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Vida y estilo

Vilna, la joya oculta del Báltico que (casi) nadie conoce

Es posible que Vilna sea la ciudad menos valorada de las que lideran el trío de países bálticos que estuvieron durante años bajo el control soviético. Esta sumisión supuso el encubrimiento de las virtudes de un pueblo que ahora se está abriendo al mundo
Barrio antiguo de Vilna, capital de Lituania.
Barrio antiguo de Vilna, capital de Lituania. / B.E.O.

Actualizado hace 9 minutos

Frente a la Catedral de Vilna hay una gran estatua que representa al duque Gediminas, el fundador de la ciudad. Su alta base se sostiene sobre una peana de granito de corta altura en la que raramente verá sentado a un nativo. Hay una leyenda urbana que asegura que todo aquel que lo hace pierde su virilidad de inmediato. Pocos de los que conocen el mito se aventuran a probar su certeza. Los hay incluso que creen que por muy medieval que sea el origen de Vilna estamos ante un bulo municipal para mantener decoroso el monumento dedicado a este duque.

Lituania, con sus poco más de 65.000 km2, es un país cuya tercera parte está cubierta por bosques y lagos, limpios y puros, que hacen las delicias de caminantes y seteros. No es de extrañar, por tanto, que el citado Gediminas se quedara dormido un día al pie de un árbol. Soñó que luchaba contra un lobo y lo vencía. La desigual contienda, aunque fruto de la cabezadita, fue consultada con un brujo quien le sacó de dudas: era un claro indicio de que en aquel punto había de construir una ciudad amurallada que debía ser tan fuerte como el mamífero de la siesta.

Monumento al duque Gedemias.

Monumento al duque Gedemias. B.E.O.

A merced de las invasiones

A la nueva población se le dio el nombre de Vilna (ondulación en lituano) en atención al río que la baña y a las curvas de su trazado. Su lento crecimiento se debe, según los nativos, a que está ubicada en el interior del territorio y no en la costa, donde seguramente hubiera sido promocionada por la Hansa alemana en su afán de controlar el comercio en los puertos de los mares del Norte y Báltico.

Tampoco ayudaron a su rápido desarrollo las constantes invasiones que sufrió. Las guerras y los saqueos fueron constantes en unos siglos convulsos en los que difícilmente se podía vivir en paz. Quedan como testigos de época los castillos de Vilna, Kaunas y Trakai, aunque las iglesias también cumplieron a veces la función de fortalezas. En la parte vieja de Vilna son de obligada visita las murallas, levantadas para contener los ataques de los tártaros. Por cierto que como ésta es una zona donde escasea la piedra, antiguamente se pagaba el peaje por la ciudad con piedras que eran utilizadas para los muros.

Lituania ha sido conquistada en varias ocasiones por otros países limítrofes que se aprovecharon de su discreta riqueza agrícola, principalmente cereales, patatas y lino, así como su ganadería bovina y porcina. Su pertenencia a la Unión Soviética hasta 1991 fue como una losa que aún pesa sobre unos habitantes que tratan de emerger y ponerse a la altura de otros países europeos, sobre todo en materia de servicios turísticos. “Fue una etapa mala. ¿Se ha dado cuenta de la gran cantidad de iglesias que hay en Vilna? Pues en la época soviética algunas sólo se abrían para conciertos o exposiciones. Estaban prohibidas las ceremonias religiosas”, me dice un camarero del Katpedele, uno de los más típicos restaurantes del casco antiguo de Vilna.

Interior de la iglesia San Pedro y San Pablo, en Vilna.

Interior de la iglesia San Pedro y San Pablo, en Vilna. B.E.O.

Una catedral maltratada

No le falta razón a nuestro informador y eso que algunos templos fueron destruidos por los soviéticos, caso del frontis de la catedral, el lugar más propio para iniciar un recorrido por la ciudad. Esta iglesia fue levantada sobre las ruinas de un santuario pagano y modificada tras sufrir dos grandes desastres: un incendio y la destrucción que causó una de las torres al caer alcanzada por un rayo.

En una de las capillas se encuentra el relicario que contiene los restos mortales de San Casimiro y junto a él una representación pictórica del santo… ¡con tres manos! “Se dice que el pintor no acertaba con la postura de las manos. Hizo varios trazos que fue borrando, pero, cuando llegó el momento, no consiguió eliminar la tercera y así quedó”, indica el guía sin mucha convicción.

El campanario tiene dos partes perfectamente diferenciadas, la inferior que perteneció a las murallas del castillo y la superior en plan añadido posterior. Al pie de la torre, el conductor del grupo pide atención: “Observen que en el suelo hay una baldosa con el nombre Stebukla, que significa Milagro. Tiene un gran sentido para los lituanos, porque aquí se inició en 1989 una cadena humana que llegó hasta Tallín en solicitud de independencia para las tres repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, entonces en poder ruso”.

El punto de partida

El suceso histórico al que se refiere fue muy comentado en su tiempo: el 23 de agosto de 1989, a las siete de la tarde, millón y medio de personas unieron sus manos formando una solidaria cadena humana que unió a las tres capitales bálticas, Tallin, Riga y Vilna, pidiendo la independencia.

