Vida y estilo

Tamariz, su historia más mágica jamás contada

Detrás del pelo imposible, el violín imaginario y aquel eterno ¡chan-ta-ta-chán! hubo un genio que convirtió la magia en felicidad y que encontró en la maga Consuelo Lorgia a su mejor compañera de escenario y de vida
El carismático mago Juan Tamariz. / Europa Press

Hay personas que parecen incompatibles con la muerte. Juan Tamariz era una de ellas. Quizá porque pertenecía a ese reducido grupo de seres humanos que nunca terminaron de hacerse mayores. A los 83 años conservaba intactos el asombro, la guasa, la melena rebelde y esa capacidad extraordinaria para conseguir que un señor perfectamente adulto mirase una baraja de cartas con los ojos de un niño de siete años.

Tamariz se marcha, pero resulta difícil escribir de él en pasado. Porque antes de ser uno de los mejores cartomagos del mundo fue, sencillamente, el mago de la tele. El del violín invisible, la chistera, los vaqueros, los conejitos de gomaespuma y aquel ¡chan-ta-ta-chán! que varias generaciones aprendieron a imitar sin necesidad de conservatorio.

Su relación con la magia empezó casi antes que con la lectura. Con cuatro o cinco años quedó fascinado viendo actuar a un ilusionista; poco después, un chicle que incluía un dado y las instrucciones para realizar un truco terminaron de inocularle el veneno. Pidió una caja de magia a los Reyes y convirtió bautizos, comuniones y reuniones familiares en sus primeros teatros. Sus parientes, según recordaba él mismo, estaban horrorizados: si había celebración, había ocho trucos. ¡Los ocho de la caja!

Muere el mago Juan Tamariz a los 83 años. EP

¿'Demasido' joven para ser mago?

Luego llegaron los estudios de Física, aunque aquello tenía truco: nunca pensó terminarlos. También quiso ser director de cine y llegó a rodar un cortometraje en el que debutó una jovencísima Carmen Maura. Pero ninguna vocación pudo competir con una baraja.

Con 16 años intentó entrar en la Sociedad Española de Ilusionismo y le dijeron que era demasiado joven. Volvió con 18 y dejó tan impresionado al tribunal que hicieron una excepción. En 1973 conquistó en París el Premio Mundial de Cartomagia y empezó una leyenda internacional construida a base de una disciplina que contrastaba maravillosamente con su aspecto de profesor despistado. Llegaba a practicar ocho horas al día. Él lo explicaba mejor: «La magia es lo segundo que hago al despertarme; primero me rasco un poco y luego cojo la baraja».

El mago Juan Tamariz con su eterna sonrisa EP

El mago de la tele

Y entonces apareció la televisión. Programas como Un, dos, tres, Tatatachán y tantos otros espacios hicieron el resto. Tamariz rompió además el molde del mago solemne de esmoquin. Quería vaqueros, cercanía y público alrededor de la mesa. Nada de hacerse el interesante: prefería hacer reír antes de dejar a todos con la boca abierta. También tenía sus mandamientos. Detestaba las cartas marcadas y los compinches porque consideraba que restaban limpieza al milagro. Para él, la gracia estaba precisamente en que el espectador barajase, cortase, eligiese y comprobase que aquello era imposible. No quería engañar al público; quería regalarle unos segundos de asombro.

Y entre todas las historias que deja aparece una especialmente bonita. En 2008 se casó con la maga colombiana Consuelo Lorgia, a quien conocía desde un congreso de magia celebrado en Viena en 1976. Tamariz resumía su historia sentimental a su manera: ella le había perseguido y él, finalmente, se había dejado atrapar. Hasta enamorándose conseguía convertir la vida en un número de magia.

El carné con el meme y su mujer Consuelo detrás en la foto. Cedida

El meme: de las bromas a la ternura

A partir del matrimonio ocurrió algo que durante años provocó muchas bromas dentro del gremio. Cuentan las buenas lenguas que, cuando contrataban a Juan, él procuraba que contrataran también a Consuelo. Ella era una excelente maga, aunque infinitamente menos mediática que su marido. Y Tamariz quería compartir escenario. El asunto se hizo tan conocido en esa pequeña aldea de vecinos del visillo que puede llegar a ser cualquier profesión que terminó naciendo un meme maravilloso. En aquel DNI ficticio que circuló entre magos durante la década de 2010 aparecía Tamariz posando para su fotografía oficial y, detrás de él, inevitablemente, Consuelo. Como diciendo: pueden contratar a Juan, pueden renovarle el carné de identidad o pueden mandarlo a Marte, pero Consuelo viene también. Entonces provocó carcajadas, algunas malintencionadas.

Pero tras su muerte, la imagen ha vuelto a circular generando algo bastante más bonito: ternura. Porque aquella broma escondía, en realidad, una historia de amor. Tamariz había encontrado una compañera que entendía su mundo porque pertenecía a él. Decía que un mago debía lograr que el adulto recuperase durante unos minutos al niño que lleva dentro. Juan Tamariz dedicó prácticamente su vida a conseguirlo. Y quizá ese fue su mejor truco.

06/09/2026