Miles de personas que sobrevivieron al terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el lunes Colombia pero perdieron sus viviendas, buscan ahora refugio en albergues improvisados en parques y coliseos mientras encuentran la manera de reconstruir sus vidas al tiempo que las tareas de rescate entraban hoy en una fase crucial antes de que se superasen las primeras 72 horas de la tragedia.
El sismo ocurrió a las 07:34 hora local (12:34 GMT) del lunes y tuvo su epicentro en inmediaciones de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a una profundidad de 103 kilómetros. Considerado el más fuerte registrado en Colombia en lo que va del siglo XXI y seguido por más de un centenar de réplicas que no han superado la magnitud de 4,0, los mayores daños se concentran en las regiones del Valle del Cauca, Risaralda y Chocó, aunque también afectó a Caldas y Quindío.
Ante la magnitud del desastre, el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha decretado tres días de luto nacional por las víctimas, un periodo durante el cual la bandera nacional se izará a media asta en edificios públicos y misiones diplomáticas. Aunque el mandatario colombiano cifró en 239 los muertos, el balance consolidado por las autoridades regionales contabiliza al menos 250 fallecidos. De ese cómputo territorial, 95 corresponden a Cali, 35 a otros municipios del Valle del Cauca, 90 a Risaralda, 14 a Chocó y seis a Caldas. Asimismo, el terremoto ha causado al momento al menos 3.755 heridos y un número de desaparecidos que parece superar los 2.700.
Las operaciones de búsqueda y socorro se concentran especialmente en Cali y en Pereira, donde se desplomaron decenas de edificios. Un rescate destacado ha ocurrido en el barrio Torres del Limonar de Cali, donde los socorristas sacaron con vida a Diana Troncoso, una biomédica de 31 años que permaneció atrapada durante horas tras el colapso de una estructura de cuatro pisos.
En Pereira, una de las ciudades más afectadas, los estragos afectan a la vida cotidiana. En el barrio Corocito, el desplome de una carnicería de tres pisos ha generado un problema de salud pública por los malos olores y el temor a enfermedades. “Ellos han tratado desde el temblor de sacar la carne para evitar contaminación, pero ha sido imposible y difícil porque eran tres pisos que se vinieron abajo. Necesitamos ayuda para quitar los escombros para que ellos puedan botar (tirar) eso”, afirma Ana, una vecina de la zona. María Angélica Herrera, cuya vivienda quedó inhabitable, relata que se vio obligada a dormir en la calle: “Muchas personas, como ven, nos quedamos sin nada con qué vestir”.
Los pueblos indígenas piden ayuda
La situación resulta crítica para los pueblos indígenas de la cordillera occidental y la cuenca baja del río Baudó. Las Autoridades Tradicionales Indígenas de Colombia emitieron un comunicado en el que aseguran: “Como organización indígena nacional que acompaña y representa a comunidades indígenas en diferentes regiones del país, especialmente en el departamento del Chocó, hacemos un llamado urgente para gestionar y garantizar ayuda humanitaria inmediata para las comunidades afectadas”. La solicitud abarca los municipios chocoanos de Litoral del San Juan, Alto Baudó, Bajo San Juan y San José del Palmar, donde existen fallas de comunicación y aislamiento geográfico.
A esta preocupación se sumó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que advirtió sobre el impacto del sismo en áreas afectadas por el conflicto armado, donde las comunidades ya eran vulnerables antes del terremoto y el acceso humanitario puede verse limitado. Además, la oficina local del CICR en Quibdó y otras instalaciones de la Cruz Roja Colombiana sufrieron daños.
La ayuda internacional
Frente a la catástrofe, la Cancillería colombiana abrió un puesto de mando de cooperación internacional para recibir una respuesta del exterior que ha sido masiva. EE.UU. anunció el despliegue de un equipo Equipo de Respuesta de Asistencia ante Desastres y 15,5 millones de dólares. Suiza aprobó una partida de 1 millón de francos (unos 1,23 millones de dólares) destinada al Programa Mundial de Alimentos y a la reconstrucción. En el ámbito multilateral, el Banco Mundial destinó 200.000 dólares y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe aportó 500.000 dólares, mientras que otros organismos internacionales han ofrecido propuestas por 1.300 millones de dólares.
En la región, el Gobierno de Perú dispuso un avión Hércules de la Fuerza Aérea con 12,5 toneladas de ayuda humanitaria y coordinó el envío de 62 rescatistas del grupo USAR. Ecuador anunció la habilitación de centros de acopio en Quito y Guayaquil entre el miércoles y el viernes, además de ofrecer 47 rescatistas, canes especializados y bomberos. El Salvador por su parte ha enviado 50 toneladas de suministros que se suman a las más de 58 toneladas enviadas también por México.