Vida y estilo

“Damos gracias cada día a quien nos dio la oportunidad de seguir vivos”

Con motivo del Día Mundial de la Donación de Órganos, Tejidos y Trasplantes, celebrado el 14 de octubre, tres personas trasplantadas relatan cómo la generosidad de los donantes les ha cambiado la vida
Andoni Agirre, trasplantado de córnea; Germán Andrade, trasplantado de hígado y Belén Herra, trasplantada de riñón. / Gaizka Portillo

La vida puede cambiar completamente de un día para otro. Lo sabe bien Andoni Agirre, de 49 años. A los 14 años acudió a una óptica de Barakaldo porque no veía bien la pizarra. El óptico observó que tenía queratocono, una enfermedad ocular progresiva en la que la córnea se adelgaza y adopta una forma de cono en lugar de su curvatura redonda habitual. Las lentillas rígidas le ayudaron durante años, hasta que la córnea se deformó tanto que ya no podía llevarlas. “Llega un momento en que te la pones y se cae veinte veces durante la mañana. Entonces ya no ves”, explica.

Andoni se sometió a un trasplante de córnea en ambos ojos en el Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO), bajo la supervisión del doctor Juan Antonio Durán de la Colina. La primera intervención, realizada en el ojo izquierdo en el año 2015, fue un éxito: el injerto fue aceptado a la primera y no presentó complicaciones. El ojo derecho necesitó tres intervenciones entre 2017 y 2024, ya que organismo rechazaba el tejido trasplantado. Fueron años duros. “Cuando se produce un rechazo y una infección, tienes que estar en casa metido tres o cuatro meses”. No bastaba con encontrar una córnea, su cuerpo tenía que aceptarla.

A la batalla médica se sumaba la carga de trabajo. Agirre trabajaba en el sector de la construcción y de la promoción. En alguna ocasión llegó a la consulta directamente de trabajar, con las botas embarradas y el teléfono sonando. El especialista le advirtió de que necesitaba bajar el ritmo porque el estrés podía repercutir en el ojo más vulnerable. “A unos el estrés les va al estómago y a mí me va al ojo. Por eso, los médicos me dijeron que tenía que bajar considerablemente mi ritmo de vida si no quería que la situación empeorara”.

En 2022 decidió frenar y se apartó de la construcción para recuperarse y ordenar su vida. “Parar significa dejar de hacer lo que me gusta”, admite, pero entendió que no podía seguir exigiéndole al cuerpo que aguantara al mismo ritmo.

“ El trasplante me ha hecho ser mucho mejor persona de lo que habría sido sin pasar por esto ”

Andoni Agirre - Trasplantado de córnea

Fue entonces cuando sufrió su último y definitivo trasplante de córnea. Esta vez cumplió las indicaciones de los médicos de manera escrupulosa y no apareció el rechazo de las operaciones anteriores. Ahora acude a revisiones cada seis meses. De un ojo con el que apenas distinguía un 3% ha pasado a alcanzar alrededor del 50% de visión sin corrección; el otro le permite desenvolverse con una lentilla.

Sus hijos eran pequeños durante los peores años y hubo momentos en los que tuvieron que llevarle de la mano porque apenas veía. Su mujer fue quien más sufrió el proceso. Lejos de venirse abajo, ha sacado fuerzas y ha decidido afrontar la vida con optimismo: “Ahora mismo gozo de una calidad de vida bastante buena. Además, este proceso de diez años me ha hecho ser mucho mejor persona de lo que habría sido si no hubiese sufrido un trasplante”.

Andoni Agirre se sometió a un trasplante de córnea en ambos ojos en el Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO). Gaizka Portillo

Donaciones y trasplantes de órganos, en cifras

Su experiencia pone rostro a una realidad que cada año cambia la vida de miles de personas. En 2025, en el Estado español se realizaron 6.334 trasplantes de órganos gracias a la generosidad de miles de donantes y sus familias. Euskal Herria destaca, además, por sus tasas de donación: 64,3 donantes fallecidos por millón de habitantes en la CAV y 88,2 en Nafarroa, frente a los 51,9 de media estatal.

En lo que va de año, Euskadi ha sumado 105 donantes fallecidos, además de 10 donantes vivos. En este periodo, se han realizado 158 trasplantes renales y 49 hepáticos, según los datos provisionales de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). En Nafarroa, por su parte, se han contabilizado 42 donantes fallecidos y 42 trasplantes renales.

En el conjunto del Estado se han contabilizado 1.931 donantes fallecidos y 314 vivos. Además, se han efectuado 2.982 trasplantes renales, 989 hepáticos, 418 de pulmón y 335 cardíacos. El número de pacientes trasplantados ha crecido un 4% respecto al mismo periodo de 2025.

Vivir con un hígado nuevo: la llamada que lo cambió todo

Germán Andrade tiene 76 años y preside Renacer, la Asociación de Trasplantados y Enfermos Hepáticos de Euskadi. En 2008, un cansancio persistente que achacaba al ritmo cotidiano le llevó a descubrir que tenía el hígado dañado. Después llegó el diagnóstico que lo cambió todo: necesitaba un trasplante de hígado. “El hígado es un órgano que no duele, no te enteras de que tienes un problema”, explica.

