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Más allá de una reforma técnica, el cambio de la actual monarquía parlamentaria por una república implicaría un debate de fondo sobre el modelo de Estado. Desde el punto de vista formal, el proceso, previsto en la Constitución de 1978, exige amplias mayorías parlamentarias y un referéndum final. Sin embargo, más que un problema jurídico, los expertos coinciden en que la clave es política.
Como señala el catedrático de Derecho Constitucional en la EHU, Javier Tajadura, “Algunos dicen que es complicado cambiar la monarquía por la república, pero en realidad lo difícil no es el procedimiento en sí, sino que exista una mayoría política dispuesta a hacerlo. Con que haya una mayoría de dos tercios en el Congreso y en el Senado, el proceso puede ponerse en marcha sin mayores obstáculos".
Ese consenso no solo sería necesario para activar el proceso, sino también para sostener el debate público que inevitablemente lo acompañaría. Porque, en esencia, no se trataría de un simple ajuste institucional. Tajadura lo plantea en términos rotundos: "Cambiar la monarquía por la república no supondría reformar la Constitución, sino hacer otra distinta".
La distinción no es menor. La Constitución de 1978 define explícitamente al Estado español como una monarquía parlamentaria. Alterar ese principio, sostiene el catedrático, implica una ruptura constitucional: "La Constitución original establece una monarquía parla y una Constitución reformada que eliminara la monarquía ya no sería, en realidad, la misma Constitución".
“ Lo difícil no es implantar la república, sino que haya una mayoría dispuesta a hacerlo ”
Javier Tajadura - Catedrático de Derecho Constitucional en la EHU
Modelo de Estado
En ese escenario, el debate dejaría de ser estrictamente jurídico para convertirse en político y social. ¿Qué tipo de república? ¿Con un presidente elegido directamente por los ciudadanos o designado por el Parlamento? ¿Con un papel simbólico o con amplias competencias ejecutivas? Las respuestas no están en la Constitución actual, sino en una hipotética negociación futura. Porque, como reconoce el catedrático Juan Antonio Ríos, "hablar de una hipotética Tercera República sin definir el modelo concreto es hacer pura especulación, ya que no existe un único modelo de república".
Francia y Portugal son dos claros ejemplos de ello. En el país luso, el jefe del Estado tiene un papel simbólico, más parecido al de Felipe VI, mientras que el presidente de la República francesa posee amplias competencias.
Concentración en Madrid contra la vuelta del rey emérito en 2022.
Pasos para instaurar la Tercera República
Mayoría de dos tercios
Tanto el Congreso como el Senado deben aprobar la iniciativa con el respaldo de dos tercios de sus miembros. No basta una mayoría simple; se requiere un acuerdo amplio entre las principales fuerzas políticas.
Paso por las urnas
Aprobado el primer filtro, la Constitución obliga a disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Este paso tiene un sentido claro: que los ciudadanos puedan pronunciarse indirectamente sobre el cambio en las urnas, eligiendo a nuevos representantes con ese debate ya sobre la mesa.
Ratificación en las Cortes
Las nuevas Cortes surgidas de esas elecciones deben volver a votar la reforma, de nuevo con una mayoría de dos tercios en ambas cámaras. Es una doble ratificación parlamentaria que refuerza la legitimidad del proceso.
Referéndum vinculante
La reforma debe someterse a referéndum y queda aprobada si obtiene más votos a favor que en contra. Es la validación definitiva.
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El futuro del rey
Más allá del diseño institucional, el cambio afectaría al papel del actual jefe del Estado. La monarquía, subraya Tajadura, ofrece una ventaja sobre la república: "El rey no depende del voto popular y puede desempeñar un papel más integrador". En un sistema republicano, en cambio, esa figura depende de una mayoría social, lo que puede provocar divisiones internas. "En contextos de polarización, el jefe del Estado elegido tiende a representar solo a una parte de la sociedad", expone el catedrático de Derecho Constitucional.