Gipuzkoa

Urola Erdia: entre raíles y pinturas rupestres

Del Museo Vasco del Ferrocarril a Ekainberri, la comarca ofrece múltiples reclamos para descubrir su patrimonio, tradiciones y naturaleza
Ilustración de Argote para el calendario 2026 de NOTICIAS DE GIPUZKOA correspondiente al mes de abril. / N.G.

Hay destinos que no se revelan de inmediato, sino que invitan a ser explorados con calma, y Urola Erdia es uno de ellos. Una comarca donde el eco de la historia, la serenidad de sus paisajes y la fuerza de sus tradiciones acompañan a las personas viajeras en un recorrido lleno de matices.

El itinerario comienza en Azpeitia, donde se alza el majestuoso Santuario de Loiola, uno de los conjuntos barrocos más relevantes de Euskadi. Su imponente basílica, coronada por una gran cúpula, contrasta con la quietud de enclaves más íntimos como la ermita de Nuestra Señora de Olatz, otra parada imprescindible en el camino del peregrino ignaciano. En este periplo cargado de espiritualidad, el antiguo hospital de la Magdalena adquiere un significado especial: allí se alojó Ignacio de Loyola entre abril y julio de 1535 a su regreso de París.

La historia también se recorre sobre raíles: el Museo Vasco del Ferrocarril permite retroceder en el tiempo a bordo del tradicional tren de vapor, una experiencia singular que enlaza pasado y presente. El Casco Histórico de la villa y la iglesia de San Sebastián se suman a este menú repleto de atractivos en el que conviven patrimonio religioso, civil e industrial.

Frontones, palacios...

En Azkoitia, el entramado de calles y su atmósfera tranquila esconden rincones donde el arte aparece de forma inesperada, como los frontones diseñados por Jorge Oteiza, que reinterpretan la tradición vasca desde una mirada contemporánea. El municipio conserva un notable patrimonio señorial, con edificios como los palacios Insausti y Floreaga, que evocan su pasado nobiliario. Destaca, asimismo, la parroquia de Santa María la Real, de estilo renacentista con elementos barrocos, uno de los principales referentes monumentales del lugar. Muy cerca, la Torre Idiakez, llamada Etxe Beltz por el oscurecimiento de su fachada tras un incendio durante las guerras carlistas, recuerda la importancia de los linajes locales.

Sumergirse en el Paleolítico

Y, mientras tanto, en Zestoa, Ekainberri ofrece una ventana al arte rupestre a través de la recreación del entorno de la cueva de Ekain, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El conjunto es célebre por la calidad de sus pinturas, especialmente las representaciones de caballos, y por una experiencia inmersiva que permite evocar el ambiente del Paleolítico.

Ruta entre manzanas

El valle se extiende hacia Errezil, donde la identidad agraria se refleja en el cultivo de la manzana 'Errezil sagarra', una variedad local conocida como Ibarbi, presente en los caseríos de sus laderas. Fruto de una larga tradición agrícola, constituye un elemento clave de la cultura sidrera del entorno. Su arraigo acompaña el ciclo de las estaciones, sobre todo en primavera, cuando la floración tiñe el paisaje de tonos blancos y verdes, y pone de relieve la estrecha relación entre la naturaleza y la actividad humana.

En perfecto equilibrio

En Urola Erdia, la naturaleza no se observa: se descubre. Los bosques, prados y montes que se extienden bajo la silueta de Izarraitz y las estribaciones del Hernio llaman a explorar el territorio a pie o en bicicleta, con el río Urola como hilo conductor de un escenario donde patrimonio, cultura y medio natural se entrelazan con equilibrio.

01/05/2026