Polideportivo

Vuelve el clásico Mourinho

El técnico del Real Madrid recupera su viejo discurso tras el derbi y convierte el arbitraje en protagonista de una derrota que evidenció serios problemas de juego
Jose Mourinho escucha al colegiado Miguel Ángel Ortiz Arias durante el Atlético de Madrid-Real Madrid. / Europa Press

El Real Madrid perdió el derbi en el Metropolitano y salió de él con algo más que una derrota. El 2-1 ante el Atlético de Madrid dejó al equipo de Jose Mourinho por detrás del conjunto rojiblanco en la clasificación y ya a seis puntos del liderato que defiende el Barcelona, pero también recuperó una vieja conversación. La que siempre ha acompañado al entrenador portugués a lo largo de su carrera: la sensación de injusticia arbitral.

Desde su regreso a Chamartín, Mourinho había ofrecido un tono mucho más contenido, una versión que parecía nueva, la un entrenador mucho más sosegado y prudente. Había hablado de fútbol, de sus jugadores, de los sistemas, de la presión alta, de la gestión de la plantilla. Hasta que el pasado 14 de septiembre, en la rueda de prensa previa al partido contra el Elche, el portugués aguardó al final de la charla para lanzar: “¿Ninguna pregunta sobre los penaltis? Extraño… ¿no?”. Lanzó la piedra y escondió la mano.

La referencia era evidente. Hacía alusión a los penaltis señalados a favor del Barcelona ante el Levante y del Atlético frente a la Real Sociedad durante aquella jornada. No entró a valorar las jugadas ni afirmó directamente que hubiera un trato desigual. Dejó la pregunta suspendida en el aire sembrando dudas sobre el sistema arbitral.

Una imagen de Mourinho en el banquillo del Metropolitano. Europa Press

Mourinho recupera su esencia

Hasta que llegó el derbi y el contexto deportivo se complicó. Entonces apareció el clásico Mourinho, el de siempre. El de las fotografías sobre la mesa, las preguntas incómodas, las alusiones al Comité de Árbitros y las frases capaces de convertir el debate arbitral en el eje de una derrota deportiva que escondía carencias.

“Podríamos ahorrar la conferencia porque la historia del partido está aquí”, dijo nada más sentarse en la sala de prensa del Metropolitano mientras mostraba dos imágenes. “Son dos tarjetas rojas claras”. Se trataba de las acciones de Cuti Romero sobre Jude Bellingham y de Kang-In Lee sobre Fede Valverde, dos jugadas de la primera parte en las que el técnico madridista entendió que el Atlético debió quedarse con nueve jugadores.

La primera acabó con amarilla para Romero después de que Miguel Ángel Ortiz Arias acudiera al monitor del VAR para revisar la entrada sobre la rodilla de Bellingham. La segunda, una entrada de Kang-In Lee sobre el tobillo izquierdo de Valverde, ni siquiera terminó en tarjeta. El uruguayo acabó lesionado y el Madrid utilizó la jugada como uno de sus principales argumentos de protesta.

Un equipo sin soluciones

Pero el problema del Madrid no estuvo únicamente en el arbitraje. El equipo de Mourinho tampoco encontró soluciones en ningún momento. La primera mitad fue cerrada, intensa y con pocas ocasiones. Después, el Atlético dio un paso adelante y el Real Madrid tuvo dificultades para sostener la posesión, progresar con el balón y generar peligro. La expulsión de Huijsen tras el penalti cometido sobre Giuliano Simeone terminó de cambiar el escenario, pero incluso antes de esa acción el conjunto blanco estaba a merced de la propuesta colchonera. El reflejo es la estadística de posesión de uno y otro: el Atlético finalizó con un 62% y el Madrid con un 38%.

