El regreso de Conor McGregor terminó casi antes de empezar. Cinco años después de su última aparición en la UFC, el peleador irlandés apenas pudo completar un minuto de combate frente a Max Holloway antes de que una lesión en su rodilla derecha echara por tierra uno de los acontecimientos más esperados del año en las artes marciales mixtas. El desenlace fue tan inesperado como cruel o decepcionante para el espectáculo. Una acción explosiva en los primeros compases liquidó a The Notorious, que era incapaz de sostenerse sobre su pierna derecha y con el árbitro obligado a detener la pelea, otorgando la victoria por nocaut técnico al hawaiano.
La escena dejó en silencio el escenario del T-Mobile Arena de Las Vegas. McGregor había regresado después de un lustro marcado por lesiones, los aplazamientos y una larga ausencia que dejaba en cuestión su retorno. El excampeón de dos divisiones de la UFC trataba de demostrar que todavía podía formar parte de la élite, pero su cuerpo volvió a interponerse en el camino. Tras lanzar una patada en los primeros segundos del combate, concretamente a los tres segundos, apoyó mal la pierna derecha y comenzó a perder equilibrio. Holloway apenas necesitó conectar unos golpes antes de darse cuenta de que su rival no podía continuar e incluso pidió al árbitro que detuviera la pelea.
"Estoy destruido"
Las imágenes alimentaron rápidamente las especulaciones sobre una posible lesión previa al combate, pero el propio McGregor se encargó de desmentirlo. En un mensaje publicado en las redes sociales, el irlandés aseguró que había completado el entrenamiento sin contratiempos y que la lesión apareció de forma repentina en los compases inaugurales de la pelea.
“Se me ha fundido el motor. Estoy destruido. No tenía ninguna lesión antes de la pelea. Estuve lanzando patadas, apoyando y saltando durante todo el campamento y también en el calentamiento. Esto salió de la nada. Solo puedo describirlo como el infierno”, escribió McGregor.
Sus palabras fueron el reflejo del golpe anímico que supone para su carrera deportiva, en esa nueva búsqueda de protagonismo. Desde la fractura de tibia y peroné sufrida frente a Dustin Poirier en 2021, McGregor había encadenado años de incertidumbre, retrasos en su regreso y constantes dudas sobre su futuro. Cuando parecía haber dejado atrás un calvario, la fortuna volvió a darle la espalda.
¿Rotura de ligamento cruzado?
A falta de las pruebas médicas definitivas, el presidente de la UFC, Dana White, avanzó una posibilidad poco alentadora. “Creemos que podría tratarse de una rotura del ligamento cruzado anterior. Los médicos opinan lo mismo”, declaró después del evento.
Si se confirman las sospechas, el horizonte del irlandés volvería a oscurecerse, ya que para comenzar podría permanecer cerca de un año apartado del octágono, un plazo demasiado prolongado para un luchador de 37 años que ya acumula varias lesiones graves en el ocaso de su carrera.
La derrota también dejó en el aire la capacidad real de McGregor. El combate apenas dio margen para obtener alguna conclusión. La revancha frente a Holloway, al que había derrotado por decisión unánime en 2013 cuando ambos comenzaban su camino en la compañía, quedó reducida a una secuencia de poco más de un minuto que se agotó con la imagen de un campeón derrotado, de nuevo, por su propio cuerpo. Una imagen decepcionante de cara al público que aguardaba el regreso del luchador más mediático de la UFC.