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Vivir gratis junto a un faro frente al Pacífico: la oferta que ha desatado una avalancha de candidatos

El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos buscaba un voluntario para trabajar junto a un histórico faro durante casi tres meses a cambio de alojamiento gratuito
Faro de Point Reyes (2009) / Wikimedia Commons

Vivir frente al mar, alejarse durante unos meses del ruido de las grandes ciudades y despertarse cada día junto a uno de los faros históricos más conocidos de Estados Unidos puede parecer el argumento de una novela. Sin embargo, durante las últimas semanas esa posibilidad se convirtió en una oferta real en California.

El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS) lanzó una convocatoria para incorporar a un voluntario residencial en Point Reyes National Seashore, una zona costera del condado de Marin, al norte de San Francisco. El puesto estaba previsto entre el 6 de noviembre de 2026 y el 1 de febrero de 2027, con una dedicación de 30 horas semanales repartidas en cuatro turnos de siete horas y media.

A cambio del trabajo, el seleccionado recibiría alojamiento sin pagar alquiler, además de determinados servicios incluidos. La oferta, sin embargo, despertó tanta expectación que las solicitudes tuvieron que cerrarse después de recibir una respuesta masiva.

La oportunidad tenía además un elemento especialmente llamativo: el escenario. El protagonista es el faro de Point Reyes, una construcción que comenzó a funcionar en 1870 y que durante más de un siglo sirvió para advertir a los barcos de los peligros de una costa especialmente complicada para la navegación.

Un faro histórico construido hace más de 150 años

El faro de Point Reyes fue construido en 1870 para alertar a los navegantes del riesgo que suponía la península, que se adentra varios kilómetros en el océano y que históricamente estuvo asociada a numerosos accidentes marítimos. El faro permaneció operativo durante 105 años, hasta que en 1975 dejó de utilizarse como instalación de navegación y fue sustituido por una luz automatizada situada cerca del edificio histórico.

Desde entonces, el lugar ha quedado integrado en Point Reyes National Seashore y se conserva como un elemento del patrimonio marítimo de la zona. Hoy el visitante puede conocer allí la historia del faro, su funcionamiento y la labor de las personas que durante décadas se encargaron de mantenerlo operativo. Ese patrimonio es el que debía ayudar a divulgar el voluntario seleccionado, cuya función actual está vinculada principalmente a la atención de visitantes y a la divulgación de la historia y el entorno natural de Point Reyes.

Chimney Rock, sendero de Point Reyes (2016). Par King of Hearts — Travail personnel, CC BY-SA 4.0

30 horas de trabajo a la semana a cambio de alojamiento

La convocatoria establecía una dedicación de 30 horas semanales durante cuatro días, con jornadas de siete horas y media. El voluntario debía trabajar junto a personal del parque y otros voluntarios y participar en las tareas relacionadas con la atención al público.

Entre sus funciones estaban recibir a los visitantes, responder preguntas y ofrecer explicaciones y pequeñas charlas sobre el faro, la fauna, la flora y la historia de la zona.

El gran atractivo de la oferta estaba en las condiciones de alojamiento. Aunque pueda parecer que el seleccionado iba a vivir literalmente dentro del faro, no era así. La vivienda estaba situada en un apartamento cercano, a unos cinco minutos a pie del centro de visitantes, y se compartía con otras personas.

El alojamiento disponía de cocina, salón, comedor, baño, electrodomésticos básicos y habitación amueblada. También se incluían servicios como electricidad, calefacción, agua, lavandería y aparcamiento, mientras que el acceso a internet contaba con una compensación económica establecida en la oferta. El voluntario, eso sí, debía hacerse cargo de su alimentación.

Es decir, la propuesta no consistía exactamente en "vivir dentro de un faro", sino en residir gratuitamente en sus inmediaciones mientras se trabaja en el propio entorno histórico y natural de Point Reyes.

El faro, en 1871. USCG Historian

La letra pequeña: viento, niebla y aislamiento

La imagen idílica de una vivienda junto al océano tiene una cara menos romántica. Point Reyes es una zona expuesta, con viento, niebla y condiciones meteorológicas que pueden complicar el día a día, especialmente durante los meses de invierno.

El propio entorno del faro refleja esas condiciones. El Servicio de Parques Nacionales advierte de que cuando el viento alcanza determinadas velocidades, las escaleras de acceso al faro pueden cerrarse por motivos de seguridad. Actualmente, esas escaleras están formadas por 313 peldaños, equivalentes aproximadamente a subir y bajar un edificio de 15 plantas.

Además, el acceso al faro desde el aparcamiento tampoco es inmediato. Los visitantes deben caminar aproximadamente unos 700 metros, hasta el centro de visitantes-

Por tanto, aunque la propuesta pueda sonar a retiro frente al Pacífico, el entorno exige cierta preparación física y capacidad para desenvolverse en un lugar bastante aislado.

Cuidado con los compañeros de piso inesperados

La oferta también incluía una advertencia bastante menos habitual. Los apartamentos no son completamente herméticos frente a los roedores, por lo que los responsables avisaban de la posibilidad de encontrar ratones en las viviendas o incluso de que estos pudieran introducirse en los vehículos.

La niebla es uno de los principales obstáculos a superar. Wikimedia Commons

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El NPS proporcionaba trampas y material de limpieza para afrontar esta situación. También había otra condición clara: no estaban permitidas las mascotas. Y disponer de vehículo propio era otro de los requisitos del puesto, debido al carácter remoto de la ubicación.

La combinación de alojamiento gratuito, naturaleza, un lugar histórico y la posibilidad de pasar varios meses en la costa californiana hizo que la convocatoria despertase una enorme expectación. Medios locales informaron en septiembre de que la respuesta había sido tan elevada que el proceso de recepción de solicitudes terminó cerrándose. Pero, ¿quién no estaría dispuestos a cambiar durante unos meses la vida urbana por el aislamiento de un enclave histórico frente al océano?

04/10/2026