La camiseta número 7 de Portugal tiene fecha de devolución. Cristiano Ronaldo, a sus 41 años, ha decidido devolverla. El dorsal 7, que durante 23 años recorrió estadios, atravesó generaciones, concentró la esperanza de un país y cautivó a millones de seguidores, dejará de llevar su nombre. El astro de Madeira ha anunciado su retirada de la selección, el cierre de una trayectoria que comenzó en agosto de 2003 y que le convirtió en el futbolista con más internacionalidades y más goles de la historia del fútbol masculino. Sin lugar a dudas, una gran leyenda del balompié.
Su adiós llega en medio de un clima de tensión con el nuevo seleccionador, Jorge Jesus, con quien protagonizó un desencuentro que acabó con el capitán abandonando la concentración tras quedarse sin jugar ante Noruega. Ronaldo acusó al técnico de incumplir su palabra en dos ocasiones. Aunque el delantero ya había barajado retirarse después del Mundial y fue el presidente de la Federación lusa, Pedro Proença, quien le convenció para seguir, la ruptura con Jesus puede haber terminado de inclinar la balanza.
“Ha llegado el día de devolver la camiseta número siete de la selección de todos nosotros. Nunca la sentí como exclusivamente mía”, escribió Ronaldo en su comunicado. La frase contiene una rara pausa en una carrera construida sobre la ambición individual, los récords y la búsqueda constante de la excelencia. Esta vez, el protagonista no habla de lo que ha conquistado, sino de lo que considera que pertenece a Portugal.
Los números describen una dimensión difícil de igualar: 234 partidos, 146 goles, seis Eurocopas y seis Mundiales disputados. Ronaldo se marcha como el máximo goleador internacional, por delante de Leo Messi, y como el futbolista que más veces ha defendido una selección. Durante más de dos décadas, Portugal se acostumbró a mirar hacia el mismo hombre en los momentos decisivos, para celebrar con él o para sufrir a su lado. Era la imagen de una nación, pero también uno de los rostros del fútbol en todo el planeta. “Cuando miro atrás y pienso en todo lo que viví en la selección, no veo solo partidos, goles, récords o trofeos. Veo personas”, expresó.
De las lágrimas de 2004 a la corona de Francia
El primer gran capítulo de su historia internacional fue también una de sus heridas más profundas. En la Eurocopa de 2004, Portugal organizó el torneo y el joven Cristiano, con apenas 19 años, se convirtió en uno de los rostros de aquella generación. Marcó en el estreno frente a Grecia y en la semifinal contra Países Bajos. Sin embargo, la final devolvió al equipo anfitrión al suelo: Grecia, que ya había vencido en el partido inaugural, se impuso por 1-0. Ronaldo lloró. La imagen del adolescente desconsolado recorrió el mundo y quedó como una de las estampas más reconocibles de aquel torneo. Portugal había tenido la oportunidad de levantar su primer gran título y la dejó escapar ante su público. El futbolista que años después sería el capitán de una selección campeona conoció entonces la cara más amarga de representar a un país.
El tiempo no borró aquella decepción, pero le ofreció una revancha. El 10 de julio de 2016, Portugal regresó a una final europea, esta vez en París, frente a Francia. Ronaldo volvió a ser el centro de todas las miradas, aunque la noche se torció pronto. Tras un choque sufrió una lesión en la rodilla y abandonó el terreno de juego en el minuto 25, entre lágrimas y sobre una camilla. La escena parecía condenar a Portugal a otra final frustrada. Sin su capitán en el campo, el equipo resistió hasta la prórroga. Entonces apareció Éder, con un disparo que cambió la historia del fútbol portugués. Portugal ganó su primera Eurocopa. Ronaldo, lesionado, vivió los minutos decisivos desde la banda, animando a sus compañeros y dando instrucciones. Cuando llegó el pitido final, las lágrimas fueron distintas: no expresaban impotencia, sino alivio y felicidad.