El Atlético aprovechó la superioridad. Grimaldo convirtió el penalti y Jonathan David amplió la ventaja. El gol de Rüdiger en el minuto 89 llegó demasiado tarde, producto de un arrebato final. Hasta entonces, la producción ofensiva del Madrid había sido escasa y su primera gran ocasión de la segunda mitad no apareció hasta el tramo final. Un dato demoledor para los blancos es el hecho de que concluyó el encuentro con un 0,32 de goles esperados, que según Opta es el registro más bajo en un partido de liga desde febrero de 2015. Sin embargo, esa parte del análisis fue marginada en la rueda de prensa del técnico blanco.

El técnico abre el cajón de sus recuerdos

Mourinho decidió colocar el foco en el árbitro. Y lo hizo con su particular repertorio. “Quien tiene que estar feliz, obviamente más allá de la gente del Atlético porque se llevan los puntos, es el comité de designación arbitral”, lanzó. Después añadió: “Ha sido todo muy extraño”.

No se quedó ahí. El portugués cuestionó la elección de Ortiz Arias y la actuación del VAR, y volvió sobre decisiones arbitrales anteriores para construir el relato de injusticia. “Ya he entrado demasiado, no quería entrar más, pero cosas se han visto en las últimas semanas: el gol anulado a Osasuna es para reír, el penalti en San Sebastián es para reír y el penalti del Barcelona es para reír. La no expulsión contra el Athletic, con este señor que ha sido muy simpático con un chico (Lamine Yamal) que es un gran jugador, son cosas acumuladas”.

Mourinho protesta una decisión arbitral durante el partido. Europa Press

Ataque personal contra el colegiado

Es decir, para Mourinho la actuación del colegiado no fue un episodio aislado, sino el último capítulo de una serie de decisiones que, desde su punto de vista, están perjudicando al Real Madrid. Así, del “confío en él” de la previa del derbi, en alusión a Ortiz Arias, pasó al “en 41 años no tiene internacionalización, pues no será un gran árbitro. Y prosiguió arremetiendo contra la figura del trencilla: “El pobre ha venido aquí y no ha podido con la presión”

También criticó al árbitro de VAR, Daniel Jesús Trujillo Suárez. “El señor Trujillo lo ha llamado a la primera roja y no a la segunda, que es todavía más grave. Tiene una historia muy completa como VAR en los partidos del Real Madrid”, dijo, recordando jugadas: “Real Sociedad en la Copa, Osasuna, Girona… Es un VAR que tiene mucha historia”.

“Esta combinación de un pobre árbitro que solo ha hecho partidos pequeñitos y el señor del VAR, que tiene una gran historia contra el Real Madrid... Enhorabuena al comité de designación arbitral”, manifestó. El discurso ya no era una insinuación; era una guerra abierta declarada contra el arbitraje.

Una competición adulterada

De hecho, Mourinho puso en cuestión el escenario competitivo de LaLiga. “Yo pensaba que encontraba una liga diferente a la liga que yo he dejado. Me han dicho que no y me han explicado por qué no era diferente”, dijo. Y entonces, dio un paso atrás: “No quiero ir lejos y decir que esto estaba preparado. No quiero pensar en eso. Quiero pensar que simplemente se han equivocado”. Aunque por último recurrió a otra referencia a la que ha recurrido el madridismo en los últimos tiempos. Cuestionado por si consideraba que el campeonato estaba marcado por el caso Negreira, contestó: “Negreira ya no está, ¿no?, y, si no está, no está manchada por Negreira”.

Mourinho había logrado que las miradas no se centraran en la propuesta táctica, el estilo de juego o el desempeño de sus efectivos. Transformó la derrota en un ejercicio de imparcialidad, de victimismo, de alzamiento de sospechas. Y ahora, instalado ya este discurso, el que ha acompañado al luso durante su carrera en los banquillos y al Madrid en las épocas más recientes, el debate sobre el rendimiento futbolístico corre el riesgo de quedar enmascarado. Existió arbitraje y jugadas para la moviola, pero el equipo blanco fue superado al margen de las decisiones del colegiado; el Atlético terminó con 2,01 goles esperados. El clásico Mourinho ha vuelto.

21/09/2026