El verano llega a su fin. Toca volver a la realidad, a la rutina, a clase… Y en el caso de algunos universitarios, lo hacen, además, lejos de sus casas. Un año más, la vuelta a las aulas llega marcada por el encarecimiento incesante de la vivienda y de los gastos asociados al curso para aquellos que tienen que trasladarse a otra ciudad para estudiar.
En este contexto, encontrar una habitación se convierte en el primer requisito para empezar una nueva etapa. Algo que no es tan fácil como parece, ya que el problema empieza antes de pisar el campus. La historia de Alaitz González, estudiante en Madrid de Doble Grado en Psicología y Logopedia, resume esa dificultad: "Actualmente te piden hasta 1.200€ por habitación, lo que antes costaba un piso entero, una barbaridad".
La joven bilbaina es la segunda vez que se muda de vivienda en la capital del país. En esta ocasión, detalla que paga 500€ más gastos por una habitación en Carabanchel, además de luego tener que sumarle la compra o el transporte para ir a la universidad. "La ubicación que quería era cerca de Pozuelo de Alarcón, que es donde está mi universidad, pero ha sido imposible". De cara a mirar piso o residencia, cuenta que esta segunda opción se salía muchísimo del presupuesto: "Una habitación compartida con pensión completa de lunes a viernes eran 1.100€, algo inasumible para mis padres".
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Sin embargo, esta tensión no se limita tan solo a esta comunidad. Araitz Aurrekoetxea, estudiante de psicología en Donostia, afirma que destina un "80% de mi presupuesto mensual al pago del alojamiento". Este año, ha decidido cambiarse de la residencia en la que estaba a un piso compartido porque "el precio de la residencia y lo que nos ofrecía me parece demasiado caro". Por ello, compartir un inmueble le parecía la mejor opción para abaratar costes.
La búsqueda de un nuevo lugar donde vivir en este nuevo curso no ha sido nada fácil, "hemos estado unos tres o cuatro meses buscando piso". A pesar de vivir en Donostia, una de las ciudades más caras de todo el Estado, Aurrekoetxea asegura que ha encontrado "un chollazo", pero porque "el piso que hemos encontrado es de una amiga de mi aita, sino el piso costaría mucho más".
Al dejar de lado ciudades como Donostia o Madrid, encontrar un piso resulta más sencillo, al menos eso comenta otra estudiante preguntada por este periódico, June Erkiaga, que dice que "la universidad nos pone un listado de pisos en alquiler y fue muy sencillo encontrar uno". También es cierto que esta alumna de segundo de Logopedia en Torrelavega afirma que "hay que mirar con meses de antelación porque, de lo contrario, se acaban las opciones". En cuanto al precio del alquiler, ella paga unos 300€ por habitación, algo más asumible que la oferta de las grandes ciudades.
Un incremento del 5,8% interanual
En cuanto a los datos recogidos por el último estudio de Idealista, el precio del alquiler en el Estado subió un 5,8% interanual en agosto, hasta situarse en 15,1 euros por metro cuadrado, pero bajó un 0,9% respecto al mes anterior. De cara a Euskadi, el precio del alquiler se encuentra en 14,9 euros por metro cuadrado. Por su parte, Navarra ha sufrido uno de los menores incrementos en cuanto a los costes del alquiler, de un 0,4% (10,7 euros).
Al otro lado de la ecuación se encuentran quienes ponen esos pisos a disposición de los estudiantes. Jon Ander Líbano, gerente de Inmobiliaria Deusto, la cual gestiona la mayor cartera de pisos de alumnos universitarios cada año en Bilbao, según ha comentado el propio Líbano, se encuentra estos días con un ajetreo intenso, ya que está repartiendo los pisos de cara al curso 2026-2027.
"Un alquiler medio de las casas que ofrecemos desde nuestra inmobiliaria, que suele ser un piso de tres habitaciones, suele rondar los 1.200-1.300€, aunque también se pueden encontrar por 1.000€, pero el precio depende de las comodidades y funcionalidades del contrato de alquiler que te gestionen", detalla.
Esta inmobiliaria ubicada en Deusto, aunque atiende casas en Bakio, Plentzia o Gorliz, alquila cada vez más pisos. A pesar de que hoy en día la gente decide no poner su vivienda en alquiler por miedo a impagos, no poder fijar el precio o perder la gestión total de su vivienda. Al ser preguntado por el porqué de esta rara tendencia, el gerente explica que las nuevas políticas en materia de vivienda aplicadas en 2023 por el Gobierno han causado una gran inseguridad jurídica para muchos de los propietarios que están viendo cómo pierden el control sobre sus viviendas y suben las garantías de sus inquilinos mientras bajan las suyas: "Al darles una gestión integral, confían en nosotros para gestionar sus inmuebles". Por ello, cada vez alquilan más casas con estas características, "los propietarios han optado por destinar sus pisos a un mercado diferente, al de uso de vivienda temporal", aclara Líbano.
