Hay negocios en los que mirar demasiado lejos no es una opción, sino una necesidad. En el mundo del vino, todavía más: lo que hoy se planta puede tardar años en llegar a la copa. Esa particularidad obliga a combinar paciencia, estrategia y capacidad para adaptarse a un escenario que cambia a toda velocidad.
De todo ello hablamos en Onda Vasca desde Cenicero, en La Rioja, con David Losantos, director general de Marqués de Cáceres.
Un negocio que se piensa a diez años vista
Losantos explica que dirigir hoy una bodega exige tener siempre un ojo puesto en el largo plazo. Los vinos que se están preparando ahora pueden tardar diez o doce años en llegar al mercado, mientras que los hábitos de consumo, la situación geopolítica o las tendencias internacionales cambian mucho más deprisa.
La receta pasa, por tanto, por mantener el rumbo sin quedarse quietos: estrategia, pero también dinamismo.
Ese carácter internacional es una de las señas de identidad de Marqués de Cáceres. La compañía está presente en más de 140 países y, según explica su director general, el negocio internacional representa alrededor del 60 % de la actividad.
Y hay una curiosa vuelta de tuerca: el turismo internacional también acaba reforzando el mercado estatal.
"Con uva buena se pueden hacer vinos buenos y malos"
La conversación entra también en uno de los elementos menos visibles, pero fundamentales, de cualquier botella: la materia prima.
Losantos sitúa buena parte del trabajo de la compañía en el cuidado de los viñedos y en la relación con los viticultores. Y deja una frase que resume bien esa filosofía: con una buena uva se pueden hacer vinos buenos, pero también vinos malos; con una mala uva es imposible hacer un buen vino.
Una manera sencilla de recordar que antes de la etiqueta, del diseño o de la comercialización, todo empieza mucho más atrás.
Más internacional, más innovadora y más sostenible
¿Hacia dónde va el sector? Para el director general de Marqués de Cáceres, el futuro pasa por seguir creciendo en el exterior, pero también por innovar y adaptarse a los nuevos consumidores.
Y hay otro concepto que ocupa un lugar cada vez más importante: la sostenibilidad. Losantos defiende que no debe entenderse únicamente como una cuestión medioambiental, sino también como una responsabilidad con el entorno y con toda la cadena de valor.
En ese sentido, reivindica el papel que la actividad de la bodega ha tenido durante décadas en Cenicero y su entorno, contribuyendo a mantener y generar actividad económica en una zona con una tradición agrícola muy arraigada.
Más de medio siglo después, esa vinculación con el territorio sigue siendo uno de los motivos de orgullo que destaca el director general.
Una bodega, muchos vinos y muchos consumidores
La conversación termina hablando, inevitablemente, de vino. Marqués de Cáceres cuenta con un portafolio amplio, con referencias dirigidas a perfiles y bolsillos diferentes.
Pero Losantos prefiere no entrar en la batalla de los vinos "buenos" y "malos". Su criterio es bastante más sencillo: el buen vino es el que le gusta a quien se lo bebe.