Marlene Reusser se despertó contenta por la mañana. Miró al móvil. Se le acumulaban las felicitaciones. Cumplía años. 35.
Una efemérides estupenda, aunque en lugar de en Suiza, su hogar, estuviera en Canadá. La helvética no estaba de turismo. Su viaje era por negocios.
A media tarde el teléfono móvil se le inundó de mensajes de felicitación. El motivo era otro. Celebraban su oro en el Mundial de contrarreloj.
La suiza, campeona el pasado curso en Ruanda, concretó su estatus con el segundo título consecutivo. Fue la suiza la más exacta. El reloj y Suiza comparten destino.
Maestra relojera Reusser, que alcanzó el arcoíris por delante de Zoe Bäckstedt y Franziska Koch. “Ganara o no, tenía algo que celebrar”, dijo con humor Reusser, doblemente feliz tras pintar el cumpleaños de arcoíris.
“Estoy muy contenta. Ganar, aunque sea repitiendo, siempre es especial. Hay mucha gente detrás de esto, de este trabajo”, expuso.
Reusser certificó su victoria a medida que creció el kilometraje. Se agigantó la suiza, 1,80 metros de estatura, tímida en el arranque y espléndida en el final, donde ofreció lo mejor de su repertorio. Incluso le alcanzó para doblar a Demi Vollering, desconectada.
De menos a más
Especialista pura, Reusser dominó por 40 segundos a la jovencísima Bäckstedt y por 45 a Koch. Mejoró en cada toma de tiempo para expandirse en la meta con una victoria incontestable que le elevó otra vez al arcoíris con un tiempo de 50:24. Registró una media de 46,7 kilómetros por hora. Inalcanzable.
Podio final del Mundial de crono femenina, con Reusser, campeona, Bäcskstedt, plata, y Koch, bronce.
Para dar cuerda al reloj y poner en marcha el mecanismo del Mundial de contrarreloj femenino, se trataba de desenroscar el callejero de Montreal apurando en las curvas, lijando aquí y allá, sin dejarse la viruta de los segundos, pepitas de oro en un trazado de 39,2 kilómetros que se estiraba en el segundo tramo.
Era el trecho ideal para las especialistas, trenzado el recorrido por largas rectas, sin pensar en lo ángulos, solo en la potencia y la velocidad para atravesar un tramo del circuito de Fórmula-1 Gilles Villeneuve.
Después restaba desembocar en el repecho final, infinitos 500 metros, el remate de una ejercicio agonístico. Allí sobresalió la figura de Reusser.
La referencia
Zoe Bäckstedt, campeona del Mundo sub’23 el pasado curso, arañó en cada giro, en los recodos y esquinas urbanas para registrar el mejor tiempo en la primera toma de temperatura de la crono.
Por ese lugar, Demi Vollering, la mejor ciclista del mundo, bicampeona del Tour, vencedora del Giro y de la Vuelta, derrapó de mala manera. Se quedó colgando con más de 30 segundos de desventaja.
Lejos de lo que se presuponía. Insobornable el juicio del tiempo, exacta su autopsia, decretó que la neerlandesa no tendría mayor recorrido.
Reusser, defensora de la corona, suiza, ajustado el casco con dos palmadas en la rampa de salida, también penalizó en el tramo urbano. Lo mismo le sucedió a Niedermaier. A Lotte Kopecky también le señaló el reloj.
Koch peleaba con Bäckstedt. Ajena al enconado duelo de la inglesa y la alemana, la suiza fijó su ritmo, infatigable, el compás sereno, profunda la pedalada, la postura idónea para volar.
Restó la escasa desventaja que acumulaba y se disparó para festejar el día de su nacimiento con un triunfo rotundo. Sopladas las velas, Reusser se regala un arcoíris.