Polideportivo

Wellens conquista la tierra prometida

El belga, con un ataque a más de 60 kilómetros, se exhibe en la Clásica de Jaén en otra actuación alucinante del UAE, el equipo invencible
Tim Wellens festeja la victoria. / Clásica de Jaén

En la Clásica Jaén, apelmazados los caminos de tierra por la lluvia de las jornadas precedentes, se recortó el recorrido y amputaron varios kilómetros de sterrato. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, recitaba Antonio Machado.

Probablemente Tim Wellens no recite a Machado, pero hizo caso a su poesía con la prosa del trabajo y el zurrón de la agonía colgando de su cuerpo para llegar a la tierra prometida y conquistarla.

Segundo en 2022, tercero en 2023 y cuarto en 2024, ondeó, al fin, victorioso, su bandera por delante de Tom Pidcock, segundo, y Jan Christen, que había cerrado el podio.

Van Gils se estrelló en esa lucha cuando perdió el control de su bici después de una discutible maniobra del suizo, que le cerró contra las vallas. Finalmente fue descalificado por los jueces. La tercera plaza se la quedó Cosnefroy, otro colega de Wellens en el UAE.

El campeón de Bélgica completó una oda al ciclismo en la carrera que se adhiere a la tierra, que se adentra en sus entrañas. En el entramado laberíntico de los caminos que se entreveran en el mar de olivos, a Wellens le guio el instinto del ganador.

En su sistema nervioso, el belga se sacudió la tierra con un ataque a 63 kilómetros de la gloria. Una odisea entre olas de tierra y caminos de labranza. Se tachonó a él Donovan hasta que el belga, fuerte y obstinado, se desprendió del marcaje del inglés después de que este le atacara cuando restaba otro mundo.

En las trincheras de tierra, Wellens, que enseñó los secretos de la París-Roubaix a Pogacar el pasado curso, se encorajinó como un poseso, a modo de un loco aventurero.

Componente del UAE, el equipo invencible, un hidra de ganadores, Wellens se regaló una exhibición entre las sendas de tierra, pastosas por la humedad.

Colosal, alfarero de su destino, talló una victoria formidable. Ni las arenas movedizas hubieran podido hundir a Wellens en un ejercicio de brutalismo. El belga volaba a pesar de la fatiga que le ralentizó en el ocaso.

Imparable el belga

Ni el grupo de elegidos, con sus colegas Cosnefroy, Igor Arrieta y Christen, o rivales como Pello Bilbao, Mohoric, Pidcock o Van Gils podían atemperar a Wellens, camino del laurel en el tramo de Mar de Olivos, el más exigente de la clásica.

El cielo, con esa mezcla de tonos grises refugiaba el ímpetu de Wellens, al que le rastreaban Pidcock, Van Gils y Christen, en tareas de control. Le encimaron pero no pudieron tumbar su colosal actuación. En Úbeda tras el festejo de Wellens y la pelea por el podio, Pello Bilbao fue sexto e Igor Arrieta, séptimo. Ambos completaron una notable puesta en escena.

Wellens rueda durante su cabalgada en solitario. UAE / Sprint Cycling

En la carrera que nace y muere en Úbeda la garganta se desgasta con las melodías de Joaquín Sabina, nacido en Úbeda, y reposar el alma con el eco de los versos de Antonio Machado, que vivió en Baeza, unidos los genios por la poesía, la métrica y el esfuerzo de una tierra verde, que huele a olivos y sabe a aceituna, pero que tiene las manos ásperas y duras del trabajo. Tierra de labranza, de agricultores, de oro líquido.

¡Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea!, exclamó Antonio Machado, que vivió en Baeza, a una decena de kilómetros de Úbeda, donde despertó a la vida Joaquín Sabina, poeta de la calle, trovador de sueños y cantante de la melancolía. En Wellens había sueños y no calle melancolía.

Clásica de Jaén

Clasificación

1. Tim Wellens (UAE) 3h29:31

2. Tom Pidcock (Q36.5) a 48’’

3. Benoît Cosnefroy (UAE) 1:04

6. Pello Bilbao (Bahrain) m.t.

7. Igor Arrieta (UAE) m.t.

Entre olivos, los corazones de aceite que bombean el oro de Andalucía, sobresalen las cicatrices de tierra, el camino de los recolectores de olivas, las sendas del tajo. La ruta del esfuerzo, del trabajo y del sacrifico. Los olivos, sabios, viejos y resistentes alimentan esas tierras.

No hay cipreses, elegantes y solemnes que, enmarcan afilados los caminos de tierra de la Toscana, de sus vinos y sus paisajes cinematográficos. La clásica de Jaén se inspira en la Strade Bianche, pero no tiene su estética. Es tierra de trabajo Jaén.

Los parias de la tierra elevan el orgullo de quienes se rebelan en una carrera terrenal. Los olivos, los corazones que bombean el oro de Andalucía, sobresalen en las cicatrices de tierra, el camino de los recolectores de olivas. La ruta del esfuerzo y el trabajo hermanado.

Los surcos de las manos que se agrietan invocan al sacrifico, al dolor de piernas y al esfuerzo de la agonía. En esos parajes de supervivencia, el belga encontró el oro líquido tras escarbar durante una larga marcha. La tierra es para quien la trabaja. Wellens conquista la tierra prometida.

16/02/2026