El lugar señalado tampoco se salva de la leyenda: “Existe la creencia de que se cumplirán tres deseos si das otras tantas vueltas en torno a la placa con los ojos cerrados”. En fin, siempre hay alguien que ríe la gracia. Se dice que el 80% de la población de Vilna mantuvo su fe católica durante la dominación soviética aunque no pudo hacer uso de templos como el monumental de San Juan, con su particular campanario; los dedicados a la Asunción de la Virgen y a San Nicolás, ambos considerados como los más antiguos de la ciudad; el del Espíritu Santo, donde a principios del siglo XIX el zar encerraba en plan prisión a todos los que se sublevaban contra su poder; o el de Santa Ana, levantado con ladrillos con una belleza que el propio Napoleón, cuando lo vio, pensó en desmontarlo y trasladarlo a París. Otros fueron reconvertidos, como el de San Casimiro, transformado nada menos que en Museo del Ateísmo.

Entrada a República de Uzupi, en Vilna.

Entrada a República de Uzupi, en Vilna. B.E.O.

Uzupis, un barrio independiente

La avenida principal de Vilna, dedicada obviamente a Gediminas, nos lleva a Kaiku Park, una de las grandes zonas verdes de la capital donde se encuentran el Museo Nacional y el Museo de Artes Aplicadas, éste ubicado en un antiguo polvorín del siglo XVI. Cerca, a pocos pasos, se encuentra el barrio Uzupis que indudablemente merece una detallada visita, ya que es uno de los pocos casos de curiosa independencia vecinal.

Me explico, desde el siglo XV, este distrito ha estado habitado por artesanos que han vivido en sus casas sencillas. Su vida se alteró cuando los rusos les declararon indeseables durante el régimen soviético. Finalizado éste, Uzupis quedó tan maltrecho que, para relanzarlo, formaron una comuna denominada República de Uzupis con una constitución propia. El resurgimiento, bajo la estatua del Ángel de Uzupis, ha sido efectivo y se ha convertido en objetivo prioritario del turismo internacional. Amantes de todo el mundo dejan sus candados en el puente del barrio jurándose fidelidad eterna.

Aspecto hippie en el barrio Uzupis.

Aspecto hippie en el barrio Uzupis. B.E.O.

En las inmediaciones se encuentra el Teatro Nacional del Drama, un monumento dedicado a Aikste, compositor del himno nacional, y el Palacio de Seimas, sede del Parlamento. En el recorrido, encontrarán una zona de jardines que no siempre fue así, porque aquí estuvo la temida sede de la KGB soviética. Ocupaba un viejo edificio que se construyó en su día como sede del Tribunal de Distrito. Una vez alcanzada la independencia se instaló allí el Museo de las Víctimas del Genocidio.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial puso a Lituania en primera fila de apetencias para la Unión Soviética en su afán por dominar el tráfico marítimo por el Báltico y tener a raya a los alemanes. Esta situación convirtió al país en blanco de muchos ataques, sobre todo la ciudad histórica de Keddiniai, inmediata a Vilna, famosa porque la mayor parte de sus construcciones son de ladrillo y no de madera como en el caso de sus vecinas. En 1944 los nazis destruyeron buena parte de sus características construcciones de ladrillo. También un palacio, testigo del notable comercio que se desarrollaba en la zona.

Castillo de Trakai, junto al lago.

Castillo de Trakai, junto al lago. B.E.O.

Ámbar, el tesoro natural

Las riberas del Báltico lituano se conocen en la zona como Costa del Ámbar y constituyen uno de los grandes atractivos de un país como éste que siempre ha dispuesto de hábiles artesanos dispuestos a convertir esta resina en un objeto ideal de adorno. En Palanga, una bonita ciudad situada en el litoral norteño, se puede visitar un museo especializado con más de 20.000 piezas, curiosas en extremo, en las que se pueden apreciar insectos que fueron atrapados hace millones de años. Hoy son testigos de época, ejemplares únicos en su especie, y como tales adquieren en el mercado precios muy a tener en cuenta.

Este comercio, viene llevándose a cabo desde tiempos del Imperio Romano, pues ya entonces, era muy apreciado. Hoy no hace falta venir hasta la costa por este exclusivo motivo, ya que en Vilna existen numerosos comercios que ofrecen estos curiosos relicarios. Son fáciles de encontrar, sobre todo en los barrios más antiguos que han sobrevivido a guerras y ocupaciones. Cualquier interesado en esta resina no debe dejar de visitar el Museo del Ámbar, donde se montan exposiciones muy interesantes y, además, tiene tienda.

Cepelinai, una receta de patatas cocidas rellenas de carne.

Cepelinai, una receta de patatas cocidas rellenas de carne. B.E.O.

Gastronomía típica

La gastronomía de Vilna es recia, fuerte y dispuesta a hacer frente al frío con el estómago lleno. Un menú típico en restaurante de la parte vieja de la ciudad podría estar compuesto por Saltibarsciai, una sopa fría de remolacha cuyo color lila llega a sorprender, y Cepelinai, el plato fuerte a base de patatas cocidas rellenas de carne con discutibles aderezos. El pescado, ya sea de mar, lago o río, está presente en todas partes, sobre todo en el Mercado Hale, el más antiguo de la ciudad y que merece verse. La bebida característica se llama Gira, pero libremente se puede pedir cerveza.

2026-04-18T15:22:49+02:00
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