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El caso Lindsay Clancy divide a EE.UU.: un jurado decide si comprendía el horror de sus actos

Cientos de mujeres vestidas de rosa sostienen que “necesitaba ayuda”, mientras otras voces alertan de que la empatía puede relegar a sus tres hijos y diluir la responsabilidad penal
Imagen del documental de Prime Video sobre el caso de Lindsay Clancy.
Imagen del documental de Prime Video sobre el caso de Lindsay Clancy. / Prime

Actualizado hace 6 minutos

Cientos de mujeres vestidas de rosa permanecieron en silencio durante más de una hora ante el Tribunal Superior de Plymouth, en Massachusetts. En sus camisetas podían leerse mensajes como “She needed help” —“Necesitaba ayuda”—, “Believe” o “Peace for Lindsay”. Dentro del edificio, un jurado escuchaba las últimas declaraciones del proceso contra Lindsay Clancy, acusada de matar a sus tres hijos: Cora, de cinco años; Dawson, de tres, y Callan, de ocho meses.

La autoría de las muertes no constituye el centro de la discusión. La defensa reconoce que Clancy estranguló a los niños el 24 de enero de 2023, mientras su entonces marido había salido a comprar un medicamento y recoger la cena. Cora y Dawson murieron aquella noche; Callan fue trasladado al Boston Children’s Hospital y falleció tres días después, el 27 de enero. Clancy trató después de quitarse la vida y saltó desde una ventana, una caída que le provocó una lesión medular. La pregunta que divide al tribunal y a buena parte de Estados Unidos es otra: ¿comprendía lo que estaba haciendo?

Un juicio en su recta final

El proceso comenzó el 27 de julio de 2026 y, después de casi cinco semanas y decenas de testimonios, ha entrado en su fase definitiva. La defensa ya cerró su turno y la acusación ha presentado a sus últimos peritos para rebatir el diagnóstico de psicosis posparto. Está previsto que los alegatos finales se celebren este jueves 27 de agosto y que el jurado comience a deliberar el viernes 28.

Clancy, de 36 años, se ha declarado no culpable de tres cargos de asesinato y otros tres de estrangulamiento. Si es declarada culpable de asesinato en primer grado, podría ser condenada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Si el jurado concluye que no era penalmente responsable debido a una enfermedad mental, no quedaría simplemente en libertad: podría ser internada en un hospital psiquiátrico estatal. El veredicto no decidirá si estaba enferma —un extremo que prácticamente nadie discute—, sino si aquella enfermedad anuló su capacidad para comprender o controlar sus actos.

“Podría habernos ocurrido a cualquiera”

Unas 300 personas, en su mayoría mujeres, participaron el pasado 20 de agosto en la movilización rosa. Su organizadora, Renee Kimball, explicó que muchas asistentes se reconocían en el miedo, la ansiedad, la depresión o el agotamiento posteriores al parto. “Creo que todas pensamos que podría ser cualquiera de nosotras. Cualquiera que haya lidiado con problemas de salud mental, ansiedad, depresión o posparto podría estar sentada en su silla”, sostuvo.

La frase “Yo podría haber sido Lindsay” se ha extendido también por entrevistas, pódcast y redes sociales. Meghan Cliffel, superviviente de una psicosis posparto, la utilizó para describir hasta qué punto perdió el contacto con la realidad. Otras madres no han sufrido una psicosis, pero se identifican con la falta de sueño, los pensamientos intrusivos o la sensación de pedir ayuda sin ser escuchadas.

Los registros expuestos durante el juicio acreditan que Clancy buscó asistencia repetidamente. Consultó con distintos profesionales, acudió a urgencias y llamó dos veces a una línea de prevención del suicidio. El 1 de enero de 2023 ingresó voluntariamente en el McLean Hospital, donde fue diagnosticada de depresión mayor grave sin síntomas psicóticos. Recibió el alta el día 5, solo 19 días antes de las muertes. En los cuatro meses anteriores había probado distintos tratamientos para la ansiedad, la depresión y el insomnio.

