El bar Goiherri es un clásico del barrio Hegialde de Legazpi. Un lugar de encuentro para vecinos de todas las edades, desde hace varias generaciones. Ha pasado por varias manos y en la actualidad vive una segunda juventud, de la mano de Jon Agirre Jaurrieta. Agirre nació en el barrio, vive en el barrio y cuando era un niño iba al Goiherri de la mano de su abuelo Félix. Antes comía albóndigas y ahora prepara una tortilla de patatas que ha ganado varios premios y atrae a clientes de toda la zona.
Agirre dejó pronto los estudios y empezó a trabajar en la hostelería. “Empecé a trabajar de camarero, metiendo un montón de horas. Tengo 28 años y empecé a trabajar con 18, en el Hokaba de Urretxu. Allí me inculcaron la pasión por la hostelería y decidí dedicarme a ello. Después trabajé en el Branigans de Urretxu. Una noche que no pudo venir una cocinera, me pasaron a la cocina y el jefe me dijo que se me daba muy bien. En casa siempre me ha gustado hacer experimentos de cocina. Trabajé también en el Aitube Berri de Urretxu y después cogí el Goiherri. Yo me encargo de la cocina y mi pareja (Amaia Estalayo) de la barra”.
Tenía claro que cuando llegara la hora de tener su propio negocio, ese iba a ser el Goiherri. “Era un bar al que le tenía mucho cariño. En este mismo comedor celebré mi comunión. Muchos viernes y muchos sábados venía con mi abuelo, con mi tío… Comíamos albóndigas y demás. Para mí siempre ha sido un bar icónico para Legazpi. Siempre que imaginaba mi futuro, en él aparecía el Goiherri. Vimos en Internet que lo ponían en alquiler y no lo pensé ni un segundo: me lancé a por él. Somos muy amigos de la familia propietaria, los Otaegi, y todo fue muy sencillo”.
Está muy contento. “Llevamos dos años y parece que hemos dado con la tecla. No llegamos con una idea fija. Nos hemos ido amoldando. Ahora mismo el plato estrella es la tortilla. Hemos quedado segundos en el campeonato de Euskadi, el año pasado me dieron el reconocimiento de joven promesa de la tortilla en España… Sabía que mi tortilla estaba rica, pero mi idea no era trabajar tanto con la tortilla. Pero la gente empezó a venir, el crítico Josema Azpeitia me dijo que la tortilla estaba muy buena, me llevó al campeonato de Gipuzkoa, quedamos segundos...”.
Tortilla con un toque personal
Hace una tortilla parecida a la que hacían en el Aitube Berri, pero él le ha dado su toque. “Hacemos una tortilla del estilo de la gallega, con el huevo muy poco cuajado. También intento hacer tortillas creativas: tortilla carbonara, tortilla de oreja de cerdo… Los huevos se los compramos a la empresa Gallega Coren y las patatas al patatero del barrio”.
Hacen muchas tortillas. “Los fines de semana hacemos de 15 a 20. Hay días de 30 tortillas. El tiempo influye mucho, pues estamos apartados del centro del Legazpi. Viene mucha gente a encargar tortillas. También viene gente de fuera, que se ha enterado por la prensa. Estamos orgullosos de llevar el nombre de Legazpi allá donde vamos”.
Pero no solo de tortillas vive el Goiherri. “Destacamos también por la casquería. Hacemos oreja de cerdo, callos, carrilleras, platos combinados, hamburguesas para los jóvenes… Hacemos cocina sencilla con producto de calidad. La gente agradece poder comerse unos buenos callos. Es algo cada vez más difícil encontrar. Viene gente de todas las edades”.
La gente del barrio agradece que el Goiherri siga abierto. “Mis padres viven aquí, nosotros vivíamos en Zumarraga y acabamos de comprar un piso aquí mismo… Soy de Legazpi de toda la vida. Me he criado en este barrio. Estoy encantado de servir al barrio y de que la gente del barrio venga. Saben quién soy y están muy a gusto. Entre los clientes está mi abuelo. Tiene 91 años y no hay día en el que no venga y se tome sus dos vinitos con sus callos. No falla un día. Es el cliente más fiel. Me hace muy feliz servir a mi abuelo y al resto de los vecinos de mi barrio”, concluye.