Desde el año 2021, la Inteligencia Artificial tiene su propio día en el calendario. Ese día es el 16 de julio. Una jornada que, a diferencia de otras efemérides, no se instauró a iniciativa de una organización como Naciones Unidas, sino que nació en su ámbito, el tecnológico. Y en él se mantiene, ya que aunque hablemos de un "día mundial de la inteligencia artificial", esta jornada no está en la lista de días internacionales de la ONU.
Fue hace cinco años cuando en el seno de la compañía estadounidense AI Heart LLC, especializada en IA, nació el AI Appreciation Day o Día de la Apreciación de la Inteligencia Artificial. Sus fundadores lo promovieron marcándose el objetivo de que la ciudadanía conociera una tecnología con un impacto creciente en todos los ámbitos y al mismo tiempo abrir un debate en torno tanto a sus potencialidades y aspectos positivos como a los desafíos que entonces planteaba.
Pero haciendo un poco de historia hay que remontarse mucho más atrás en el tiempo. En 1950, el matemático británico Alan Turing, cuyo trabajo durante la Segunda Guerra Mundial descifrando los códigos de la máquina Enigma de los nazis contribuyó a la victoria aliada, publicó un artículo en el que planteaba si las máquinas podían pensar. Y fue en 1956 cuando el término inteligencia artificial fue acuñado por primera vez por el científico John McCarthy cuando algunos de los grandes investigadores en la materia se reunieron en la conferencia de Dartmouth, en los Estados Unidos. Las siguientes décadas vieron como nacieron algunos programas dentro de unas grandes limitaciones pero no fue hasta los años 90 cuando se pudieron empezar a dar algunos pasos más en firme paralelamente al crecimiento de Internet. 1997 registró un hito importante cuando el superordenador Deep Blue de IBM consiguió vencer al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov.
Siguieron llegando pasos, a menudo limitados bien por la propia tecnología bien por la falta de inversiones hasta que con la llegada de esta década comenzó el despegue definitivo, la IA generativa comenzó a llegar a millones y millones de personas y la inversión empezó a multiplicarse hasta que, a día de hoy, las grandes tecnológicas invierten miles de millones anuales en el desarrollo de todo lo relativo con la inteligencia artificial.
Hoy, cinco años después del nacimiento de la efeméride, la IA ha crecido a un ritmo imparable, continúa por ese camino y los expertos consideran que no hay señal alguna de que se vaya a producir la más mínima desaceleración o ralentización en este proceso. Más bien al contrario. Lo que plantea la necesidad, y en esto también coinciden todos los estudiosos e investigadores, de que la formación en la materia de importantes pasos adelante. Tanto en el tejido empresarial como en la sociedad en general.
Este Día Mundial de la IA debe servir para que se abra una importante reflexión sobre otros aspectos relacionados con su uso y aplicación como la ética, la transparencia, la regulación, la privacidad, la seguridad y su impacto en el empleo, la educación, la sanidad o la creatividad.
Porque en medio de esta fulgurante carrera, se plantean innumerables preguntas, empezando por la de cómo ha conseguido la inteligencia artificial integrase de forma tan rápida en nuestra cotidianidad, cómo puede ayudarnos o de hecho nos ayuda en nuestro día a día, qué beneficios y también qué riesgos nos ofrece y plantea, qué pasos tendremos que dar para seguir adaptándonos a todo lo que está por venir. Esto como ciudadanos en general. Porque en el campo empresarial el reto es inmenso y cabe plantearse también cómo está ayudando la IA a mejorar la competitividad de las compañías, en qué están acertando y en qué cometiendo errores en la implantación de la IA en sus procesos o qué tendrán que priorizar en el futuro más inmediato.
La IA ha llegado para quedarse y lo que parecía una quimera es una realidad y está presente en todos los ámbitos de nuestra actividad diaria.