Vida y estilo

"Vemos a las personas delgadas moralmente superiores a las que sufren obesidad"

¿Qué sucede cuando consideramos la salud mental más allá de los síntomas? ¿Qué pasa si dejamos de preguntarnos únicamente qué nos ocurre y empezamos a explorar qué nos rodea? El donostiarra Kike Esnaola, psicólogo sanitario, responde a estas cuestiones en
Kike Esnaola, psicólogo. / K.E.

El psicólogo y divulgador Kike Esnaola reflexiona, entre muchos temas, sobre la presión estética, la cultura de la dieta, las presiones relacionales y afectivas, el sobrediagnóstico y el uso de las etiquetas, el legado familiar y los determinantes sociales de la salud mental. “Frente a la sobredosis de información hay que detenerse y construir una mirada más humana, inclusiva y conectada tanto con el mundo interior como con el contexto que nos rodea”, sostiene.

QUIÉN ES

Kike Esnaola, natural de Donostia, es psicólogo sanitario, orientador educativo y divulgador. Con un pie en el ámbito de la psicoterapia y otro en el de la educación, dirige su centro sanitario especializado en conducta alimentaria, enfoque inclusivo y diversidad. Realiza divulgación sobre salud mental con una mirada crítica desde su cuenta de Instagram, @forapsico. Además de sus apariciones en prensa y su labor docente en cursos y talleres es autor de numerosos artículos divulgativos.

¿Nos hemos vuelto una sociedad obsesionada con la salud y el bienestar?

Sí. Además, concebimos la salud como un estado completo de bienestar en todas las esferas de la vida. Eso en sí mismo es un generador de frustración porque es imposible habitar la vida con una plena satisfacción en todas las áreas. Ahí es donde nace un mercado que se nutre de la insatisfacción, del malestar humano. Que si no somos lo suficientemente delgados, que si no socializamos lo que debiéramos, que si no somos excesivamente productivos. Alrededor de todos estos problemas siempre hay algo que se nos intenta vender.

¿Hay un abuso de los diagnósticos en la salud mental?

Sin duda, en un apartado del libro que se llama etiquetitis planteo exactamente eso. Que estamos inmersos en una cultura del diagnóstico y vamos recurriendo al lenguaje clínico para dar sentido al malestar y a las experiencias humanas. En otros momentos de la historia hemos recurrido a otro lenguaje más espiritual, moral y filosófico. Estamos en la era del diagnóstico médico como forma de entender el malestar humano. Nos explicamos los malestares a partir de etiquetas como ansiedad, TDAH, depresión, trauma... Son formas de simplificar la realidad y de individualizar el malestar. Por eso, son peligrosas.

Kike Esnaola, posando con su nuevo libro. K.E.

Muchos trastornos de ansiedad provienen de la precariedad laboral, la falta de vivienda y la hiperproductividad.

Esta conversación es la gran olvidada de la salud mental. Durante años nos hemos enfocado en conocer en profundidad el mundo interno, el más psíquico, los neurotransmisores, la cognición, pero no nos hemos preguntado el impacto que tienen los contextos sociales para la salud mental. Muchos pacientes atendidos en las consultas de atención primaria de salud mental tienen que ver con sus situaciones de precariedad laboral, no acceso a la vivienda, situaciones sociales. Gran parte de los malestares que se viven como individuales tienen raíces sociales.

¿El código postal también influye en la salud de la ciudadanía?

No todos partimos de la misma posición en la carrera; esto es una creencia que hay que derribar, porque muchas veces escuchamos en la calle esos conceptos de meritocracia. No se ha esforzado lo suficiente, si lo hubiera hecho más hubiera llegado más lejos. Esto es explícitamente una negación de las realidades que existen porque no partimos siempre del mismo lugar. Es importantísimo mirar ese código postal en el sentido simbólico de las personas para comprender el malestar y poder ayudarles.

Un fallecimiento, una ruptura de pareja, un despido… forman parte de la vida y provocan dolor, tristeza. ¿Se acude cada vez más al médico en busca de soluciones?

El problema es que todos estamos en la rueda. La población, por la información sobre salud mental que consume, ejerce una enorme presión en busca de soluciones en el sistema sanitario; las consultas de los médicos de cabecera están llenas de peticiones de psicofármacos. Al final, el facultativo no puede separarse de la presión que ejercen sobre él. Estamos farmacologizando estados emocionales incómodos. ¿Cómo se supera la muerte de un hijo? A partir de un año debiéramos empezar a encontrarnos mejor, pero según el último manual diagnóstico de salud mental, a partir de un año si el malestar afecta a distintas áreas de la vida dice que tenemos un trastorno mental y tendríamos que hacer tratamiento psicológico y psiquiátrico según el impacto de los síntomas. Ese es el abordaje para una persona que está atravesando un duelo tan duro, pero que yo quiero cuestionar a través de Habitando el malestar.

El Estado español es el país donde más ansiolíticos se consumen, sobre todo por las mujeres. ¿Por qué?

