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Vida y estilo

Cultura gastronómica esculpida en piedra y metal por Euskal Herria

Recorremos algunos de nuestros territorios a lo largo de Euskal Herria con la intención de demostrar que la producción local y los oficios tradicionales han moldeado un legado que ha servido de inspiración a numerosos artistas
El Día Internacional de los Monumentos y Sitios se celebra este 18 de abril.
El Día Internacional de los Monumentos y Sitios se celebra este 18 de abril. / Markel Fernández

Actualizado hace 7 minutos

La gastronomía en Euskal Herria no solo se saborea, también se contempla y se siente. Ya sea en plazas, parques, rotondas o paseos marítimos, se esconden esculturas que rinden homenaje a los alimentos, a las bebidas y a los oficios que han construido nuestra cultura culinaria.

Enmarcados en el Día Internacional de los Monumentos y Sitios este 18 de abril, proponemos un recorrido escultórico-gastronómico que atraviesa Bizkaia, Gipuzkoa, Álava y Navarra para recordarnos que, a través de las figuras, aún perviven los productos, los oficios y la forma de vida ligada a la cocina y al paisaje que tanto define a nuestra cultura.

Sardinas, patatas y txakoli

Comenzamos el viaje en Santurtzi, donde se encuentra el Monumento a la Sardinera. Obra del escultor Joaquín Lucarini, fue inaugurado en 1964. La escultura representa a una mujer con la cesta del pescado, en homenaje a aquellas vendedoras que recorrían las calles ofreciendo sardinas recién llegadas del Cantábrico.

‘Monumento a la Sardinera’ de Joaquín Lucarini.

‘Monumento a la Sardinera’ de Joaquín Lucarini. Markel Fernández

Y es que las sardineras fueron figuras clave de la economía doméstica y del comercio del pescado, por lo que su imagen también quedó inmortalizada para poder ser admirada y reconocida como se merece el resto de los siglos. Pero no es la única, pues también en Santurtzi nos topamos con una escultura más en homenaje, La sardinera, en este caso del autor Víctor Goiokoetxea.

‘La sardinera’.

‘La sardinera’. Markel Fernández

A unos kilómetros tierra adentro, en Amorebieta se levanta una de las esculturas más curiosas y simbólicas, conocida popularmente como La Patata. Obra del artista Andrés Nagel, esta gran pieza de bronce de 8,5 metros de alto y dos toneladas y media de peso -instalada en el centro urbano- recuerda el peso (nunca mejor dicho) de la agricultura en la comarca. Sin duda, se ha convertido en uno de los iconos más contemporáneos del municipio, que a la vez se fusiona con su tradición.

‘La Patata’.

‘La Patata’. Jose Mari Martinez

Todavía un poco más hacia el norte, en el paseo marítimo de Bakio se alza el Monumento al Txakoli, una escultura de seis metros creada por Néstor Basterretxea en 2007 y realizada en acero y cobre. La pieza representa una cepa con racimos y simboliza la unión entre la tradición local, el viento del mar y la cultura vitivinícola del territorio. Como curiosidad y evidenciando este hecho, alberga también la siguiente leyenda: “Aquí tenemos labrado nuestro hierro fuerte de Bizkaia, la sal de la mar y el txakoli unidos”.

‘Monumento al Txakoli’.

‘Monumento al Txakoli’. EFE

De la pesca a la agricultura

Continuamos la ruta en Gipuzkoa, donde varias esculturas nos traen a la memoria los pilares de la cocina tradicional. En homenaje a los donostiarras y guipuzcoanos que lucharon en la Marina de Euskadi y a quienes murieron en la batalla de Matxitxako en 1937, el monumento al Bou Gipuzkoa se encuentra en Donostia, y pese a que pueda no parecerlo, tiene una relación directa con la gastronomía.

Básicamente porque era en inicio un bacaladero, dedicado a abastecer de pescado fresco a las lonjas y a diversas cocinas, pero que tuvo que ser reconvertido en buque de guerra -como ocurrió con otros tantos-. Esta escultura de bronce fue inaugurada en 2025 y conserva la memoria de un navío que con tripulación autóctona y voluntarios llegados de otras comunidades liberaba los accesos a los puertos vascos de minas y protegía la actividad pesquera.

‘Bou Gipuzkoa’, en Donostia.

‘Bou Gipuzkoa’, en Donostia. Iker Azurmendi

La última parada en suelo guipuzcoano nos lleva a Tolosa, donde El Arado simboliza el trabajo agrícola que durante siglos sustentó la economía global; homenajeando así a todos aquellos baserritarras que con su agricultura tradicional permitieron el desarrollo de productos hoy en día indispensables en la cocina local. También como legado del célebre Nestor Basterretxea, Goldea tenía una intención muy clara. En palabras de su creador: “He intentado recuperar ese pasado relacionado con el mundo agrícola que se está perdiendo”.

‘El Arado’, en Tolosa.

‘El Arado’, en Tolosa. Marta San Sebastián

Tradición vitivinícola

Simbolizando el importante papel del campo alavés en la producción vitivinícola que abastecía tanto a mercados como a hogares personales, Vendimiador es una estatua en mármol que también subraya la conexión entre el mundo rural y la gastronomía del territorio. Se encuentra en el complejo de las bodegas de Marqués de Riscal, en la Rioja Alavesa, cuyo diseño pertenece al arquitecto Frank Gehry.

‘Vendimiador’.

‘Vendimiador’. Pablo José Pérez

En la capital alavesa, le echamos un ojo al conjunto escultórico Comercio e Industria, que hacen alusión a la transformación económica del territorio y a la importancia del intercambio de productos agrícolas y alimentarios. Labradas en piedra y con una altura de 2,5 metros fueron talladas también por la mano de Joaquín Lucarini.

Pastores y hortelanos

El recorrido concluye en Navarra, donde son diversos los monumentos que homenajean nuestros oficios tradicionales vinculados a la producción de alimentos. En la zona de las Bardenas Reales, el Pastor Bardenero es un ejemplo de la vida trashumante de quienes guiaban los rebaños por tierras semidesérticas. Esta escultura icónica fue creada por Antonio Loperena e inaugurada en 1992, concretamente en el paraje El Paso.

‘Pastor Bardenero’.

‘Pastor Bardenero’. Fondo Documental Erronkari

Finalmente, es en Tudela -la capital de la ribera del Ebro- donde el Monumento al Hortelano celebra la tradición de sus huertas. Alcachofas, espárragos, cogollos o borrajas forman parte de una identidad gastronómica que ha convertido a esta localidad en uno de los grandes referentes de la cocina vegetal en nuestra cultura. También obra del escultor Antonio Loperena fue trasladada en 2024 desde la Puerta de la Mejana a la calle Muro de la localidad.

‘Monumento al Hortelano’, en Tudela.

‘Monumento al Hortelano’, en Tudela. Fermín Pérez Nievas

Tal y como hemos podido comprobar, estos monumentos no son solo elementos decorativos del paisaje humano, pues cada uno de ellos funciona como un recordatorio de los oficios y los productos alimenticios que han construido la identidad de Euskal Herria. En unos territorios donde la cocina es patrimonio cultural, dichos enclaves actúan como páginas de historia al aire libre que se pueden saborear solo con verlas. Figuras erigidas en calles, puertos, parques y plazas que nos recuerdan que detrás de cada plato hay generaciones de trabajo, tradición, paisaje y arte.

2026-04-18T07:22:24+02:00
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