El acuerdo de alto el fuego alcanzado el pasado mes de junio entre Washington y Teherán ha quedado dinamitado. Tras una escalada de hostilidades en el estrecho de Ormuz, las fuerzas de las dos naciones han protagonizado un intenso intercambio de ataques militares que deja víctimas, daños materiales significativos y la declaración explícita del presidente estadounidense, Donald Trump, de dar por terminado el pacto bilateral. Una coyuntura que sitúa la estabilidad de la región y el comercio energético global en un escenario de extrema volatilidad.
La nueva secuencia de confrontaciones directas comenzó cuando las fuerzas del Comando Central de EE.UU. (Centcom) ejecutaron una ofensiva nocturna generalizada contra territorio iraní. La operación militar estadounidense fue justificada como una represalia directa ante las agresiones sufridas por tres embarcaciones comerciales que transitaban por el estratégico estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más importantes para el suministro internacional de petróleo y gas.
A través de su cuenta en la red social X, el Centcom calificó las acciones de la República Islámica como "injustificadas, peligrosas y una clara violación del alto el fuego", acusando formalmente a Teherán de atentar contra “civiles inocentes” que tripulaban los navíos comerciales. Según los reportes oficiales estadounidenses, entre las embarcaciones atacadas por Irán figuraban un buque gasero de bandera catarí y un petrolero saudí.
Aunque no se registraron víctimas mortales ni heridos entre sus tripulaciones, ambos incidentes provocaron diversos daños materiales, tras los cuales los gobiernos de Catar y Arabia Saudí responsabilizaron formalmente a Teherán por las agresiones, denunciando que estas acciones ponen en serio riesgo la seguridad de la navegación internacional y el abastecimiento energético global.
Impacto de la ofensiva y respuesta iraní
La respuesta militar de la Casa Blanca se tradujo en una campaña de bombardeos coordinados de alta precisión. De acuerdo con los balances emitidos por el mando militar estadounidense y los detalles ofrecidos por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, las fuerzas norteamericanas alcanzaron más de 80 objetivos estratégicos utilizando munición de precisión. El principal propósito de los operativos, según Washington, era "imponer costes elevados" a Irán y mermar su capacidad operativa para hostigar las rutas comerciales.
El secretario de Defensa concretó que la ofensiva golpeó instalaciones subterráneas dedicadas al almacenamiento de drones y misiles, emplazamientos de defensa costera, sitios de radar y centros de control y vigilancia costera. Asimismo, el Centcom informó de que se neutralizaron más de 60 pequeñas embarcaciones pertenecientes al cuerpo de la Guardia Revolucionaria iraní con el fin de "menoscabar la capacidad de Irán de seguir atacando el comercio internacional que fluye a través del corredor comercial internacional".
Por su parte, el presidente Trump ofreció más detalles sobre el alcance de las operaciones desde Ankara, donde asistía a la cumbre de líderes de la OTAN. Trump detalló que los bombardeos alcanzaron la estratégica isla de Jarg, el núcleo de las exportaciones de crudo persas y aseguró que dio instrucciones específicas a sus mandos: "No, no toquen el petróleo, porque quizá nos hagamos con la isla. Puede que nos hagamos con la isla Jarg". Asimismo, el presidente estadounidense afirmó que las fuerzas de su país consiguieron destruir el 60% de un radar que Irán se encontraba reconstruyendo y eliminaron 28 barcos pequeños.
Los bombardeos estadounidenses también dejaron consecuencias humanas en suelo iraní. La Guardia Revolucionaria confirmó de forma oficial la muerte de uno de sus miembros en la ciudad costera de Bandar Mahshahr, señalando que el efectivo "murió esta mañana en una confrontación con drones enemigos invasores". Paralelamente, la agencia local Tasnim reportó que "varias personas resultaron heridas por la metralla de proyectiles enemigos" en el condado de Sirik, afectando de forma directa a localidades como Ziyarat o Tahrovi. La agencia estatal IRNA constató la existencia de fuertes explosiones en puntos neurálgicos del estrecho de Ormuz, como la isla de Qeshm o la ciudad costera de Bandar Abbas, donde se difundieron vídeos de varias embarcaciones pesqueras calcinadas por el fuego.
La Guardia Revolucionaria contraataca
Como siempre, la réplica de Teherán no se hizo esperar. La Guardia Revolucionaria de Irán reivindicó la ejecución de 85 ataques dirigidos contra bases e instalaciones militares de EE.UU. en varios países del Golfo Pérsico. Mediante un comunicado difundido por la agencia estatal IRNA, el cuerpo militar de élite persa detalló que sus fuerzas navales y aéreas coordinaron el uso de misiles y drones para golpear los emplazamientos enemigos.