El diagnóstico fue un golpe. “Cuando me dieron la noticia del trasplante fue un golpe para mí. Me costó mucho, pero me hice a la idea”, recuerda. La espera se prolongó hasta que llegó la llamada que debía llevarle al quirófano. Pero, cuando todo parecía preparado, los médicos comprobaron que el hígado no era compatible. “Ya estaba convencido de que me iban a trasplantar el hígado y me dijeron que el hígado no era compatible”, rememora.

Germán tuvo que volver a casa con la incertidumbre de quien había estado a punto de recibir una nueva oportunidad para seguir viviendo. Unos días después sonó de nuevo el teléfono. “Me dijeron que este era el definitivo, que era para mí”. La operación duró entre siete y ocho horas. La recuperación fue lenta: el hígado tardó en funcionar con normalidad. Más tarde supo que durante la operación había sufrido un ictus. Por suerte, puede contarlo. Poco a poco volvió a conducir, hacer ejercicio, viajar y retomar su vida. Desde entonces necesita tomar medicación para evitar el rechazo.

“ Tras pasar por una experiencia así, valoras más otras cosas y agradeces seguir vivo ”

Germán Andrade - Trasplantado de hígado

La experiencia le enseñó a mirar la vida de otra manera y a poner en perspectiva aquello a lo que antes daba importancia. “La importancia no es tener dinero o viajar a no sé dónde. Después de pasar por una experiencia así, todo eso da igual. Valoras más otras cosas”, reflexiona. Durante su recuperación nacieron dos nietos. Más adelante, pudo viajar a Austin para conocer a una de ellas y desplazarse hasta Australia para visitar a su familia. Hoy disfruta de esos momentos con una gratitud especial. “Estoy en constante agradecimiento a la vida y encantado de seguir viviendo”.

Germán es consciente de que esa segunda oportunidad fue posible gracias a una persona que falleció y a una familia que, en pleno duelo, decidió donar sus órganos. Por eso, participa cada año en los actos de reconocimiento a los donantes y sus familias. “Tenemos un día de acción de gracias a los donantes por poder seguir viviendo”, asevera. Desde Renacer acompaña a otros enfermos y sabe que no todos tienen una recuperación tan favorable como la suya.

Germán Andrade se sometió a un trasplante de en el año 2008 en el Hospital de Cruces Gaizka Portillo

Dos trasplantes de riñón y seis años de espera

Belén Herrera, de 57 años, presidenta de Alcer Bizkaia, supo que padecía una enfermedad renal cuando nació su segunda hija. Había acudido al médico para solicitar una ligadura de trompas y una analítica reveló el problema. “Me dijeron que fuera al hospital para una revisión porque al parecer podía haber un problema en mis riñones. Ahí empezó todo”.

Durante diez años, la medicación consiguió ralentizar la enfermedad renal. Hasta que llegó el momento en que ya no hubo alternativa: debía empezar la diálisis. Con sus hijos pequeños y un restaurante que sacar adelante, acudía al hospital los lunes, miércoles y viernes. Se levantaba a las siete, pasaba cuatro horas conectada a una máquina y después regresaba al negocio. Por la noche, cuando los niños dormían, volvía al bar para dejarlo preparado para el día siguiente. “No sé cómo pasé por aquello. Hoy no lo haría”, reconoce.

“ Después de atravesar tanto sufrimiento, dejar el hospital fue como volver a la vida ”

Belén Herrera - Trasplantada de riñón

Sus venas dificultaban la hemodiálisis y la primera fístula apenas duró ocho meses. Los médicos le propusieron entonces la diálisis peritoneal, que podía realizarse en casa. Aunque al principio se resistió, terminó probándola y encontró la mejor manera de sobrellevar los casi seis años de espera a que llegara su primer trasplante. “Para mí ha sido el mejor tratamiento”, recuerda.

El primer riñón le permitió vivir nueve años sin diálisis, pero la recuperación fue especialmente dura. Permaneció tres meses ingresada y tuvieron que intervenirla trece veces, además de la operación del trasplante. “Después de tanto sufrimiento, abandonar el hospital fue como volver a la vida”, cuenta. Cuando el riñón dejó de funcionar, regresó a la diálisis. Dos años después, el 10 de octubre de 2020, en plena pandemia, recibió un segundo trasplante de riñón. Esta vez, a los ocho días estaba en casa.

A Belén Herrera le diagnosticaron la enfermedad renal cuando nació su segunda hija, a los 25 años. Gaizka Portillo

A sus 57 años, Belén convive además con diabetes y miastenia gravis, que atribuye a los inmunosupresores. Pese a ello, asegura que se encuentra fenomenal. “Cada mañana, cuando me levanto, soy consciente de que estoy aquí porque una persona decidió donar sus órganos. Gracias por darme esta oportunidad”. Un reconocimiento que extiende a toda la sociedad vasca por su compromiso con la donación de órganos.

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La prevención es otra de sus preocupaciones. En estudios realizados en empresas vizcaínas han detectado jóvenes con un filtrado renal muy bajo. Belén alerta sobre el abuso de creatina y otros suplementos deportivos y reclama más conciencia sobre el cuidado de los riñones.

Como presidenta de Alcer Bizkaia y vicepresidenta segunda de la federación estatal, dedica buena parte de su tiempo a acompañar a quienes reciben el diagnóstico y afrontan el futuro con miedo. Su propia experiencia le permite entender la incertidumbre y el temor de quienes sienten que la enfermedad les ha cambiado la vida para siempre. Por eso, a quienes creen que todo ha terminado, les recuerda: “Aquí no se acaba la vida, empieza. Vamos a darle un impulso”.

19/10/2026