Sin embargo, que estuviera enferma no resuelve por sí solo la cuestión penal. Los profesionales que la atendieron antes de los hechos documentaron un grave deterioro emocional, pero no observaron alucinaciones, delirios ni otros signos claros de psicosis. El día anterior, Clancy dijo sentirse entumecida y sin motivación, aunque negó tener pensamientos suicidas u homicidas.

Una voz y dos interpretaciones

La defensa sostiene que padecía una psicosis posparto y que una voz masculina le ordenó matar a sus hijos y después suicidarse. Sus peritos consideran que actuó dentro de una realidad delirante y que no podía comprender la ilicitud de sus actos ni controlar su conducta.

Los especialistas de la acusación aceptan que sufría una enfermedad mental, pero rechazan que esta anulara sus capacidades. Subrayan que Clancy no comunicó haber escuchado aquella voz hasta después de las muertes y que sus relatos presentan diferencias sobre el momento en que comenzó. Uno de sus peritos, el psicólogo forense Kirk Heilbrun, calculó que la supuesta alucinación se habría prolongado durante apenas 18 minutos, una duración que calificó de “muy, muy inusual”. También consideran que Clancy actuó de manera organizada para quedarse sola con los niños.

No es cansancio ni depresión

La psicosis posparto afecta aproximadamente a una o dos mujeres por cada 1.000 partos y suele comenzar de forma brusca durante los primeros días o semanas. Puede provocar delirios, alucinaciones, confusión, paranoia, manía, cambios radicales de conducta o la convicción de que no se necesita dormir. Es una emergencia psiquiátrica y requiere una valoración inmediata.

No debe confundirse con la depresión posparto ni con los pensamientos intrusivos. Una madre puede imaginar involuntariamente que su bebé sufre un accidente y sentir un miedo profundo precisamente porque no desea que ocurra. Pensar algo no significa querer hacerlo. En la psicosis, en cambio, la persona puede llegar a considerar real un delirio o escuchar una voz inexistente.

Los episodios violentos son excepcionales. La inmensa mayoría de las mujeres con ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo o psicosis posparto no hace daño a sus hijos y, con tratamiento, la mayoría se recupera. Convertir el caso Clancy en representación de toda enfermedad mental materna solo aumentaría el estigma y podría dificultar que otras mujeres pidieran ayuda.

El caso presenta, además, una particularidad: Callan tenía ocho meses. La psicosis posparto aparece habitualmente mucho antes. La defensa argumenta que el episodio pudo irrumpir de manera tardía y repentina; la acusación considera que tanto el momento como los síntomas relatados resultan atípicos.

¿Dónde quedan los niños?

Frente a las camisetas rosas ha crecido otra reacción. Sus críticos preguntan si la identificación con Clancy está relegando a Cora, Dawson y Callan, los únicos que no tuvieron capacidad de elegir. Una periodista trasladó esa cuestión al abogado defensor, Kevin Reddington, que se marchó sin responder.

La fractura no separa necesariamente a quienes creen en la salud mental de quienes la niegan. Es posible reconocer que Clancy sufría, que pidió ayuda y que el sistema pudo fallar, y aun así preguntarse si conservaba responsabilidad penal. También es posible recordar a los niños sin presentar la enfermedad como una excusa inventada.

En el Estado español, el Código Penal establece una frontera semejante. Una alteración psíquica puede eximir de responsabilidad cuando impide comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión. La absolución no supone necesariamente quedar en libertad: el tribunal puede ordenar el internamiento en un centro psiquiátrico. Si la capacidad estaba afectada, pero no anulada, la enfermedad puede operar como eximente incompleta y reducir la pena.

Fuera del tribunal, unas mujeres levantan corazones con las manos; en las redes, otras voces reclaman que los tres niños no desaparezcan detrás del rosa. Dentro, el jurado afronta una pregunta mucho más estrecha y difícil: no si Lindsay Clancy sufría, sino si, cuando su mente se rompió —si realmente se rompió—, todavía podía comprender lo que hacía.

2026-08-26T12:39:29+02:00
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