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Entre montañas verdes, mar abierto y siglos de historia compartida, la comarca del Bidasoa custodia paisajes y tradiciones singulares. Entre Irun y Hondarribia conviven restos romanos, fortalezas que durante generaciones vigilaron el paso del río, fiestas con gran arraigo y una gastronomía que mira tanto al Cantábrico como a la huerta. Un territorio pequeño en tamaño, pero rico en patrimonio y experiencias.
El valle del Bidasoa ha sido, desde tiempos antiguos, un punto estratégico de paso entre la Península Ibérica y el resto de Europa. Buena prueba de ello es el legado romano que conserva el Museo Oiasso, en Irun, donde se explica la importancia de la antigua ciudad portuaria que allí se asentó. Muy cerca, las termas romanas descubiertas en el yacimiento permiten viajar casi dos mil años atrás, cuando este enclave funcionaba como un puerto activo de intercambio comercial en época romana.
Esta influencia también se aprecia en el entorno de la Ermita de Ama Xantalen, uno de los espacios arqueológicos más destacados de Gipuzkoa, construido sobre los restos de una necrópolis romana que atestigua la ocupación del lugar durante el Imperio.
Bidasoa fue, asimismo, tierra de hierro. En los montes que rodean Irun se conservan las instalaciones mineras de Irugurutzeta, incluyendo los impresionantes hornos de calcinación del mineral. La ruta minera conduce además a la histórica ferrería de Arantzateko Burdinola, un claro ejemplo del pasado industrial ligado a este metal que durante siglos marcó la economía local.
Fiestas, mar y naturaleza
Si hay un elemento que define la identidad de la comarca es su vínculo con el mar. En Hondarribia, la tradición marinera sigue muy viva, desde el puerto hasta su reconocida gastronomía basada en pescados y mariscos del Cantábrico. Este estrecho lazo con la costa se aprecia, a su vez, desde el monte Jaizkibel, donde el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe ofrece una de las panorámicas más impresionantes de la bahía de Txingudi y la línea del Cantábrico.
Mientras tanto, el patrimonio cultural del Bidasoa se expresa con especial intensidad a través de sus celebraciones y costumbres. Los alardes de Irun y Hondarribia, que rememoran episodios históricos vinculados a antiguas victorias militares, convierten cada mes de septiembre las calles de ambos municipios en un escenario de música, uniformes y desfiles.
La conexión con el mar sigue igualmente muy presente con el remo como uno de sus grandes emblemas. En este ámbito destaca la Ama Guadalupekoa de Hondarribia, referente del deporte de traineras y símbolo profundamente arraigado en el orgullo local. Sin salir de la villa costera, el 25 de julio, día de Santiago, se celebra la Kutxa Entrega, una ceremonia ligada al mundo pesquero que preserva el legado marinero de la zona.
Para quienes buscan contacto con la naturaleza, el Parque Ecológico de Plaiaundi es una visita imprescindible. Este humedal, situado en la desembocadura del Bidasoa, ofrece la oportunidad de observar aves migratorias y recorrer senderos entre marismas. Todo ello configura un territorio donde historia, naturaleza y gastronomía se funden en armonía, invitando a recorrer la comarca sin prisas.