Ese uso les permite a los arrendadores "fijar la duración exacta sin prórrogas, por ejemplo, un curso escolar", explica. A diferencia de lo que pasa con el alquiler habitual, donde el inquilino tiene derecho a prórrogas obligatorias de hasta 5 o 7 años. Otra de las ventajas es que no existe una limitación en los precios del alquiler en "zonas tensionadas", ya que la renta se negocia libremente entre las partes. Por último, los honorarios de la inmobiliaria en los contratos de temporada "todavía se pueden repercutir legalmente al inquilino", expone Líbano. Algo que puede que eche para atrás a los arrendatarios, pero que, en realidad, "cuando contratas los servicios de una agencia, estás pagando seguridad y tranquilidad”, finaliza.
Las mejores viviendas desaparecen en apenas unos días
La rapidez se ha convertido en otro elemento determinante. Un piso bien situado, reformado y con un precio competitivo puede alquilarse en apenas dos o tres días. Aurrekoetxea afirma que han visto todos los pisos que estaban alrededor del precio máximo que ellas estaban dispuestas a pagar para que les compensara no seguir en la residencia, pero "dejamos pasar unas 14 viviendas porque muchos estudiantes nos las quitaban antes de ir a visitarlas".
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Por otro lado, el calendario de búsqueda varía según el perfil del estudiante. "Los alumnos más previsores comienzan a buscar piso en enero", afirma Líbano. Aunque con septiembre a las puertas, muchos universitarios continúan intentando cerrar un alojamiento para el nuevo curso. Es cierto que la incertidumbre de no saber si entrarán o no a la universidad es un factor determinante para comenzar a buscar piso: "Ahora mismo tenemos emails de estudiantes que están en busca de un piso, al no saber si se les aceptaría en la carrera, no han comenzado a buscar hasta ahora". Los requisitos, comenta, son los que marca la ley, "dos meses de fianza por año y la cuota de septiembre".
Colegios mayores
Lejos de vivir de manera completamente autónoma, gestión económica, organización del hogar, limpieza o comida, hay quienes prefieren los colegios mayores o residencias. Espacios que ofrecen alojamiento con servicios y comodidades orientados al bienestar. "Una opción cada vez más favorable para las familias, sobre todo, para aquellas con chavales que inician su etapa universitaria", afirma Fernando Asenjo, director del Colegio Mayor de Deusto.
"Normalmente, se alojan con nosotros durante los dos primeros cursos", continúa. Otros, sin embargo, abandonan el centro al término del tercer curso porque "quieren vivir la experiencia de vivir en un piso o porque se han inscrito en un programa de movilidad, por ejemplo, el Erasmus", cuenta Asenjo.
Mientras algunos desean salir del colegio, otros luchan por conseguir una de las demandadas plazas. De hecho, cada curso un buen número de estudiantes queda fuera del centro. "Nos encontramos al 100% de ocupación, incluso hay un porcentaje de solicitudes que se quedan fuera del listado de admisión", afirma. Una de las diferencias que marca el director es que se encargan de la tutorización del alumnado, realizan jornadas de convivencia con los chicos y chicas que van a empezar a la universidad, rallys fotográficos por Bilbao o talleres de identidad digital y de gestión del tiempo. Algo que interesa a los padres y madres. "Somos más que un simple alojamiento", agrega.
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Por otro lado, recuerda que este curso el precio se incrementó un 4% frente al casi 6% de incremento del alquiler. Asimismo, subraya que son entidades sin ánimo de lucro, cuyos excedentes económicos no van para los propietarios, "intentamos subir lo menos posible y dar lo máximo".
Precios del Colegio Mayor
Residir en el centro que dirige el Asenjo tiene un precio de 1.256 euros mensuales. Bastante más que los 500 euros que los universitarios pagan, de media, en Bilbao por alquilar una habitación en un piso compartido. Eso sí, aquellos que optan por ese experimento de independencia que supone alquilar una vivienda se encuentran con cada vez más dificultades, "al final, si haces cuentas, te sale lo mismo o más que lo que cuesta el colegio mayor, ya que nuestra oferta incluye las comidas de los siete días de la semana, el servicio de lavandería o limpieza", así como la manutención de las instalaciones del gimnasio o el parking.
Lo que está claro, es que el comienzo del curso universitario vuelve a poner el foco sobre el gasto en vivienda, lo que para numerosos estudiantes se ha convertido en el principal obstáculo antes incluso de entrar en clase.
Tipos de alquileres
- Vivienda habitual. Se rige estrictamente por la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y ofrece al inquilino el derecho a prórrogas anuales obligatorias hasta un mínimo de 5 años o 7 si el propietario es una empresa. Además, el propietario cuenta con reducciones fiscales en el IRPF por el rendimiento del alquiler. En cuanto a la fianza legal obligatoria, es de un mes de renta.
- Alquiler de temporada. La duración es libremente pactada entre las partes según el tiempo que dure la causa temporal. No aplica la prórroga obligatoria de los 5 años, pero el contrato debe detallar explícitamente el motivo de la temporalidad y la dirección de la residencia habitual del inquilino. No suele beneficiarse de las reducciones fiscales del alquiler residencial habitual, por lo que el dueño tributa por el total de los ingresos netos. La fianza exigida por ley es de dos meses.