Gipuzkoa

“Cuando te jubilas, hay que hacer cosas, todo lo que te haga feliz”

La pintora Mary Franco, antes dos de sus cuadros.
La pintora Mary Franco, antes dos de sus cuadros. / Asier Zaldua

Actualizado hace 8 minutos

Mary Franco es una mujer muy conocida en Urola Garaia, tanto por su faceta de pintora como por su trabajo en el teatro. Fue miembro del grupo de teatro Karmakros y en la actualidad es integrante del grupo de teatro del hogar del jubilado de Zumarraga.

¿Dónde nació?

Nací en 1946 en San Martín de Trevejo, Cáceres. Está en la sierra de Gata. En la posguerra, mi padre vino a trabajar a la empresa Irimo de Urretxu. Aparicio, el dueño de la empresa, hizo unas casas en la calle Iparragirre de Urretxu y pasé mi infancia allí. Me trajeron con 3 años.

¿Cómo fue su infancia?

Todo iba bien, hasta que mi padre se puso enfermo. Murió con 47 años. Eran cuatro hermanos. Sabían leer y escribir y cuando acababan su trabajo de jornaleros enseñaban a leer y a escribir a sus vecinos. Ese fue su pecado. En la guerra, se los llevaron. A mi abuelo y a un tío lo mataron. Mi padre y sus hermanos estuvieron casi ocho años encarcelados en el fuerte de San Cristóbal, en Pamplona.

¿Ha estado alguna vez allí?

No me atrevía a ir, pero acabé yendo. Fue durante la pandemia. Fui con mi hermana. No se vio todo lo que lloramos, porque llevábamos gafas. Lo que vi era peor de lo que había oído. Posteriormente volví con mi hija, que es antropóloga y socióloga. Cada vez quedamos menos hijos de los que estuvieron allí. Las visitas son guiadas y viene gente de Puertollano, Granada… de toda España. En la despedida le di un abrazo a un señor: “Le voy a dar un abrazo. Creo que en algún momento su padre y mi padre estuvieron juntos”, le dije. Cogí una piedra del suelo de recuerdo y no volveré.

Su padre murió por las penurias pasadas en la cárcel.

Así es. Salió mal de la cárcel, con problemas en el estómago, pues vivían en muy malas condiciones: mala alimentación, hacinamiento, miedo a lo que fueran a hacer con ellos... Estamos muy agradecidas al doctor Oñatibia. Vivíamos al lado y cuando mi padre se puso muy mal nos ayudó todo lo que pudo.

¿Cómo salieron adelante?

Mi padre era inteligente y sabía lo que le venía. Consiguió que Aparicio le prometiera que me contrataría cuando cumpliera 14 años. En aquella época no había ayudas y eso nos ayudó a salir adelante. El párroco, Don Nicolás, también nos ayudó mucho. Mi padre no era de ir a la iglesia, pero nos dijo que nos enseñaría lo que le enseñaron sus padres. Poco antes de morir él, mi hermano hizo la comunión y mi padre se alegró porque pudo darnos lo que a él le habían dado sus padres.

Empezó a trabajar siendo muy joven.

Con 13 años cuidé a un niño y con 14 empecé a trabajar en Irimo. Los profesores de Urretxu me adelantaron un año el examen del graduado para que no me quedara sin el título. También fui a la escuela nocturna. Después me casé con Daniel: ha sido la lotería de mi vida. Tuvimos dos hijos. Compré la casa estando soltera y después Daniel me ayudó a pagarla.

¿Cuándo se jubiló?

Cuando Irimo trasladó parte de la producción a Vitoria, cogí la indemnización. Quería ser madre otra vez, necesitaba estar en casa, y aproveché la oportunidad. Después me llamaron del Ayuntamiento para que me encargara de las exposiciones de la sala Itarte y trabajé en ello durante unos 10 años. Me jubilé con 61 años.

Es conocida por su faceta artística.

Con cuarenta y pico años, cuando los hijos se empezaban a arreglar solos, decidí hacer lo que me gustaba de niña: dibujar.

También hace teatro.

Cuando me jubilé, pensé en qué me quedaba por hacer en esta vida y decidí hacer teatro. Era algo que tenía pendiente. Cuando era pequeña, en las casas de Irimo, hacía teatro para los vecinos del portal. Teníamos una maleta pequeña de madera, la llenaba de zapatos y hacía el tonto: se me caían todos los zapatos, cogía uno y hablaba con él… Todos se reían mucho. Terminaba cantando ¡Ay pena, penita, pena!, que entonces se escuchaba mucho en la radio.

Durante muchos años fue miembro del grupo de teatro Karmakros de Urretxu y Zumarraga.

Fui a informarme y pensaron que no volvería. Pero cuando llegó el día del ensayo, llegué la primera. Era la mayor de todos, pero nunca tuve ningún problema. Solo recibí cariño. Cuando desapareció Karmakros porque la gente no se animaba a entrar en el grupo, fue una pena, me fui a Irri Makila, el grupo de los jubilados. Estoy encantada.

También trabaja en el grupo de teatro del colegio La Salle-Legazpi.

Y en Barbadillo de Herreros, el pueblo de Daniel, preparo una obra de teatro todos los veranos. Yo escribo la obra y los jóvenes del pueblo la interpretan. Todos los años se llena la plaza para ver el teatro.

Está jubilada, pero es más activa que muchos trabajadores.

Cuando te llega la jubilación, tienes que vivir lo que no has podido vivir antes. Yo no pude viajar mucho, pues tuvimos a mi suegro y a mi cuñado en casa. Estamos muy orgullosos de lo que hicimos. Ahora que estamos libres, hacemos más cosas. Todos los años hago un viaje con las que fueron mis compañeras de trabajo. Hemos estado en París, Londres, Italia, las islas, Madrid, Barcelona... Cuando te jubilas, hay que vivir. Hay que intentar hacer cosas. Lo que te haga feliz. Yo siempre tengo la agenda llena. Si estás bien, tienes que moverte.

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2026-06-20T05:40:10+02:00
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