El colesterol es necesario para el organismo, pero mantener unos niveles adecuados es importante para la salud cardiovascular.
Cuando el colesterol LDL, conocido como colesterol "malo", está elevado, favorece la acumulación de grasa en las arterias y aumenta el riesgo cardiovascular. Por ello, la alimentación desempeña un papel fundamental.
Rosalyn Moragues Pizzio, licenciada en nutrición y creadora de contenido, recomienda incorporar determinados alimentos a la dieta para ayudar a mejorar los niveles de colesterol.
Entre sus recomendaciones destaca la avena, rica en fibra soluble e ideal para reducir la absorción intestinal de colesterol, por lo que favorece un perfil lipídico más saludable.
Otro alimento a reseñar son las semillas de chía, que aportan fibra y grasas insaturadas. Pueden incorporarse fácilmente a yogures, ensaladas, batidos o preparaciones de desayuno, siempre dentro de una alimentación variada y equilibrada. "Lo ideal es hidratarlas o activarlas para obtener todos sus nutrientes", señala.
Las verduras ricas en antioxidante, como el brócoli, la acelga y la zanahoria, también son opciones ideales. Su contenido en fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos vegetales las convierte en alimentos muy recomendables para incluir habitualmente en la dieta.
Los frutos secos, especialmente nueces y almendras, son otra de las opciones recomendadas. Aportan grasas insaturadas y otros nutrientes que pueden contribuir a mantener una alimentación favorable para la salud cardiovascular. Para aprovechar sus beneficios, lo recomendable es optar por versiones sin sal o azúcar.
La lista se completa con los pescados grasos, como el salmón, las sardinas o la caballa. Estos pescados destacan por su contenido en ácidos grasos omega-3, por lo que pueden formar parte de una dieta equilibrada orientada al cuidado cardiovascular.
Hábitos saludables
No obstante, incluir estos alimentos no significa que por sí solo vaya a normalizarse un nivel elevado de colesterol.
La alimentación debe entenderse como parte de un conjunto de hábitos que también incluye actividad física, un peso saludable y un seguimiento médico. En algunas personas, además, puede ser necesario recurrir a tratamiento farmacológico.