Vida y estilo

Anayet y Espelunciecha, una espectacular ruta entre ibones en el Pirineo

Visitamos unos de los lugares más espectaculares del Pirineo, uno que justifican por sí mismo un viaje hasta aquí

Desde el aparcamiento del Portalet, esta ruta circular nos conduce hasta los espectaculares ibones de Anayet y el menos transitado ibón de Espelunciecha. Son casi once kilómetros de paisajes extraordinarios entre antiguas montañas volcánicas, leyendas pirenaicas y senderos panorámicos.

DATOS PRINCIPALES

· Kilómetros: 11 km

· Desnivel positivo: 600+

· Duración: corriendo 2:00h / Caminar - correr: 2:30h / Senderismo 3:15h

LLEGADA AL PUNTO DE PARTIDA 

· Desde Pamplona, vamos al sur por la A-15. En Noain cogemos la A-21 hasta Jaca donde por la A-23 llegamos a Sabiñánigo. En este punto salimos a la N-260a hasta Biescas donde nos desviamos al norte por la A-136. Justo antes de la frontera con Francia, pasado Formigal tenemos el aparcamiento del Portalet.

· Desde Donostia tenemos la opción de ir por Pau por la A-54 y luego al sur por la A-134 y la D-934 hasta el Portalet. Otra opción es la A-15 hasta Pamplona y seguir las indicaciones del primer punto

· Desde Bilbao, podemos ir por Vitoria hasta Pamplona y partir de ahí seguir las indicaciones del primer punto. También está la opción de ir por A-8 hasta Donostia y seguir las indicaciones del punto dos a partir de ahí.

· Desde Vitoria, salimos al este por la N-1 hasta Alsasua para seguir por la A-10 y la A-15 hasta Pamplona y seguir a partir de ahí las primeras indicaciones.

DESCRIPCIÓN  

Al bajar del coche, cuando levantamos la vista ya intuimos que la jornada promete. Frente a nosotros se despliega un inmenso escenario de laderas verdes, crestas, barrancos y montañas que parecen marcar la frontera entre dos mundos. Nuestro objetivo es alcanzar los ibones de Anayet, uno de los rincones más espectaculares del Pirineo aragonés, pero el recorrido nos reserva muchas sorpresas antes de llegar hasta ellos.

Partimos de Portalet Gonzalo Pérez Zunzunegui

La ruta comienza en uno de los grandes aparcamientos de la estación de esquí de Formigal, muy cerca de la frontera francesa. Los primeros pasos discurren por la pista de Batallero, que fuera de la temporada de nieve se transforma en un cómodo acceso para ganar altura sin grandes complicaciones más allá del desnivel superado de manera progresiva. Las instalaciones van quedando atrás y el paisaje comienza a imponerse por completo. La subida hasta el collado Batallero es ideal para entrar en calor. La montaña se abre poco a poco ante nuestros ojos y cada parada para mirar atrás regala una panorámica mejor que la anterior. Los perfiles de las cumbres cercanas aparecen cada vez más definidos y la sensación de estar entrando en territorio de alta montaña aumenta según avanzamos.

Hemos subido por la pista Batallero Gonzalo Pérez Zunzunegui

Al alcanzar el collado abandonamos definitivamente la ancha pista para coger el sendero que conduce hacia el ibón del Naipe. El camino va a estar bien marcado durante el resto del recorrido y, cuando pierda definición, los Cairns se encargan de guiarnos. El pequeño ibón aparece discreto, escondido entre las laderas. No tiene la fama de sus hermanos mayores, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. Su superficie tranquila refleja las montañas cercanas y ofrece un primer adelanto de lo que encontraremos más adelante.

CONSEJOS PARA REALIZAR ESTA RUTA 

Hidratación. Tenemos cero fuentes en todo el recorrido, en época de primavera u otoño es posible coger agua de algún arroyo pero imprescindible pastillas potabilizadoras. Además llevar buena cantidad de agua de inicio

Calzado. Calzado que agarre bien en roca es importante, por seguridad ya que hay bastante piedra y los senderos son estrechos

Dificultad. Moderada por el desnivel alcanzado en poco trayecto. Y también por lo técnico en alguna parte del recorrido, pero nada que con cuidado no podamos hacer frente.

Desde aquí continuamos dejando a nuestra izquierda la cabaña de la Glera y, a medida que nos acercamos a la cresta de Espelunciecha, el terreno cambia ligeramente. El sendero se estrecha y faldea la vertiente izquierda de la cresta que separa este valle del barranco del mismo nombre. No presenta dificultades importantes ni pasos expuestos de consideración, pero sí exige caminar con atención, especialmente cuando el terreno se vuelva algo más pedregoso.

Ibon del Naipe Gonzalo Pérez Zunzunegui

Es uno de los tramos más bonitos de la ruta. La senda parece colgada sobre las laderas, permitiendo contemplar continuamente nuevos puntos de vista. A un lado se extienden los pastizales de altura; al otro, la cresta de Espelunciecha acompaña nuestro avance como una muralla natural. Poco después enlazamos con el GR-11, el gran sendero pirenaico que en este punto asciende desde el aparcamiento de Anayet siguiendo el barranco de Culivillas. El incremento de excursionistas indica que estamos acercándonos a uno de los destinos más populares del Pirineo aragonés.

