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El bingo de jubilados en Euskadi, ¿una actividad de competencia desleal?

El juego de 20 céntimos el cartón que enfrenta a personas mayores, salones de juego y políticos en el Parlamento Vasco
Varios cartones de Bingo. / Freepik

Lo que en Santutxu era una tarde tranquila de bingo social a veinte céntimos el cartón acabó convirtiéndose en un pequeño terremoto en el barrio cuando la Ertzaintza irrumpió en el hogar de jubilados para advertir de posibles multas de hasta 60.000 euros. La partida se quedó en suspenso, pero el debate no. Aquel episodio ha terminado escalando hasta el Parlamento Vasco, donde se plantea cambiar la ley del Juego en Euskadi para que actividades como esta puedan seguir siendo lo que han sido siempre: una excusa para socializar, convivir y pasar el rato sin sobresaltos.

Para tratar de ordenar un debate que había pasado de las salas de juego a los centros sociales, este lunes comparecieron en la comisión parlamentaria distintos agentes implicados en la reforma de la ley del Juego en Euskadi, con posiciones que siguieron bastante alejadas. El portavoz de la Asociación de Bingos de Euskadi, Pedro Jiménez, defendió que la práctica del bingo en centros de mayores suponía “competencia desleal” para el sector, en un momento en el que los salones de juego atravesaban dificultades por el auge del juego digital entre los más jóvenes y del que dependían entre 300 y 400 empleos en Euskadi. “Tenemos la misma y la única clientela”, resumió Jiménez, aludiendo a unas personas jubiladas que, en su mayoría, sostenían un negocio “en crisis” y muy concentrado en un perfil de usuario muy concreto.

Debate abierto sobre el bingo social en centros de mayores

En el otro lado del tapete en esta partida, las propias protagonistas del bingo social en centros de mayores defendieron con firmeza la continuidad de la actividad. La presidenta del centro de Santutxu, Iluminada Rosa Raimundo, trasladó a los parlamentarios —a los que recordó con ironía que también irían cumpliendo años— que prohibir el bingo social era “un error”. “¿Una multa de 60.000 euros por 20 céntimos? ¿Dónde tenemos ese dinero? Me quedo anonadada”, señaló, antes de subrayar que estas partidas no eran solo un juego, sino una puerta de entrada a otras actividades y un punto de encuentro para personas mayores, especialmente importante para muchas mujeres que acuden a los centros tras enviudar.

Bolas de Bingo. Europa Press

Con los datos en la mano, no le falta mucha razón a Iluminada Rosa. Más del 60 % de las asociaciones de mayores en Euskadi incluyen entre sus actividades el conocido como bingo social, una iniciativa feminizada y arraigada que aporta socialización y enciende en este colectivo la “chispa” que supone ganar apenas 40 céntimos a la banca.

Incluso el presidente de la asociación de pensionistas Las Cuatro Torres de Araba, Luis Carlos Matías, insistió en que actividades como la prohibida en Santutxu suponen un beneficio social y una “grandeza” para los más mayores. “Necesitamos estar activos. Los mayores a casa solo para dormir”, reivindicó. En tono jocoso, añadió que “las personas mayores necesitamos la chispa de fastidiar veinte o cuarenta céntimos”, defendiendo estos espacios como lugares de convivencia, encuentro y rutina compartida. Eso sí, reconoció la necesidad de ajustar la regulación del juego, aunque insistió en que “quitarlo no” sería la solución.

Bajo la lupa del Observatorio Vasco de Juegos

Desde su atalaya estadística, el Observatorio Vasco de Juegos puso cifras a una práctica que ha quedado en el centro del debate tras el aviso al centro bilbaíno. Según explicó la técnica Iraide Fernández en la comisión, el estudio —encargado por el Gobierno Vasco— se ha elaborado en contacto con 168 de las 258 asociaciones de mayores que operan en Euskadi, y confirma que el fenómeno del bingo social está muy extendido.

En concreto, el 63,1 % de estas asociaciones ofrece o ha ofrecido bingo social, mientras que un 13,5 % ha optado por aparcarlo en los últimos meses por temor a posibles sanciones. Se trata de una práctica extendida, con una implantación desigual por territorios: 25% en Araba, 42 % en Bizkaia y hasta 71,2 % en Gipuzkoa.

El estudio añade además que en casi la mitad de los centros el bingo social se celebra una vez por semana, con sesiones de unas dos horas y una media de unos 50 participantes. En el 80 % de los casos convive con otras actividades como baile, gimnasia o talleres. En cuanto a su funcionamiento, en el 71 % de los espacios se juega con pequeñas cantidades de dinero —unos veinte céntimos por cartón—, un detalle que, según el informe, actúa como “plus de motivación”, ya que el 76 % de los usuarios reconoce que sin esa pequeña apuesta no participaría.

A partir de estos datos, Fernández concluyó que el riesgo de adicción al juego es muy bajo y destacó el valor del bingo social como espacio de encuentro feminizado y útil para combatir la soledad no deseada. Desde la fundación Gizakia, que trabaja en el ámbito de las adicciones en Bizkaia, también se subrayó que las personas mayores de 65 años no presentan conductas de juego problemático y que estas actividades tienen efectos positivos en la estimulación cognitiva, la memoria y la socialización.

08/06/2026