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¿Dejarías tu casa a unos desconocidos para poder viajar gratis?

El intercambio de viviendas gana terreno como alternativa al hotel y sitúa a Euskadi entre los destinos más demandados, aunque el sistema también plantea dudas sobre los cobros, las garantías y su regulación
El intercambio de casas para viajar permite convertir una vivienda ajena en nuestro hogar durante unos días.
El intercambio de casas para viajar permite convertir una vivienda ajena en nuestro hogar durante unos días. / HomeExchange

Actualizado hace 6 minutos

Dejar las llaves en una caja del jardín, hacer hueco en los armarios y marcharse sabiendo que una familia desconocida dormirá en las mismas habitaciones, utilizará la cocina y convivirá con los objetos personales. El intercambio de casas convierte ese gesto, impensable para muchos, en la base de una forma de viajar que gana terreno en Euskadi y que quienes la practican describen como algo más que una manera de ahorrar en alojamiento.

Itzalai Alberdi ha completado 41 intercambios en cinco años desde Errenteria; una usuaria de Urduliz suma 32, y Marga Ruiz lleva cerca de dos décadas abriendo las puertas de su casa de Urturi. Entre las tres reúnen experiencias, destinos y alguna situación inesperada, pero comparten una certeza: el intercambio de casas no funciona sin confianza y el ahorro acaba siendo solo una parte del viaje.

La confianza como punto de partida

Para Marga, abrir su vivienda a otras personas nunca supuso un problema. Su primer intercambio fue hace cerca de 20 años, cuando una pareja de Cáceres le pidió la casa para viajar con unos amigos. Ella aceptó de inmediato: primero se alojó durante un puente de primavera en la vivienda de la pareja y, meses después, ellos pasaron un fin de semana largo en la suya. "No alquilaría la casa donde vivo a cambio de dinero, pero no tengo ningún problema en dejársela a personas que también dejan la suya", explica.

Itzalai Alberdi comparte esta forma de viajar con su marido, Aitor, y sus dos hijos, Izaro y Markel. Cinco años y 41 intercambios después reconocen que la emoción no ha desaparecido. Antes de entrar en cada nueva vivienda, su familia sigue sintiendo "mariposillas en el estómago". Una vez dentro, "nos fijamos en los libros, los juegos y la manera en la que está organizada la casa", pequeños detalles que les permiten asomarse durante unos días a la vida de quienes se la han cedido.

Itzalai y Aitor, junto a sus hijos Izaro y Markel, durante uno de sus intercambios familiares en Londres.

Itzalai y Aitor, junto a sus hijos Izaro y Markel, durante uno de sus intercambios familiares en Londres. NTM

La experiencia más reciente es la de una usuaria de Urduliz -prefiere no desvelar su nombre-, que comenzó a intercambiar después de pasar a trabajar completamente a distancia. Esa posibilidad le permitió estrenarse con una estancia de casi un mes en Berlín y convertir la flexibilidad del teletrabajo en una nueva manera de conocer otros lugares. Desde entonces ha completado 32 intercambios y ha viajado a ciudades como Hamburgo, Viena, Varsovia o Ámsterdam, además de recorrer la costa de Marruecos.

Intercambio directo o mediante puntos

El funcionamiento no siempre exige que dos familias intercambien sus viviendas al mismo tiempo. La plataforma HomeExchange permite hacerlo de manera recíproca, coordinando fechas y destinos, o mediante un sistema de puntos: una persona recibe huéspedes en su casa, obtiene los llamados GuestPoints y después los utiliza para alojarse en la vivienda de otro usuario, sin que este tenga que viajar a la suya.

Marga comenzó cuando los intercambios eran principalmente simultáneos y resultaba mucho más difícil hacer coincidir los planes de dos familias. Todavía prefiere esa modalidad, aunque reconoce que los puntos simplifican el proceso. El año pasado realizó un intercambio recíproco en Gran Canaria que incluyó también los coches. "Me gusta ir a lugares a los que no había pensado ir", cuenta. Para ella, la preparación de la casa no cambia: la recibe con la misma ilusión tanto si el intercambio es directo como si se realiza mediante puntos.

El teletrabajo ha facilitado intercambios más largos y permite trasladar durante varias semanas la vida cotidiana a la vivienda de otro usuario.

