Verdadero o Falso

La desinformación científica desde las redes sociales e impulsada por la IA contamina la cotidianidad

Mientras el 70% de los bulos proceden de las redes sociales, la mayoría de los encuestados creen que las informaciones falsas provienen de los políticos, los influencers o la prensa
La desinformación científica y los bulos contaminan ya la mayoría de temas cotidianos
La desinformación científica y los bulos contaminan ya la mayoría de temas cotidianos / Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología

Actualizado hace 3 minutos

La extensión de las redes sociales y el rápido desarrollo de la inteligencia artificial han tenido y tienen una gran influencia en la información veraz y hay aspectos, como la ciencia, en donde la desinformación parece haber tomado carta de naturaleza no solamente en asuntos como el cambio climático sino también en otros más cotidianos como los relacionados con la salud o la nutrición.

Esta es la principal conclusión que se desprende del segundo estudio Desinformación científica en España realizado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología que ha sido codirigido por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad británica de Essex. Además de esa conclusión general, recoge también algo más alentador que es la confianza de los ciudadanos en los científicos en un 83% mientras que otros colectivos que manejan este tipo de informaciones, como los periodistas o los políticos, salen peor parados, con un grado de confianza del 31% y el 11,9%, respectivamente.

El informe concluye que desde el año 2022 la desinformación se ha convertido en algo normalizado. Llega a definirlo como un "ruido de fondo" que no se limita a conversaciones puntuales como las que surgieron en tiempos de pandemia en torno a la propia covid y a las vacunas sino que se ha extendido a asuntos más cotidianos como la nutrición y el bienestar (40%), el clima (36,2%) y la inteligencia artificial.

Celia Díaz Catalán, investigadora y profesora de sociología de la Universidad Complutense, apunta que "el cambio no es anecdótico, es un cambio de la naturaleza del fenómeno. Lo que vemos es que no hablamos ya de grandes complots, sino de informaciones que buscan alterar las rutinas cotidianas, desde qué comer hasta qué rutina seguir o qué complemento tomar". Esta afirmación se refrenda con el dato de que el 70% de las noticias falsas proceden de las redes sociales al ser reconocido como el canal más usado para informarse y que la ciudadanía reconoce, en gran cantidad, que esos bulos los transmiten tanto a través de mensajes privados como en conversaciones cara a cara.

La IA, principal movilizadora de estas tendencias

Pero paralelamente a este reconocimiento, es llamativo que más de la mitad de la población, un 51,5%, dice verse capacitado para conseguir detectar los bulos y al mismo tiempo son quienes más desinformación comparten y creen que el resto de la población no es capaz de controlar el fenómeno como ellos. Esto explicaría que casi un 64% de los encuestados reclame que sean los Gobiernos quienes tomen medidas para controlar la circulación de las informaciones falsas.

¿Por qué se comparten los bulos? El estudio señala a la creencia en conspiraciones y al populismo como reflejo de la desconfianza en los expertos. ¿Y de dónde provienen los bulos? La mayoría opina que de los políticos (57%), los creadores de contenido-influencers (54,5%), los políticos extranjeros (45,4%), los periodistas (45,6% y los denominados grupos de presión (40,4%).

Una buena "alfabetización" científica y mediática, como es citada en el informe, son los elementos que más protegen contra los bulos. Pero el informe advierte de que tener un alto nivel de educación no es ni mucho menos una garantía frente a la desinformación. Y pone el ejemplo de la falsa creencia de que los algoritmos de redes sociales únicamente muestran "lo que gusta".

Frente a todo esto, tampoco el uso de verificadores está extendido ya que solamente los usa un 14,6%.

Ante toda esta cantidad de datos que reflejan una realidad actual, el trabajo ha puesto un marcha un experimento para analizar lo que funciona y lo que no en el freno a los bulos. Algo tan sencillo como pedir a las personas que reflexionen sobre la credibilidad o no de una noticia antes de compartirla reducía de forma significativa la difusión de informaciones falsas mientras que si el planteamiento era el de pedir a las personas pensar en cómo le hace sentir una noticia resulta contraproducente para conseguir el efecto deseado.

Ante todo lo estudiado, los autores del informe concluyen que es necesario desarrollar la capacidad crítica de los ciudadanos frente al fenómeno de la desinformación, buscar estrategias para combatirlo e integrar el funcionamiento de la IA en la alfabetización mediática.

2026-07-10T17:55:52+02:00
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