Gipuzkoa

"Quiero que mis nietos digan: mira, la historia de mi abuelo"

Josune Murgoitio dirige en Aretxabaleta un taller en el que voces con experiencia hilvanan sus vivencias en forma de relatos
La escritora arrasatearra Josune Murgoitio y su alumno José Manuel García, que se muestra muy contento con la experiencia de recopilar sus recuerdos y anécdotas en un relato. / Anabel Dominguez.

En una semana marcada por el Día del Libro, hay relatos que no se exhiben en escaparates ni figuran en listas de ventas. Nacen despacio, a mano, en silencio. Surgen cuando la vida ya ha dejado poso -o quizá justo cuando encuentra su momento-. Como los que brotan en el taller de escritura creativa para personas mayores que dirige la escritora Josune Murgoitio en Aretxabaleta.

“Siempre me gustó la idea de poder leer un libro escrito por mis abuelos”, explica. De esa añoranza echó a andar una iniciativa que da voz a quienes han vivido mucho, pero no siempre lo han narrado. En la asociación de personas jubiladas Basotxo, un grupo reducido empezó en octubre a transformar sus recuerdos en palabras.

Al principio, el miedo. “No sabían si iban a lograrlo”, cuenta Murgoitio. Pero el proceso ha ido dando frutos. “Más que inspiración, escribir requiere disciplina”, insiste la escritora arrasatearra, que ejerce de guía, ayudando a dar forma a lo que cada uno quiere contar. Una vez por semana, los jueves de 11.00 a 12.00 horas, se reúnen para leer en voz alta, compartir y seguir avanzando.

La primera versión, lista

José Manuel García es uno de los participantes en estas sesiones. Llegó sin hábito de escritura. “Antes, cuando no había móviles, lo habitual era escribirle alguna carta a la chica; era lo que se hacía”, comenta entre risas. Hoy, en cambio, tiene entre manos la primera versión de su relato.

Siempre me gustó la idea de poder leer un libro escrito por mis abuelos

“Lo más difícil está hecho”, asegura Murgoitio. Él, más prudente, matiza: “Me da corte llamarle libro”. Porque lo que ha construido no responde a una estructura académica ni a una ambición literaria clásica. Su texto es otra cosa: un recorrido vital tejido a base de retazos, momentos curiosos y pequeñas escenas que, al entrelazarse, acaban dibujando una vida.

Desde una infancia en un entorno “natural, casi salvaje” hasta el momento en que, con 24 años, dejó Salamanca y, tras un breve paso por Madrid, se instaló en Aretxabaleta. A partir de ahí, una trayectoria llena de aficiones y proyectos. “He estado en muchas salsas”, dice José Manuel con naturalidad. Rugby, ciclismo, hípica…; iniciativas con las que no solo ha disfrutado, sino en las que a menudo fue de los primeros en implicarse. En esta sucesión de episodios "voy dando saltos", reconoce, como suele ocurrir al tirar de memoria.

Pero hay límites que no cruza. “La vida familiar apenas la he tocado”, explica. No por falta de importancia, sino por respeto a los suyos. “Son cosas personales”, recalca. Esa decisión marca el carácter del proyecto, que -por ahora- no está pensado para hacerse público. “Mi intención es que mis nietos digan: ‘mira, la historia del abuelo’”, precisa. Ese es su destino: quedarse en casa, en el ámbito privado.

García enseña a Murgoitio sus escritos, con una caligrafía impecable. Anabel Dominguez.

Lo que se recibe a cambio

Más allá de las historias individuales, se esconde una memoria colectiva. “Aprendes mucho con ellos”, señala la autora arrasatearra, a quien le gustaría ver algún día publicados los trabajos de sus pupilos. “Para mí está siendo una experiencia muy agradable”, añade, y destaca el valor de generar “un espacio en calma, donde se comparten y se cuidan los detalles de la escritura”, así como todo lo que recibe a cambio: la oportunidad de acercarse a quienes han atravesado realidades muy distintas, “algunas más fáciles que otras”, y de descubrir “curiosidades y tradiciones que desconocía”, que emergen con espontaneidad.

En ese cruce de voces y vivencias, lo personal y lo laboral de quienes toman parte en el taller se funde, de forma inevitable, con la historia de “los pueblos en los que han vivido, con el cooperativismo en la zona y con la transformación social del entorno”, apunta Murgoitio.

El valor de esta aventura no reside solo en el resultado, sino en el propio proceso. Escribir como ejercicio de autoestima y de expresión; como una forma, en palabras de esta entusiasta escritora, de “anclar la memoria y expresar lo interior”. Todavía queda trabajo por delante: las correcciones, los ajustes y la elaboración de la versión definitiva.

Las puertas están abiertas

García vuelve al principio de todo. “A mis 79 años…”; así arranca su testimonio, una manera, entre muchas otras, de abrir el hilo de una biografía.

Y, mientras tanto, el taller sigue su curso. La propuesta, que partió de Murgoitio, encontró acogida en la asociación Basotxo. Desde entonces, mantiene sus puertas abiertas, invitando a adentrarse en una experiencia en la que cada relato halla su propio ritmo y su lugar.

25/04/2026