Entre otras causas por el malestar que generan los cuerpos. Todos queremos uno que encaje con la idea hegemónica de belleza que cada vez está más asociada a la delgadez. Hace años surgió el movimiento body positivity, muy necesario porque hablaba de la diversidad de cuerpos, pero volvemos al cuerpo hegemónico de delgadez como símbolo de belleza; esto lleva a los malestares, sobre todo, como dices, en las mujeres. De hecho, el 95% de las personas que van a las consultas alimentarias son mujeres. No puede ser una casualidad; lo que ocurre es que hay un sistema que aprieta y oprime a la mujer hasta tal punto que la hace sentir eternamente insatisfecha.

Los manuales de autoayuda saturan las librerías, proliferan los coach. ¿Cómo saber elegir los valiosos?

Es muy complicado, porque es tal el bombardeo de información que es difícil discriminar entre la valiosa de la que no lo es. Los manuales de autoayuda se basan en individualizar el malestar. Si yo tengo que ser el responsable de cambiar la relación que tengo con mi cuerpo, variando mis actitudes o mis pensamientos distorsionados o mejorando mi autoestima, y todo recae sobre mí, estoy de alguna manera invisibilizando la fuerza que, por ejemplo, ejerce esa cultura de las dietas o la gordofobia, o incluso el machismo en la relación que las mujeres, en concreto, establecen con sus cuerpos. Por eso hay que tener cuidado al elegir los libros de autoayuda. Muchos van más dirigidos a facturar que a aportar soluciones.

En el primer mundo se está confundiendo la estética con la salud. ¿Las redes están contribuyendo a ello, sobre todo en las chicas jóvenes?

Cada vez nos bombardean más con las intervenciones estéticas en la cara y con las cremas antiedad, sobre todo entre la gente más joven. Incluso la propia cultura del fitness, que se proclama como una cultura de la salud pero en realidad muchas veces se están pautando conductas que luego combatimos en los trastornos de conductas alimentarias: comer poco, pasar un poco de hambre y hacer ejercicio todos los días. Y si te pasas especialmente haz ejercicio; es la contradicción social. A las personas que tienen un trastorno de la conducta alimentaria les decimos que no debieran de comportarse de esa manera y al resto de la población les estamos animando a actuar así. Se nos está nublando la vista.

Hay un mercado que se nutre del malestar humano

¿Esta obsesión por un ideal de belleza genera una enorme presión y distorsiona la percepción del bienestar?

Sí. La presión sobre la belleza y la importancia que le damos al cuerpo. Incluso he llegado a ser crítico con el body positivity, porque también es un discurso que genera la presión de tener que amar al propio cuerpo, sentirse supersatisfecho con él. En el cuerpo tendríamos que trabajar por la relevancia que tiene. En Habitando el malestar indico que, en el contexto social que nos rodea, los cuerpos son símbolos de status, pero también de esfuerzo, de moralidad. Consideramos a las personas delgadas moralmente superiores a las que sufren obesidad y ese estigma rodea a quienes tienen cuerpos diversos e impacta en su bienestar. Es difícil construir una relación con el propio cuerpo que sea de amor pleno. No debiera ser motivo de conversación; no es algo que tengamos que obviar o celebrar, sino simplemente algo que podamos recolocar y darle la importancia que tiene.

¿Qué hacer?

El primer paso es entender que las presiones que sentimos no nos tocan solo a nosotros; hay que aprender a dimensionar lo que sentimos y a repartir las cargas. Esto es mío y aquí sí tengo margen de acción, pero en otros contextos donde me muevo no. Como por ejemplo si de adolescente, a modo de burla, te llamaban gorda, o en tu casa había una cultura de restricción de alimentos calóricos. Se trata de aprender a dimensionar y repartir para poder comprender tu propia historia con mayor conciencia, y a partir de ahí empezar a elegir con qué me quiero quedar o desprender. Ese es un viaje que hay que hacer con mucha autocompasión y amabilidad hacia uno mismo.

¿Cómo es la salud mental del siglo XXI?

Debe ser una salud inclusiva, una forma de mirar a la realidad que respete todas las realidades y que no sea la salud solo dirigida a un grupo de población sino a la mayoría; creo que tiene que ser una salud que sea capaz de hacer propuestas más allá del sistema sanitario. Nuestros hábitos, nuestra educación, cómo nos tratan en nuestra familia, cómo es nuestro barrio... Todo influye en nuestra salud. Cuando hablamos de salud pensamos en la bata blanca, pero creo que tenemos que superar esa mirada y visión reduccionista de la salud, porque depende de todo el ecosistema que nos rodea. Tenemos que interpelar a todas las partes y todos tenemos que ver con la salud mental.

¿A quién le gustaría llegar con su libro; mujeres, hombres, jóvenes, personas con problemas de alimentación…?

A cualquier persona a la que le haya llegado un bombardeo de información sobre salud mental y que haya sentido que algo no encaja; que lo que se está diciendo en redes sociales es más de lo mismo, a quien se haya leído un libro y haya tenido la sensación de que su problema no se soluciona. A las personas interesadas en su propio bienestar y malestar. También lo recomiendo a quienes les interesa la psicología de hoy, a quienes tengan una mirada social y colectiva de que las cosas que nos pasan no nos ocurren porque somos nosotros como somos, sino porque hay un contexto que nos interpela

23/05/2026