Entre los objetivos alcanzados por las fuerzas iraníes se encuentran la base de la Quinta Flota de EE.UU. en Baréin y la base aérea Ali Al-Salem, situada en territorio de Kuwait. La organización militar describió este despliegue como una "respuesta inicial" ante la agresión norteamericana. La ofensiva provocó que el Ejército de Kuwait notificara a través de la red social X la intercepción de diversos proyectiles en su espacio aéreo y el registro de explosiones en zonas no detalladas. En Baréin, el Ministerio del Interior instó formalmente a los ciudadanos a mantener la calma y buscar refugio tras la activación de las sirenas de emergencia de la madrugada.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán condenó de forma tajante las acciones de Washington, catalogándolas como una "flagrante violación" del primer artículo del Memorando de Entendimiento firmado el pasado 17 de junio para el cese de las hostilidades. La cancillería iraní remarcó que tanto las incursiones militares como la decisión paralela del Departamento del Tesoro de revocar los alivios comerciales petroleros "han dejado sin efecto partes clave y fundamentales" del pacto. "La responsabilidad de las peligrosas consecuencias de esta escalada recae en el renegado régimen estadounidense", sentenció el ministerio, advirtiendo de que sus Fuerzas Armadas "no dudarán y también atacarán la fuente y el origen de las agresiones".
Además, la Guardia Revolucionaria vinculó políticamente el momento del ataque con los funerales del fallecido líder supremo Alí Jameneí, asesinado el pasado 28 de febrero en el inicio de la guerra. Según las fuerzas armadas persas, la Casa Blanca ejecutó la operación para intentar eclipsar las ceremonias fúnebres celebradas en Irak.
Trump da por roto el pacto
La ruptura institucional quedó ratificada de forma tajante por Donald Trump durante la cumbre de la Alianza Atlántica en Turquía. En una comparecencia ante los medios junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Trump dio por liquidado el acuerdo marco de alto el fuego: "Para mí se ha acabado. No quiero negociar con ellos, porque son basura. Son gente enferma, dirigida por gente enferma, mala, violenta". El presidente argumentó que mantener conversaciones con las autoridades de Teherán es "solo malgastar tiempo" debido a que "mienten y hacen trampas".
Trump justificó la contundencia de las operaciones militares de la noche anterior afirmando que el régimen iraní rompió la tregua de respeto concedida con motivo de las honras fúnebres de Jameneí. "Les dijimos haced el funeral, y en lugar de eso empiezan a lanzar cohetes contra buques. Así que les dimos duro anoche, muy duro", argumentó. Aunque el mandatario señaló que mantendrá formalmente a sus negociadores principales (Steve Witkoff y Jared Kushner) en sus puestos, insistió en su profunda desconfianza hacia la dirigencia persa.
Horas más tarde, en el marco de una reunión bilateral con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, Trump elevó el tono de la amenaza y advirtió de la inminencia de nuevos bombardeos contra la República Islámica: "Muy probablemente volveremos a golpearlos duramente esta noche. Les daré una pequeña advertencia". El jefe del Ejecutivo estadounidense amenazó con la posibilidad de destruir infraestructuras críticas como puentes, instalaciones de generación eléctrica y plantas desalinizadoras, además de poner sobre la mesa la opción de reimponer un bloqueo naval selectivo sobre Irán o consolidar la ocupación militar de la estratégica isla de Jarg, el territorio clave que concentra el 90% de las exportaciones de crudo de la nación persa.
La actual escalada bélica retoma así la dinámica de conflicto abierto que se inició el pasado 28 de febrero, fecha en la que EE.UU. e Israel lanzaron una ofensiva militar contra la República Islámica. Desde entonces, la gran mayoría de las naciones de Oriente Medio que albergan instalaciones o legaciones diplomáticas norteamericanas han sido blanco de ataques por parte de las fuerzas de Irán, en un pulso histórico por el control geopolítico del estrecho de Ormuz.
Con las espadas en alto y la diplomacia reducida a cenizas, el Golfo Pérsico contiene el aliento ante la promesa de una nueva noche de fuego. Lo que hace apenas unas semanas se perfilaba como un frágil camino hacia la estabilización regional se ha transformado, en cuestión de horas, en un peligroso retorno a la casilla de salida. Con el estrecho de Ormuz convertido otra vez en un polvorín flotante y los canales de diálogo dinamitados por la desconfianza mutua, la comunidad internacional mira con evidente temor hacia un tablero geopolítico donde cualquier chispa mal calculada puede desencadenar un incendio de dimensiones impredecibles en el corazón energético del planeta.