Gipuzkoa

“Si me quitan la batería no sabría qué hacer: es mi vida”

David Gorospe, veterano baterista, a sus 68 años compagina su pasión “por los palos” en Leok´k, Alguillo eta Alkimistak y Slow Times Blues Band, demostrando que la música no entiende de jubilación
David Gorospe, baterista de Leok, Alguillo eta Alkimistak y Slow Times Blues Band.
David Gorospe, baterista de Leok, Alguillo eta Alkimistak y Slow Times Blues Band. / Pedro Amundarain

Actualizado hace 9 minutos

Muchas personas asocian un sonido a su vida. Para David Gorospe ese sonido es el golpe de una baqueta a la batería. Aunque nació en Donostia, estuvo en Zestoa desde los 4 años. Allí estuvo hasta el año 1992, cuando se casó y fue a vivir a Zarautz, villa que le acoge en la actualidad. En Zestoa empezó a juguetear con el instrumento que terminaría siendo una parte muy importante de su vida. Hoy, a sus 68 años, Gorospe no habla de la música en pasado, lo hace desde la actualidad, ya que es miembro de tres grupos: Leok´k, Alguillo eta Alkimistak y Slow Times Blues Band.

Bautizo musical a los 11 años

Su historia comienza en 1965, una época donde la música se escuchaba por radios de transistores y altavoces muy pequeños. “En esa época, cuando yo tenía 8 años, trajeron la tele a casa y empecé a ver lo que eran las baterías en algunos programas. Me fascinaban”, recuerda Gorospe. En aquellos años, aprender era un acto de fe y de escuchar mucho y bien. Los altavoces de la época, “de apenas cinco pulgadas, no tenían capacidad para reproducir las frecuencias graves del bombo”. Gorospe escuchaba vinilos que a su hermano le traían de Inglaterra y con esa música, “yo iba tocando lo que a mí me parecía”.

A los 11 años, se bautizó musicalmente. “En esa época en Zestoa estaban los Leok´k y a mí me flipaban”. Una Nochevieja, su hermano mayor apareció con una propuesta, los Leok´k querían que el “chaval” tocara un par de temas con ellos. Con el permiso de sus padres y una mezcla de nervios y adrenalina, después de las uvas, Gorospe se sentó con “los palos” para tocar El tiempo vuela y Black is Back. Los aplausos de esa noche fueron la inyección definitiva. Poco después, nacían los Mini Leok´k, una banda instrumental de chavales de 12 años que ya recorrían festivales en Bilbao y Donostia.

David Gorospe en la época cuando tocaba en el grupo Leize.

David Gorospe en la época cuando tocaba en el grupo Leize. N.G.

El servicio militar, su conservatorio

Muchos recuerdan el servicio militar como un paréntesis perdido. Para Gorospe, fue su conservatorio. Destinado a la Infantería de Marina en Madrid, tuvo la suerte (y el talento) de entrar en la banda de música. Allí, rodeado de profesionales, aprendió a leer partituras y a entender la técnica que el oído autodidacta no le había dado. “Esa fue mi escuela de música”.

A su regreso, la vida del músico fue una carrera de fondo. Grupos como Los Algas, Ekain o Luma marcaron una época de verbenas, bodas y fiestas. David ha “casado” a más gente que muchos curas, siempre al servicio del ritmo, aprendiendo a pulso lo que significa mantener a una plaza entera bailando durante horas y horas. Eran tiempos de intuición pura, donde el tempo se llevaba en el corazón y no en el oído electrónico. “Yo he sido siempre un batería de corazón, de sentimiento. Antes de conocer la claqueta, los conciertos iban a oído, si estabas cansado tirabas para atrás y si estabas excitado, el grupo corría contigo. El ritmo lo ponía yo y sin una claqueta que me lo marcara, no era del todo preciso siempre. Una vez que conocí la claqueta y me amolde a ella, los ritmos de las canciones en directo ya iban en orden”.

De maestro a alumno

Uno de los otros capítulos de la trayectoria es la relación con su hijo, David Gorospe (hijo), hoy un reconocido baterista profesional. Cuando el pequeño empezó a estudiar formalmente a los cinco años, el padre se dio cuenta de la facilidad natural de su hijo. Su rigor académico eran un espejo donde mirarse. “Hubo un tiempo que me planteé dejarlo porque veía que el chaval ya era mejor que yo con apenas ocho años”, confiesa con una sonrisa.

David Gorospe padre y Davitxin Gorospe hijo.

David Gorospe padre y Davitxin Gorospe hijo. N.G.

Lejos de retirarse, el padre decidió estudiar con los apuntes de jazz de su hijo. Empezó a practicar con la claqueta y a profesionalizar su pegada. Después entró en la banda Leize, donde la velocidad del heavy metal y el uso del doble bombo le exigieron una precisión técnica que nunca antes había necesitado.

La jubilación nunca llega

A día de hoy, Gorospe es el ejemplo vivo de que el músico no se jubila, sólo cambia de repertorio. Jubilado de su trabajo convencional, dedica sus horas a estudiar en su estudio doméstico, grabar colaboraciones y mantener en vivo los tres proyectos en activo mencionados al comienzo.

La última banda en la que entró, Slow Times Blues Band, a los 65 años le hizo sumergirse en el mundo del blues y el swing. Admite que el reto le dio “pereza inicial”, pero que hoy le “da la vida”. Tocar con gente más joven le inyecta una energía que devuelve con creces desde el taburete.

"Es mi vida"

El baterista veterano sentencia que “si me quitan la batería no sabría que hacer. Es mi vida”. Gorospe sigue cuidándose, nadando y haciendo deporte, manteniendo la forma necesaria para que cada golpe de bombo siga sonando “sin trampa ni cartón”, como el disco que grabaron el año pasado: a la antigua, con el sonido real de la madera y el metal.

En definitiva, Gorospe a lo largo de los años se ha convertido en un profesional del instrumento de percusión. Se ha adaptado a todos los tiempos y ha ido aprendiendo de ellos, lejos de rechazarlos. Con esta vida, demuestra que las cosas se pueden hacer desde la pasión y el compromiso y que “si las cosas se hacen a gusto, se hacen muchísimo más amenas y se disfrutan de una manera especial”.

2026-05-22T13:13:07+02:00
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