Ubicada en la costa de Cantabria, Santoña es una villa pesquera que ha crecido mirando siempre al mar Cantábrico. Protegida por la silueta del monte Buciero y rodeada por un entorno natural único, esta localidad mezcla un legado estratégico histórico con una identidad unida de forma inseparable a la navegación, la pesca y la industria conservera.
Entre sus monumentos más destacados figura la Iglesia de Santa María del Puerto, construida entre los siglos XIII y XVII. Este templo, que junta el estilo gótico con toques románicos, alberga en su interior una de las joyas del arte sacro en la región: un retablo flamenco del siglo XV. Asimismo, el litoral del municipio conserva antiguos fuertes y fortificaciones militares que nos muestran la importancia defensiva que tuvo su costa durante siglos, siendo también cuna de famosos navegantes como Juan de la Cosa, autor del primer mapa conservado que representa el continente americano.
Santoña Fuerte de San Carlos Monte Buciero PM ®Turismo de Cantabria
Naturaleza protegida
El patrimonio natural de Santoña es uno de sus mayores reclamos. Por un lado, el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel constituye uno de los humedales más relevantes del norte , siendo un punto de escala clave para miles de aves migratorias y ofreciendo caminos llanos acondicionados para la observación de estas aves.
Para quienes prefieren la aventura y el senderismo de montaña, el monte Buciero regala algunas de las estampas más fotografiadas de la cornisa cantábrica. Sus rutas discurren entre acantilados, vegetación y ruinas defensivas, teniendo como punto de mayor atracción el famoso Faro del Caballo, al que se accede tras descender una vertiginosa e icónica escalinata tallada en la roca. Muy cerca, la playa de Berria es un arenal con un aspecto salvaje ideal para los amantes del surf o para dar un paseo junto a las olas.
La ruta al Faro del Caballo
Considerado uno de los faros más bonitos del Estado, el Faro del Caballo se ubica en la península del monte Buciero y rodeado de vertiginosos acantilados. Construido en 1863 para impresionar a todo el que lo visita, a este enclave idílico se puede acceder por dos vías: a pie o por mar. Si se opta por la excursión de senderismo, la caminata arranca al final del paseo Pereda de Santoña, a pie de playa. Tras seguir las indicaciones hacia el monte Buciero, se suben unas primeras escaleras hasta el Fuerte San Martín para enlazar con una pista que avanza durante tres kilómetros entre bosques y acantilados. El verdadero reto llega al alcanzar el mirador, donde se inicia el descenso de sus 700 escaleras excavadas en la roca, una bajada que requiere extremar la precaución por lo vertical que es. La recompensa abajo es enorme, ya que llegaremos a un lugar de aguas azul turquesa donde es posible bajar unos peldaños más y darnos un chapuzón si el día acompaña. Para el regreso, tras remontar las escaleras, se puede tomar un atajo en el cruce girando a la izquierda a través del bosque, rodeando el otro lado del monte para ahorrar kilómetros de caminata.
Para quienes prefieran una opción más relajada o no se atrevan con tanto esfuerzo físico, existen excursiones en barco que parten desde el Pasaje de Santoña, justo frente al monumento a Juan de la Cosa y la Oficina de Turismo. El trayecto dura una hora y media y, durante la época de verano, cuenta con varias salidas diarias cuyos billetes se pueden adquirir de forma online.