LOS IBONES DE ANAYET

Ver el gran ibón por primera vez impresiona. Ocupa el centro del paisaje como un espejo inmóvil, mientras el pequeño descansa unos metros más abajo, ligeramente desplazado hacia la derecha. Y dominándolo todo se alza la inconfundible silueta del pico Anayet. Su color oscuro y su forma característica destacan claramente sobre el resto de los relieves de la zona. Aparece al fondo, una de las montañas más reconocibles de todos los Pirineos: el majestuoso Midi d’Ossau.

Vistas al Midi Gonzalo Pérez Zunzunegui

Las vistas desde este lugar son sencillamente extraordinarias. El valle de la Rinconada, el Pico Baguer y toda la sucesión de montañas que separan España y Francia forman un inmenso anfiteatro natural donde resulta difícil decidir hacia dónde mirar. Sentados junto al agua, con semejante panorama delante, el tiempo parece detenerse. Aunque muchos visitantes lo desconocen, el pico Anayet constituye uno de los vestigios volcánicos más interesantes de los Pirineos. Sus rocas tienen más de 250 millones de años y pertenecen a antiguos procesos volcánicos muy distintos a los que dieron origen a buena parte de las montañas vecinas. Esa peculiaridad explica el aspecto tan singular que presenta respecto a otros picos del entorno.

Ibon de Anayet y Pico Anayet Gonzalo Pérez Zunzunegui

Tampoco faltan las leyendas vinculadas al Midi d’Ossau. Una de las más conocidas cuenta que la montaña sería un gigante petrificado por desafiar a las fuerzas de la naturaleza. Quizá por todo esto resulta tan sencillo quedarse observando los ibones durante largos minutos. Hay lugares que poseen una belleza evidente y otros que además transmiten una extraña sensación de antigüedad. Anayet pertenece claramente a esa segunda categoría. Para los montañeros más inquietos existe además la posibilidad de ascender al pico Anayet. Hay que destacar que en la parte final incluye algunos pasos equipados con cadenas que obligan a extremar la precaución y a evolucionar con seguridad. Con buenas condiciones y experiencia es una ascensión muy atractiva que permite contemplar desde arriba buena parte del Pirineo occidental.

POR EL IBON DE ESPELUNCIECHA

Tras el descanso iniciamos el regreso, pero todavía nos queda por descubrir uno de los rincones más tranquilos de toda la jornada. En la zona de la Glera tomamos una senda a la izquierda que atraviesa la cresta de Espelunciecha. El cambio resulta sorprendente. Mientras en los ibones de Anayet coinciden numerosos excursionistas durante buena parte del año, aquí el ambiente se vuelve mucho más solitario.

La senda nos deja un paisaje espectacular Gonzalo Pérez Zunzunegui

El sendero desciende suavemente hacia el ibón de Espelunciecha, escondido entre suaves laderas herbosas y rodeado por un paisaje mucho menos frecuentado. Quizá no posea la espectacularidad inmediata de Anayet, pero ofrece algo igualmente valioso: tranquilidad. Tras dejar atrás el ibón superamos el barranco y conectamos con la pista-senda de Canal Roya. El regreso resulta cómodo y permite disfrutar de los últimos paisajes mientras el Portalet reaparece poco a poco en la lejanía.

Vistas desde los ibones de Anayet Gonzalo Pérez Zunzunegui

No es difícil entender por qué Anayet aparece siempre entre las excursiones más recomendadas del Pirineo. La ruta reúne prácticamente todo lo que un amante de la montaña puede pedir: senderos variados, lagos de origen glaciar, paisajes de alta montaña, historia geológica, leyendas populares y panorámicas capaces de detener cualquier conversación. Hemos visitado uno de esos lugares que justifican por sí solos un viaje a los Pirineos.

PLANES ALTERNATIVOS 

Aquí van varias propuestas extras con las que completar nuestra jornada:

· Sallent de Gállego: Apenas a unos minutos de Formigal. Es uno de los pueblos con más encanto del Valle de Tena, con casas tradicionales de piedra, calles estrechas y la iglesia gótica de Nuestra Señora de la Asunción.

· Embalse de Lanuza: Justo antes de llegar a Sallent. Muy recomendable recorrer el pueblo de Lanuza y acercarse al embalse para fotografiar el reflejo de la Peña Foratata en sus aguas. Además, es el escenario del Festival Pirineos Sur.

· Tren de Artouste (Francia): Si aún queda tiempo y energía, es probablemente la visita más espectacular de la zona. Se encuentra cerca del Portalet y permite atravesar paisajes de alta montaña con vistas privilegiadas al Midi d'Ossau

Desde el punto de vista documental y fotográfico es una auténtica joya.

· Balneario de Panticosa: Si el objetivo es terminar el día con calma, pocos lugares mejores. Historia, arquitectura de montaña y aguas termales en uno de los enclaves más emblemáticos del Pirineo aragonés.

03/10/2026