento individual (es decir, la cantidad exacta de partidos, carreras o torneos retransmitidos), su dominio es aún más abrumador: Max aglutina el 42 % de todos los eventos deportivos en directo.
Los usuarios ahora tienen acceso a miles de horas de competiciones que cubren desde los Grand Slams de tenis -solo durante Roland-Garros llegan a ofrecer cerca de 900 partidos en directo- hasta las grandes vueltas ciclistas como el Giro de Italia o el Tour de Francia, pasando por el Mundial de Snooker.
El gran perjudicado de todo esto, una vez más, es el espectador. La fragmentación de derechos ha provocado que los usuarios tengan que estar suscritos a diferentes plataformas para poder seguir el deporte que les guste. Por no hablar de que las gigantescas inversiones de estas plataformas obligatoriamente están financiadas con publicidad, lastrando así la experiencia del consumidor.