Vida y estilo

De las máquinas de bar al móvil: la evolución del ocio digital

En muchos bares de Bilbao, la máquina de la esquina tenía su propio sonido: una melodía corta, luces que parpadeaban y el golpe metálico de las monedas al caer en la bandeja. Durante décadas formó parte de la barra igual que el periódico deportivo o la televisión encendida. Hoy muchos de aquellos elementos visuales y sonoros pueden encontrarse en una pantalla móvil, dentro de una transformación que cuenta bastante sobre cómo han cambiado la tecnología y las costumbres de ocio.

Una campana de San Francisco y un decreto de 1981

La primera tragaperras moderna se atribuye a Charles Fey, un mecánico de San Francisco que a finales del siglo XIX montó la Liberty Bell: tres rodillos, unos pocos símbolos y una palanca lateral. De esa palanca viene el apodo de «bandido manco» que todavía se usa en inglés.

En España, la regulación de estas actividades experimentó importantes cambios a partir de 1977. El 24 de julio de 1981 se aprobó un real decreto que actualizó el reglamento de las máquinas recreativas y de azar, estableciendo distintas categorías según sus características. Las máquinas de tipo B, habituales en establecimientos de hostelería, terminaron convirtiéndose en una imagen reconocible de numerosos bares y cafeterías. En Euskadi, además, las competencias autonómicas en esta materia han contribuido a configurar una normativa propia, adaptada a la evolución del sector y de los establecimientos.

Del rodillo mecánico al vídeo

El salto técnico llegó por fases. Primero aparecieron los modelos electromecánicos, que cambiaron la palanca por un botón, y a mediados de los setenta Estados Unidos estrenó las primeras máquinas con pantalla de vídeo en lugar de rodillos físicos. Las de bar españolas mantuvieron mucho tiempo su estética propia, con frutas, campanas y los botones de avance y retención, que permitían mover o bloquear un rodillo antes de la siguiente tirada.

Con la expansión de internet, parte de ese lenguaje visual pasó primero al ordenador y posteriormente a los dispositivos móviles. Esta transición ayuda a entender la evolución de las tragaperras online desde una perspectiva tecnológica: los diseños clásicos de tres rodillos conviven con versiones digitales que incorporan animaciones, gráficos más elaborados y nuevas posibilidades de interacción.

El cambio también afectó al desarrollo de software. Los sistemas mecánicos fueron dando paso a programas informáticos capaces de gestionar imágenes, sonidos y movimientos en tiempo real, una transformación similar a la experimentada por otros formatos de entretenimiento electrónico.

El euro, el tabaco y una barra que cambió

El bar también se transformó alrededor de estas máquinas. La llegada del euro en 2002 obligó a adaptar numerosos dispositivos que todavía funcionaban con pesetas. Monederos, sistemas de cobro y componentes internos tuvieron que ajustarse a la nueva moneda, dentro de un proceso de modernización que afectó a buena parte de los establecimientos.

En enero de 2011, la entrada en vigor de las nuevas restricciones al consumo de tabaco modificó otra de las imágenes tradicionales de la hostelería. Desapareció el humo de los interiores y los locales comenzaron a adaptarse a nuevas formas de convivencia y consumo. La oferta de ocio también fue diversificándose entre bares, salones recreativos y establecimientos especializados. En Bilbao, uno de los ejemplos más conocidos es el Casino Bilbao, inaugurado en 1996 y situado actualmente en la plaza Emilio Campuzano.

Este establecimiento aparece incluso entre las paradas de la ruta de «Kill Jackie» por Bilbao, una muestra de cómo determinados espacios de entretenimiento también forman parte de los escenarios reconocibles de la ciudad y de su representación audiovisual.

Lo que la pantalla heredó de la barra

Buena parte de la identidad visual de aquellas máquinas ha sobrevivido al cambio de formato. Las frutas, las campanas y los números siguen apareciendo en diseños digitales, junto a efectos sonoros y animaciones que recuerdan a los dispositivos tradicionales. Esta continuidad responde también a una cuestión de diseño: los símbolos conocidos facilitan que el público identifique una interfaz, incluso cuando la tecnología que hay detrás es completamente distinta.

Algo parecido ha ocurrido con otros productos de entretenimiento. Los videojuegos recuperan estilos gráficos de décadas anteriores, las aplicaciones incorporan sonidos inspirados en dispositivos antiguos y algunas plataformas utilizan elementos visuales que apelan a la nostalgia. La televisión ofrece otro ejemplo de transformación. Pasó del blanco y negro al color y, décadas después, a la distribución por internet, como recordaba esta emisora en su repaso a los 70 años de TVE. El soporte cambia, pero determinados códigos visuales y hábitos culturales permanecen.

Nuevos formatos, nuevas responsabilidades

La accesibilidad de los dispositivos móviles plantea, además, nuevos desafíos relacionados con la protección de los usuarios, la información disponible y el uso responsable de las plataformas digitales. Más allá de los cambios normativos, la evolución de estas máquinas permite observar una transformación cultural más amplia. Los espacios de ocio se han diversificado, los dispositivos son cada vez más pequeños y muchas experiencias que antes dependían de un establecimiento físico se han trasladado a internet. Aquella máquina de luces y sonidos que ocupaba una esquina del bar forma parte ahora de la memoria de varias generaciones. Sus mecanismos han cambiado, pero su estética continúa siendo reconocible en la cultura digital contemporánea.

03/11/2026