Polideportivo

Włodarczyk florece en Amorebieta

La polaca conquista la segunda etapa de la Itzulia Women que domina Mischa Bredewold, segunda en meta, donde Usoa Ostolaza es sexta
La polaca celebra la victoria en Amorebieta. / Gaizka Portillo/ Markel Fernández

Quedaban los rescoldos humeantes de la lluvia, del recuerdo de un invierno que no se va aunque mayo ha girado el rostro para otear junio e imaginar el verano. A la Itzulia Women le perseguía el danza de la lluvia y una temperatura tirando a baja.

Tal vez por eso, se enroscó el pelotón, anillado unas a otras en el segundo día de competición, entre Abadiño y Amorebieta, de la carrera vasca, que entrelaza un tríptico de clásicas.

El final remitía a los días floridos de la Clásica de Primavera, una de las citas más queridas y prestigiosas de Euskal Herria hasta que dejó de respirar, víctima del cambio del paradigma del ciclismo, de su inflación y globalización.

Quedaron las pruebas más fuertes. Ley de la selva. Perdura aún la carrera para juveniles. La Itzulia Women rescató el espíritu de antaño sin nostalgia, aferrada al pulso formidable de la competición.

Włodarczyk, sublime

Vibró Amorebieta con el ajustadísimo final, en el Dominika Włodarczyk estalló de júbilo. Se lo mereció la polaca, que se destapó en Autzagane junto a Van Anrooij en un movimiento táctico inteligente, para alzar los brazos en el corazón de la localidad vizcaina en un apurado esprint.

Consciente del logro, se sentó en el suelo, se agarró la cabeza y trató recuperar el resuello desde la emoción. La neerlandesa y la polaca soportaron la persecución de Bredewold y el resto de favoritas en un desenlace febril.

Usoa Ostolaza firmó la sexta plaza. La líder, sensacional, a punto estuvo de acabar con la alegría de Włodarczyk, que sonrió una victoria en el límite.

Bredewold se quedó con el casi, pero fortaleció el liderato a la espera de la resolución de este domingo en Donostia. Queda todo por resolver. La Itzulia Women llegará viva y muy abierta.

Conocedora de la igualdad que preside la carrera, la neerlandesa amplió la renta a través de las bonificaciones, que son puro oro en pruebas cortas. Dispone de 16 segundos respecto a Kastelijn y 17 con Riejanne Markus. Ostolaza es novena a 39 segundos de Bredewold.

Quedaron atrás Trabakua, Miloi, Natxitua y San Pelaio. Ni las subidas ni la aventura en solitario de Nosková lograron el quebranto del pelotón, reunido y apelmazado camino de Aretxabalgane, la última cota de una jornada repleta de toboganes.

El tesoro de las bonificaciones

La ausencia de movimientos violentos sonreía a Mischa Bredewold, la líder. La neeelandesa, cinco victorias parciales en sus tres cursos en la Itzulia, dominaba la escena. Incluso sumó una bonificación en un esprint con Lippert antes de alcanzar Fika. Crecía el botín para su causa.

Se aceleró el paso en busca de Aretxabalgane, 4,6 km al 5,4% y alguna rampa picante que alcanzaba el 8% de desnivel. Se agitó el avispero. Caroline Andersson tomó el testigo de Jansen. Se serenó el pelotón, numeroso, sin la criba de la víspera. Reinaba la calma hasta que se desató la tormenta.

Solo Andersson parecía tener prisa en una ascensión tendida, sin sobresaltos, ni demasiada lija. Niedermaier y Berthet, amenazantes, se encresparon. Fue el despertador para Lippert. Elevó el mentón del orgullo. Al igual que Muzic.

En la cresta de Aretxabalgane, se alejaron un metros de Bredewold. Ostolaza rodaba en paralelo a la líder. En el descenso, con ronchones de humedad, terso el asfalto, se empastó el destino de todas ellas. Unidas. Giraba la ruleta de nuevo.

Lippert, indomable, se expuso de nuevo con un contraataque. Valerosa, agarró un pellizco de segundos sobre Bredewold y el resto de favoritas, que no acababan de reaccionar.

Entonces la mala fortuna tocó el hombro de Lippert y le derribó en una curva. Se fue al suelo. La esperanza se arrastraba con ella en el suelo.

Quedaron en pie las mejores. Iniciaron los cálculos. El juego de máscaras. Se sentía el pálpito de Amorebieta al fondo, el lugar en el que encumbrarse. Las miradas desconfiadas, el bizqueo, era el lenguaje que se tejía en el grupo. Tensa espera.

La ganadora. Markel Fernández

Van Anrooij y Dominika Włodarczyk se adelantaron en la subida a Autzagane. A todo o nada. Ciclismo a dos tintas. Bredewold les veía a lo lejos. La persecución se instaló en la emoción. Vibrante.

La neerlandesa y la polaca lanzaban fuego. Diez segundos en el último kilómetro ante el dragón del pelotón. Contemporizaron por un instante Van Anrooij y Dominika Włodarczyk.

Echaba humo Bredewold, que lanzó el esprint. Se quedó a un palmo de vencer de nuevo. La distancia que salvó a la polaca, primavera en meta. Włodarczyk florece en Amorebieta.

16/05/2026