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Neutralizado en dos ocasiones por la falta de asistencia médica tras una caída numerosa, el Tour de Eslovenia respiró entre jadeos, incertidumbre y dudas hasta que se reanudó la marcha en busca del final en Ormož del segundo día de competición.
Se impuso la misma premisa que la víspera: el mando del Red Bull. Esa idea prevaleció hasta el esprint, donde todo parecía ideal para Laurence Pithie, el líder.
La llegada, picajosa, engañó al neozelandés, que calculó mal y desestimó a sus rivales antes de tiempo. Ese fue su error.
Se lanzó sobre la rueda de Oliver, compatriota suyo, que encendió el duelo. Fue el primero en desenfundar. Su aceleración se marchitó respecto a Pithie.
El líder le rebasó sin alharacas, pero de algún modo, esa facilidad, le emborronó la llegada.
Pithie se veía ganador, sin sombra que le molestara hasta que Dušan Rajovíc, indetectable, surgió desde las entrañas para someterle con enorme autoridad en un esprint en el que Xabier Berasategi logró la quinta plaza.
El mejor del Euskaltel-Euskadi. Axel van der Tuuk, otro de los dorsales de la formación naranja, es segundo en la general.
El velocista serbio, sin una formación que le enfilara hacia el éxito, se ocultó de maravilla. Aprovecho cada pulgada para moverse con determinación en la jaula de la velocidad. Fuer de plano, no le esperaba Ptihie en la ecuación.
Giró la cabeza el neozelandés cuando le sobrepasó. No entendía nada. Rajovíc, mientras tanto, estallaba de alegría. La emoción de los humildes frente a los poderosos. Nadie le esperaba, salvo los caprichos del destino. Rajovíc sorprende a Pithie.