A pesar de haber finalizado el curso escolar, las clases radiofónicas de Laura Matemáticas continúan en Las mañanas de Onda Vasca. En esta ocasión, Laura ha querido profundizar en el funcionamiento de las ilusiones ópticas y las figuras imposibles, coincidiendo con el aniversario del nacimiento del célebre artista neerlandés Maurits Cornelis Escher. Al analizar cómo es posible dibujar una escalera infinita que parece ascender continuamente pero regresa al punto de partida, Laura explica: "El dibujo aprovecha que el papel tiene solo dos dimensiones para conectar caminos que en el mundo real tridimensional serían incompatibles".
Este tipo de paradojas visuales se sustentan en la manera en que los seres humanos procesamos la información sensorial. Según ha detallado nuestra 'profe', "nuestro cerebro, como vivimos en un mundo tridimensional, automáticamente piensa en el volumen y lo busca" en superficies que en realidad son completamente planas. A nivel matemático, la geometría del plano facilita el trazado de las esquinas de los peldaños con ángulos perfectos si se examinan de forma local, pero altera las distancias de la profundidad de manera global. El propio Escher desarrolló su obra combinando las matemáticas con la observación de la naturaleza, una pasión que heredó de su hermano geólogo -quien le mostró la simetría de los cristales y minerales- y que posteriormente perfeccionó tras visitar la Alhambra de Granada.
A partir de este método para cubrir superficies sin dejar espacios vacíos, conocido en el ámbito matemático como "teselación", Laura ha lanzado un nuevo reto de observación. Dado que la naturaleza es la diseñadora más antigua del mundo, ha invitado a la audiencia a prestar atención a su entorno y pensar cuál de los siguientes escenarios utiliza un patrón matemático similar a las teselas y cristales: la arquitectura de un panal de abejas, las grietas del barro cuando se seca al sol, o la estructura de las hojas de un helecho. Recuerda, las matemáticas no son solo para lo que sirven, sino todo lo que no existiría sin ellas, incluso las figuras imposibles de Escher.