Durante la primera mitad del siglo XX, el tren de vía estrecha conocido cariñosamente como el 'Tren Txikito' unía Elizondo con la frontera cantábrica. Concebido en sus orígenes a finales del siglo XIX como un ferrocarril para transportar el mineral extraído de las minas de Endarlatsa hacia el puerto, pronto se amplió para el tráfico de pasajeros y mercancías, vertebrando la vida y la economía de los pueblos por los que pasaba.
Hoy, la Vía Verde del Bidasoa rescata gran parte de aquella vía para convertirla en un corredor verde accesible de más o menos 40 kilómetros. El trazado nos lleva entre la campiña navarra y el territorio guipuzcoano, uniendo la zona de Oieregi (en el entorno del Parque Natural de Señorío de Bertiz) con la mítica frontera de Behobia en Irun, pasando por pueblos con muchísimo encanto como Legasa, Doneztebe, Sunbilla, Igantzi y Lesaka.
Uno de los canales que atraviesan la localidad de Lesaka.
Con un camino de asfalto y tierra compactada y un desnivel prácticamente nulo, la ruta es apta para senderistas, ciclistas de todas las edades y personas con movilidad reducida. A lo largo del camino destacan sus 7 túneles, antiguos apeaderos rehabilitados como el de Santesteban y viejos cargaderos de mineral de hierro, que hacen de testigos de la actividad minera de la zona.
Qué ver y hacer en los alrededores
El curso del Bidasoa invita a tomárselo con calma y explorar un territorio muy rico en patrimonio e historia:
- Parque Natural del Señorío de Bertiz: Situado en el extremo sur del camino, este enclave tiene un espléndido jardín botánico centenario con especies traídas de todo el planeta, además de senderos que nos permiten adentrarnos en un frondoso bosque.
- Lesaka y sus puentes de piedra: Considerada una de las villas más bonitas de la comarca, Lesaka destaca por sus casonas de piedra con entramado de madera, la torre fortificada de Kaskenea y sus característicos puentes sobre el río.
- Sunbilla y su puente medieval: Esta bonita localidad navarra está dividida en dos por el Bidasoa que se unen por un fotogénico puente de piedra de tres ojos construido a mediados del siglo XVI.
La Isla de los Faisanes
En el tramo final del curso del Bidasoa, entre Irun y Hendaia, se encuentra la Isla de los Faisanes, un islote deshabitado con un bagaje histórico fascinante. Este rincón pasó a la historia universal en 1659 al ser el escenario elegido para la firma del Tratado de los Pirineos, el pacto de paz que puso fin a la Guerra de los Treinta Años entre las coronas de España y Francia y que se selló con un compromiso de boda entre el rey Luis XIV y la infanta María Teresa de Austria.
Como reflejo de aquella alianza, la isla tiene la condición de ser el condominio territorial más pequeño del mundo y el único con soberanía alternada: durante seis meses al año (del 1 de febrero al 31 de julio) su administración corresponde al Estado español y durante los seis meses restantes (del 1 de agosto al 31 de enero) pasa a manos de la Marina Francesa. El acceso al público está prohibido pero contemplar desde la orilla del río el gran monolito conmemorativo es suficiente para entender el misticismo de la isla.