Aquel título convirtió en realidad una promesa que llevaba años persiguiendo. “Siempre he dicho que quería ganar un trofeo con la selección y hacer historia”, afirmó después de la final. La imagen del capitán levantando el trofeo en Saint-Denis se convirtió en el contrapunto definitivo a la tristeza de 2004.
Cristiano Ronaldo, con su clásica celebración.
Un palmarés que también se construyó en las noches difíciles
La Eurocopa, que ha disputado en seis ocasiones y donde figura como máximo realizador histórico con 14 goles, no fue el único título que Ronaldo llevó a Portugal. En 2019, la selección conquistó la primera edición de la Liga de Naciones. El capitán fue decisivo en la semifinal contra Suiza, en la que anotó un hat-trick, y acompañó al equipo hasta la victoria en la final frente a Países Bajos. En 2025, Portugal volvió a ganar el torneo, con Ronaldo marcando en la final contra España. Dos títulos que ampliaron el legado de una selección que encontró en él su principal referencia.
También hubo derrotas, eliminaciones y torneos en los que el desenlace no estuvo a la altura de las expectativas. El Mundial de 2006 terminó en semifinales; en 2018, Portugal cayó ante Uruguay en octavos; en Catar 2022, Ronaldo vivió desde el banquillo parte de la fase eliminatoria y no pudo evitar la eliminación en cuartos ante Marruecos. Su carrera internacional nunca fue una sucesión de éxitos. Por eso, el título de 2016 adquirió magnitud.
En septiembre de 2021, ante Irlanda, Ronaldo superó el récord de Ali Daei y se convirtió en el máximo goleador de la historia del fútbol internacional. En junio de 2023 alcanzó las 200 internacionalidades, también con un gol decisivo frente a Islandia. Cada récord parecía ampliar la frontera de una carrera que se luchaba contra la eternidad.
La retirada llega después de que Ronaldo disputara este año su sexto Mundial, una cifra inédita en el fútbol masculino. Así, su recorrido por la competición más importante de selecciones se prolongó durante dos décadas, desde Alemania 2006 hasta la cita de Norteamérica, donde cierto es que la sensación fue de fracaso. El delantero disputó cinco partidos y firmó tres tantos para elevar a 11 sus goles totales en los Mundiales. El combinado luso fue apeado en octavos de final, si bien es cierto que ante la futura campeona, España.
Ronaldo, con el trofeo de la Liga de Naciones de 2019.
“Los goles pasan, los trofeos se quedan en los museos”
Ronaldo eligió palabras que se alejan de la grandilocuencia habitual de sus declaraciones. “Los goles pasan, los trofeos se quedan en los museos, los récords terminan siendo superados. Pero hay algo que el tiempo nunca logra borrar: el lugar que ocupamos en el corazón de las personas”, publicó.
Es una reflexión que contrasta con el perfil competitivo que ha definido su carrera. Cristiano ha vivido para ganar, para superar sus propios límites y para perseguir una nueva marca. “Siempre fui exigente conmigo mismo. Siempre quise más, siempre creí que podíamos llegar más lejos”, reconoció. También admitió que hubo derrotas que todavía le cuesta recordar.
La camiseta, sin embargo, nunca dejó de ser una fuente de orgullo. “Nunca me rendí. Y, sobre todo, nunca dejé de sentir orgullo por representar a Portugal”, añadió. La frase resume el vínculo que ha mantenido con la selección, incluso en los periodos más controvertidos, cuando su protagonismo fue cuestionado o cuando el equipo tuvo que aprender a competir sin él sobre el césped. Especialmente en los últimos tiempos, en los que se enfrentó al seleccionador Jorge Jesus, a quien acusó de mentir e incumplir su palabra.
Portugal pierde al capitán que levantó sus grandes trofeos internacionales y al delantero que transformó la historia estadística. La selección deberá encontrar ahora otros líderes. El número 7 será heredado, pero la camiseta no podrá desprenderse de las imágenes que Ronaldo deja en ella. La despedida de Cristiano Ronaldo cierra una época del fútbol portugués y mundial. Porque durante 23 años, cada vez que Portugal salió al campo, el 7 fue mucho más que un número. Fue histórico.