El teletrabajo ha facilitado intercambios más largos y permite trasladar durante varias semanas la vida cotidiana a la vivienda de otro usuario. HomeExchange

La usuaria de Urduliz utiliza principalmente los GuestPoints porque le permiten escoger fechas y destinos con mayor libertad, aunque considera que el intercambio recíproco es "más romántico". En su caso, la posibilidad de acumular puntos mientras aloja a otras personas le ha permitido organizar viajes sin depender de que otra familia quiera visitar Euskadi exactamente durante los mismos días.

En ambos casos, no existe un pago por cada noche de alojamiento, aunque formar parte de la plataforma requiere abonar una cuota y cada viajero sigue asumiendo el transporte y el resto de los gastos del viaje. El ahorro puede ser considerable, especialmente para las familias, pero las entrevistadas coinciden en que no es el único motivo para repetir.

Mucho más que ahorrar en alojamiento

Aunque evitar el coste de un hotel o un apartamento puede aliviar considerablemente el presupuesto del viaje, Marga asegura que el ahorro nunca ha sido su principal motivación. Comenzó a intercambiar cuando sus hijos eran adolescentes y dejaron de acompañarla con tanta frecuencia a la vivienda familiar. "No concebía la idea de tener una casa sin utilizar", explica. Con el tiempo descubrió que aquella fórmula le ofrecía algo difícil de encontrar en un alojamiento turístico: la posibilidad de vivir como una persona del lugar.

Quienes intercambian sus casas no solo dejan una cama disponible. También comparten recomendaciones sobre rutas, actividades, restaurantes o establecimientos cercanos que forman parte de su vida cotidiana. "Las casas a las que vamos no tienen nada que ver con las viviendas vacacionales que podríamos alquilar", señala Marga, que ha viajado principalmente por España y Francia, además de Portugal, Italia y Bélgica.

Rincones de la bucólica casa de Marga en Urturi, un refugio rodeado de verde y tranquilidad.

Rincones de la bucólica casa de Marga en Urturi, un refugio rodeado de verde y tranquilidad. Margarita Ruiz

Para Itzalai y su familia, esta manera de viajar también amplía el propio mapa. Algunas veces el destino no surge de una búsqueda previa, sino de la propuesta de otra familia interesada en alojarse en su vivienda de Errenteria. Aceptar un intercambio puede llevarlos así a lugares que inicialmente no figuraban en sus planes, con la ventaja de llegar acompañados por las indicaciones de quienes viven allí durante todo el año.

La experiencia comienza incluso antes de hacer las maletas y continúa después de regresar. Itzalai reconoce que su familia disfruta preparando el intercambio, imaginando la casa que encontrará al llegar y recordando posteriormente lo vivido. No se trata únicamente de dormir gratis en otro lugar, sino de habitarlo durante unos días desde dentro, con sus ritmos, sus espacios y las recomendaciones de quienes lo conocen mejor.

Preparar la casa para quienes llegan

Antes de recibir a sus huéspedes, Marga limpia la vivienda a fondo, prepara las camas y suele dejar algún detalle y alimentos para el primer desayuno. También hace hueco en los armarios, vacía algunos cajones y permite utilizar los productos de baño, el aceite, la sal o cualquier alimento que puedan necesitar. Sus pertenencias permanecen en la casa y la llave espera a los visitantes en una caja con clave instalada en el jardín.

Las normas son sencillas: espera que los huéspedes dejen la vivienda como la encontraron. Si tienen tiempo, pueden poner una lavadora con la ropa de cama y las toallas; de lo contrario, basta con depositarlas en una caja del garaje. Ella aplica el mismo cuidado cuando ocupa la casa de otra persona: si viaja en coche, lleva sus propias sábanas y toallas para no dejar trabajo adicional a los anfitriones.

La confianza no implica, sin embargo, entrar en una vivienda sin haber hablado antes con sus propietarios. Los usuarios pueden consultar los perfiles, las valoraciones de intercambios anteriores y las características de cada casa. Durante la organización también acuerdan las fechas, la entrega de las llaves, la limpieza y cualquier indicación necesaria para utilizar la vivienda.

Para los cuatro de Errenteria —Itzalai, Aitor, Izaro y Markel—, esa relación se sostiene sobre normas de sentido común y reciprocidad. Quienes llegan a su casa encuentran objetos personales, juguetes y libros que forman parte de su vida cotidiana. Cuando ellos viajan, esperan encontrar lo mismo: no un espacio preparado exclusivamente para turistas, sino un hogar real que otra familia ha decidido compartir con la suya.

