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La escritora de Legazpi Ane Odriozola da un giro repentino a su trayectoria en la novela histórica con Veredicto, un innovador thriller judicial ambientado en la capital guipuzcoana. De esta forma, la autora reflexiona sobre los dilemas del jurado popular, el peso de la presión mediática en la justicia contemporánea y el reto que supone ponerse en la piel de acusados y víctimas, aunque sea desde la ficción.
Ha asistido a juicios y hablado con fiscales y ertzainas para documentarse al narrar Veredicto. ¿Cuál es el detalle más sorprendente sobre el funcionamiento de la justicia que ha descubierto?
Yo pensaba que el veredicto era “culpable o inocente”, punto. Una votación de 9 personas diciendo: “Venga, que levante la mano el que cree que es culpable”. Y resulta que no es así. Lo que se le da al jurado es una lista de preguntas, unos hechos, y ellos tienen que votar si cada uno ha sido probado o no. La deliberación es lo que más me ha sorprendido, yo no pensaba que era así.
¿Ha encontrado su propia respuesta al dilema que plantea en la obra sobre si es preferible dejar a un culpable en la calle o enviar a un inocente a prisión?
Me parece una pregunta muy difícil de contestar, pero si tengo que mojarme y elegir una, yo creo que enviar a un inocente a prisión es mortal. Sin tener ninguna culpa y que te toque ir a la cárcel porque unas personas han decidido que tú eres culpable... Las dos opciones son malas, pero la peor de las dos creo que es esa.
De hecho, refleja en la novela cómo afecta la imagen mediática negativa con el caso real de Dolores Vázquez en los 2000, que pasó más de 500 días en prisión siendo inocente. ¿Ha cambiado algo?
Ahora nos da más miedo. Todo el mundo lo que me dice es: “Ojalá no me toque ser miembro del jurado popular”. La gente con la que he hablado que sí lo ha sido opina que es un proceso muy complicado, porque cargas sobre tus hombros con la responsabilidad de decidir sobre otra persona. Es muy difícil.
Recientemente, casos como el de Begoña Gómez han reabierto el debate sobre la fiabilidad del jurado popular. ¿Un ciudadano sin formación jurídica está realmente preparado para una responsabilidad tan grande?
Realmente, es lo que piden. Una de las condiciones para ser miembro del jurado popular es no tener ningún conocimiento de Derecho. Están preparados cada uno en su medida, porque hay gente tan dispar dentro de ese juicio... Desde el momento en el que buscan gente con sentido común y nulo conocimiento de leyes, lo forman así.
El personaje de Borja Miranda y sus amigos recreaban crímenes reales para la deep web. ¿Hasta dónde cree que está llegando la fascinación y la monetización del morbo en la sociedad actual?
No sabemos realmente hasta dónde estamos llegando. Yo menciono la deep web, nunca he entrado, pero si te metes un poco vas descubriendo pinceladas de decir: “¿De verdad esto puede existir? No me lo puedo creer”. En esta novela sí que hay algunos pasajes que te trastocan todo y, de hecho, hay gente que está en este tema que la ha leído, que me dice: “No creas que está muy lejos de la realidad lo que has plasmado en el libro”, aunque haya sido ficción y me lo haya inventado yo.
Hablando de personajes, Karmele Beltrán intenta separar los hechos de la especulación en su labor como periodista. ¿Sirve esta profesión como contrapeso al juicio público?
No hay duda de que el trabajo de los periodistas es imprescindible, pero encima tiene mucho peso. Por eso mismo, quería tener a una periodista, ella es la que ha conseguido con un artículo suyo que el padre de Lander sea el hombre más odiado de la ciudad. Entonces, se siente en deuda, porque dice: “Claro, es que debido a mi trabajo, ahora mismo todo el mundo cree que el hijo de alguien así solo puede ser culpable”. Se siente en la responsabilidad de decir: “No, no tiene por qué ser así. Una cosa es el padre y otra cosa es el hijo”, y por eso ella decide contar el juicio desde su punto de vista para darle el beneficio de la duda al chaval, a Lander. Porque sabe que, si no lo hace, “de tal palo, tal astilla” va a ser la premisa de todo el mundo.
Veredicto está ambientada en Euskal Herria y aporta una nueva mirada al euskal noir. ¿Qué elementos cree que diferencian a esta novela dentro del género negro?
En el euskal noir hay mucho thriller policíaco, sobre todo. Tenemos escritores euskaldunes muy buenos. Este es distinto, porque es judicial, y no hay mucho thriller judicial. De hecho, creo que en los últimos tiempos este va a ser de los pocos que hay en España, en América tenemos a John Grisham, que es un especialista. La especialidad de esto es que a cualquiera nos puede tocar ser miembro de un jurado popular. A lo mejor un asesinato en no sé dónde con la policía investigando te puede resultar ajeno, pero este tema que trata Veredicto no es tan ajeno desde el momento en el que se realiza el sorteo y a cualquiera nos puede llegar la carta a casa diciendo: “Te acaba de tocar”.
Igual que toca en ese caso enfrentarse al cargo de conciencia...
No empiezas el juicio de la misma manera de la que acabas. Aunque digas como la protagonista del libro: “Me ha tocado estar aquí, no puedo decir que no, lo voy a hacer bien”. Ella misma va notando cómo evoluciona a lo largo de las sesiones cuando todo se vuelve del revés y acaba diciendo: “En que momento me ha tocado a mí...”.