El caserío Landaburu es uno de los más conocidos y fotografiados de Zumarraga, pues es muy bonito y se ve de maravilla desde el lugar más visitado del pueblo (la ermita de La Antigua). Desde La Antigua el caserío es muy bonito, pero de cerca luce aún más. No en vano, las vistas son maravillosas. Se ven Txindoki, Aizkorri y la ermita. Por si fuera poco, Lourdes Etxaniz y Fermín Goenaga han convertido Landaburu en un jardín botánico.
Etxaniz se aficionó a las flores de la mano de su madre María Luisa Aranburu (nacida en el caserío Arizti, muy cerca de Landaburu). “A la ama le gustaban mucho las flores y, mientras pudo, cuido de ellas. En la huerta de casa siempre he conocido flores: claveles, calas, gladiolos, rosas... Delante de casa también solía tener flores: geranios, pendientes de la reina... A mí también me gustaba ese mundo, una flor te lleva a otra... y hoy en día tenemos muchas en el camino al caserío y alrededor de él. Tengo que decir que mantengo los pendientes de la reina de mi madre”.
Cientos de macetas
Aprendió con ella mucho de lo que sabe y después ha ido profundizando en sus conocimientos a base de hacer pruebas, plantar nuevas variedades... Tienen cientos de macetas. Incluso utilizan zapatos y botas viejas como tiestos. Algunos de ellos embellecen el camino de entrada a Landaburu.
Predominan los geranios, las begonias y los pendientes de la reina. “Son las flores más apropiadas para este entorno. Las más fáciles de cuidar. Los geranios son muy duros. Llegan a florecer hasta en invierno”.