Vida y estilo

Buckingham Palace: 775 habitaciones..., y un rey que prefiere dormir en otro sitio

Carlos III rompe dos siglos de tradición al renunciar a vivir en un edificio tan fascinante como descomunal que esconde historias de fantasmas, túneles secretos, intrusos, piscinas y hasta un cajero automático
El rey Carlos III y la reina Camila no vivirán en Buckingham Palace. / Europa Press

Dicen que una casa solo se convierte en hogar cuando uno tiene ganas de volver a ella. Y, por lo visto, el rey Carlos III nunca ha sentido demasiado apego por Buckingham Palace. Tras años de especulaciones, el monarca británico ha confirmado que, una vez concluyan las millonarias obras de rehabilitación del edificio, ni él ni la reina Camila se instalarán allí. Buckingham seguirá siendo la gran sede institucional de la monarquía británica, escenario de balcones históricos, recepciones y actos oficiales, pero no será la residencia habitual de los reyes, que prefieren continuar viviendo en Clarence House, apenas unos cientos de metros más allá.

Palacio de Buckingham. EP

La decisión supone un pequeño terremoto para la Corona británica. Desde que Winston Churchill convenciera a Isabel II para instalarse allí al acceder al trono en 1952, Buckingham había sido la residencia oficial de todos los soberanos. Aunque, en realidad, ni siquiera la propia Isabel II sentía una pasión desmedida por el edificio. Dormía allí cuando la agenda lo exigía, pero siempre encontraba la felicidad en Windsor, Balmoral o Sandringham, mucho más acogedores y alejados del bullicio londinense.

Y es que Buckingham impresiona..., pero también abruma. Porque más que un palacio parece una pequeña ciudad. Sus cerca de 77.000 metros cuadrados albergan nada menos que 775 habitaciones, de las cuales 52 son dormitorios reales y de invitados, 188 corresponden al personal, 92 son oficinas y otras 78 son baños. En su interior también hay piscina cubierta, pista de tenis, cine privado, capilla, consultorio médico, cafetería, oficina de correos, talleres de restauración, cocinas industriales e incluso un cajero automático instalado para uso de la familia real.

Mantener semejante monstruo arquitectónico no resulta precisamente barato. La reforma integral iniciada hace años, destinada a modernizar instalaciones eléctricas, tuberías y sistemas de seguridad, supera ya los 430 millones de euros y se prolonga durante una década. Una cifra mareante incluso para una de las monarquías más ricas del planeta.

Ni siquiera la propia Isabel II sentía una pasión desmedida por el edificio. En 1982, un cuidadano llamado Michael Fagan consiguió colarse hasta en dos ocasiones 

Pero si algo convierte Buckingham en un lugar único no son sus dimensiones, sino las historias que esconden sus paredes. Pocos olvidan lo ocurrido en 1982, cuando un ciudadano llamado Michael Fagan consiguió colarse hasta en dos ocasiones dentro del palacio. En la segunda llegó incluso a sentarse en la cama de Isabel II mientras la reina dormía. Aquella imagen dio la vuelta al mundo y provocó uno de los mayores escándalos de seguridad de la historia.

También existen leyendas menos inquietantes..., o quizá más. Empleados y antiguos trabajadores aseguran haber visto durante décadas la figura de un misterioso monje paseando por algunas terrazas y jardines interiores. Nadie ha logrado demostrar su existencia, pero el supuesto fantasma continúa formando parte del folclore no oficial del edificio.

Bajo sus cimientos también se esconde otro de sus grandes secretos. Una red de túneles conecta Buckingham con distintos puntos estratégicos del centro de Londres. Durante años sirvieron para facilitar desplazamientos discretos de miembros de la familia real y del personal de servicio sin necesidad de atravesar las concurridas calles de la capital. Hay incluso un empleado cuya única misión consiste en dar cuerda y mantener sincronizados más de 350 relojes repartidos por todo el edificio. Una tarea que parece sacada de una novela de Agatha Christie.

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Eso sí, no todo son lujos. Buckingham también presume de una curiosa conciencia ecológica. Dispone de un pozo propio para abastecer parte de sus instalaciones sanitarias y utiliza sistemas de ahorro de agua que lo convierten en un ejemplo de sostenibilidad dentro del patrimonio histórico británico.

Paradójicamente, el edificio más famoso de la monarquía ya no será el hogar de sus reyes. Quizá porque Carlos III entiende que los tiempos han cambiado. Hoy Buckingham funciona mejor como gran escaparate institucional, museo vivo y símbolo de la Corona que como residencia familiar. Y quizá tenga razón. Porque resulta difícil imaginar un hogar cuando uno vive rodeado de 775 habitaciones, cientos de empleados, turistas fotografiando cada ventana..., y un fantasma que, según cuentan, todavía pasea tranquilamente por los jardines.

26/07/2026