Cuando algo no sale según lo previsto

Abrir la propia casa también supone asumir que puede ocurrir algún imprevisto. Sin embargo, Itzalai no ha sufrido ningún desperfecto durante sus 41 intercambios y confía en que la plataforma respondería si se produjera un problema. Marga tampoco ha tenido ninguna experiencia negativa en cerca de dos décadas: cuando algo se ha roto, sus huéspedes se han ocupado de solucionarlo.

En una ocasión, se estropeó una batidora muy antigua y, al regresar, Marga encontró una nueva en su lugar. Otra familia fue incluso más allá y arregló la puerta del jardín, que llevaba tiempo cerrando mal. Dos gestos que, lejos de alimentar la desconfianza, reforzaron su sensación de que quienes se alojan en una casa ajena suelen cuidarla como esperan que otros cuiden la suya.

El mayor contratiempo entre las tres experiencias lo vivió la usuaria de Urduliz. Mientras regresaba de un viaje por Marruecos, la familia de Burdeos alojada en su vivienda confundió la fecha en la que debía marcharse. Cuando llegó, los huéspedes todavía seguían allí y ella tuvo que pasar la noche en casa de su ama hasta que la vivienda quedó libre.

La anécdota no hizo que abandonara esta forma de viajar. Después de 32 intercambios y otros cuatro previstos para aquel verano, continúa defendiendo que la convivencia entre desconocidos debe partir de la confianza y el respeto. Porque el sistema no elimina por completo los imprevistos, pero se sostiene sobre una idea compartida por las tres protagonistas: quien abre las puertas de su hogar también está confiando el suyo a otra persona.

Euskadi, un destino que gana terreno

La experiencia también cambia según el lugar desde el que se intercambia. Una vivienda situada en una capital puede atraer a quienes buscan una escapada urbana, pero las localidades pequeñas ofrecen otros alicientes. A la casa de Marga en Urturi llegan principalmente familias y personas aficionadas a la montaña, atraídas por la tranquilidad, el gran jardín y la posibilidad de recorrer rutas sin apenas encontrarse con gente. Muchos aprovechan además la estancia para conocer La Rioja y practicar senderismo. La demanda creció especialmente durante la pandemia, cuando se buscaban entornos rurales y poco concurridos, aunque después volvió a normalizarse.

Desde Errenteria, Itzalai comprueba que quienes eligen su vivienda valoran la posibilidad de combinar monte, mar y gastronomía y de desplazarse a Donostia y a otros puntos de Euskal Herria. Esa variedad ayuda a explicar que el intercambio no se limite a las ciudades más turísticas: una casa familiar, un jardín o la cercanía a la naturaleza pueden resultar tan decisivos como la ubicación.

Bilbo, con el Guggenheim como uno de sus grandes reclamos, figura entre los destinos vascos con mayor demanda para el intercambio de casas.

Bilbo, con el Guggenheim como uno de sus grandes reclamos, figura entre los destinos vascos con mayor demanda para el intercambio de casas. HomeExchange

Los datos facilitados a este periódico por Susana García, del equipo de HomeExchange, confirman el crecimiento de esta forma de viajar. Euskadi cuenta ya con más de 4.000 miembros y 5.620 hogares disponibles en la plataforma. Gipuzkoa reúne 2.306; Bizkaia, 1.460, y Araba, 235. Durante 2026 se han contabilizado 10.410 intercambios, un 35% más, que han generado 159.320 pernoctaciones y 31.020 viajeros. Susana asegura que las cifras que manejan y su evolución territorial ponen de manifiesto que detrás de cada registro hay anfitriones y viajeros que han decidido hacer de una vivienda particular su alojamiento durante unos días.

Las estadísticas explican también la dimensión del fenómeno, pero son los pequeños gestos los que permanecen después del viaje. Los cuatro de Errenteria recuerdan regalos llegados de Finlandia, Irlanda y Valencia, y una carta que una familia de Kenia tradujo al euskera para ellos. Marga conserva la imagen de un apartamento parisino con techos altos y chimeneas, y la usuaria de Urduliz, pese a algún contratiempo, continúa abriendo su casa. "Las personas a las que dejas tu vivienda también están dejando la suya", resume Marga. Quizá esa sea la respuesta a la pregunta que abre este reportaje: para viajar de esta manera no basta con tener una casa; hay que estar dispuesto a compartirla.

2026-08-30T07:09:44+02:00
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