El embarazo implica numerosos cambios en el organismo y algunos requieren un seguimiento especial. Entre ellos está la preeclampsia, un trastorno relacionado con la presión arterial que suele aparecer a partir de la semana 20 de gestación y que puede afectar tanto a la salud de la madre como a la del bebé. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta aproximadamente a entre el 3% y el 8% de las mujeres que dan a luz en todo el mundo.
Uno de los principales motivos por los que los controles durante el embarazo son tan importantes es que la preeclampsia puede no dar síntomas al principio. Una embarazada puede encontrarse bien y, sin embargo, presentar una presión arterial elevada que necesita ser vigilada.
La tensión arterial, una de las claves
La preeclampsia suele diagnosticarse cuando aparece hipertensión después de la semana 20 de embarazo, junto con otras alteraciones que pueden indicar que determinados órganos están afectados. La presencia de proteínas en la orina, conocida como proteinuria, es uno de los datos que pueden ayudar a identificarla, aunque los profesionales también valoran otros análisis y signos clínicos.
Por eso, en las revisiones prenatales se controla de forma periódica la tensión arterial y se realizan análisis de orina y otras pruebas cuando están indicadas. En el Estado, además, el Ministerio de Sanidad ha incorporado el cribado de riesgo de preeclampsia mediante un test combinado en el primer trimestre, que incluye parámetros bioquímicos, una ecografía de las arterias uterinas y la medición de la tensión arterial.
Mujer mide su presión arterial en casa durante el embarazo.
Dolor de cabeza, alteraciones visuales o hinchazón
Aunque no siempre aparecen síntomas, existen algunas señales que conviene conocer. Una de ellas es un dolor de cabeza intenso o persistente, especialmente si no mejora. También pueden producirse alteraciones visuales, como visión borrosa o percepción de manchas o destellos.
La hinchazón repentina, especialmente en las manos o la cara, también puede ser una señal de alerta. Durante el embarazo es habitual tener cierta retención de líquidos, sobre todo en las piernas, por lo que no cualquier hinchazón significa que exista preeclampsia. Lo importante es consultar cuando aparece de forma brusca o se acompaña de otros síntomas.
También puede aparecer dolor intenso en la parte superior del abdomen, especialmente debajo de las costillas, además de náuseas o vómitos cuando ya ha pasado el primer trimestre. Estos síntomas deben ser valorados por un profesional sanitario.
¿Quién tiene más riesgo?
La preeclampsia puede aparecer en cualquier embarazo, pero existen situaciones que pueden aumentar el riesgo. Entre ellas se encuentran el primer embarazo, los embarazos múltiples, la obesidad y determinadas enfermedades previas, como la hipertensión, la diabetes o las enfermedades renales. También influye tener antecedentes familiares de preeclampsia.
Tener alguno de estos factores no significa que la mujer vaya a desarrollar necesariamente la complicación. Sí puede hacer que el equipo sanitario valore de forma más estrecha el embarazo y determine si son necesarias medidas preventivas o controles adicionales.
Embarazada descansa mientras acaricia su tripa.
Por qué es importante detectarla pronto
Cuando se identifica, los profesionales pueden controlar la evolución de la madre y del bebé y decidir el tratamiento y el seguimiento adecuados según la gravedad y las semanas de gestación. En los casos más graves, la preeclampsia puede provocar complicaciones como eclampsia, síndrome HELLP, alteraciones en órganos maternos, desprendimiento de placenta, crecimiento fetal restringido o parto prematuro.
Por eso, la detección temprana permite vigilar la presión arterial, realizar análisis y controlar el crecimiento y bienestar fetal cuando sea necesario. El objetivo es evitar que la enfermedad avance y actuar rápidamente si aparecen complicaciones.
Ginecóloga realiza una ecografía a una mujer embarazada.
También puede aparecer después del parto
El nacimiento del bebé no elimina por completo el riesgo. La preeclampsia también puede presentarse después del parto, por lo que determinados síntomas durante el posparto requieren atención médica. Un dolor de cabeza intenso, alteraciones de la visión, dolor fuerte en la parte superior del abdomen o una hinchazón repentina no deben ignorarse.
La preeclampsia no siempre puede prevenirse y algunos de sus primeros signos solo pueden detectarse mediante controles médicos. Por eso, acudir a las revisiones del embarazo y consultar ante síntomas nuevos, intensos o repentinos son dos de las mejores herramientas para detectarla a tiempo y reducir el riesgo de complicaciones para la madre y el bebé.