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¿Por qué tiembla tanto la tierra? Las claves de los terremotos en Granada

Los expertos comparan el actual episodio con otros como el vivido en el año 2021, que dejó más de 3.000 terremotos en nueve meses
Los sucesivos terremotos registrados en Granada han dejado multitud de destrozos en calles y edificios. / E. P.

Los terremotos están marcando, junto a los incendios, la actualidad informativa de este verano. En los últimos días, la provincia de Granada ha encadenado cientos de seísmos —dos de ellos de magnitud de 4,8—, que han sacudido la zona. Desde el comienzo de agosto, se han contabilizado más de 600 movimientos y se calcula que se producen alrededor de 30 terremotos al día, según el geólogo Antonio Aretxabala.

Pero la tensión en la vega granadina no es un caso aislado. La tierra también se ha movido con fuerza en otros puntos del planeta. El 14 de agosto, la isla de Flores, en Indonesia, registró un seísmo de magnitud 7,7 que dejó decenas de fallecidos. Cuatro días antes, el 10 de agosto, un seísmo de magnitud 7,4 sacudió el oeste de Colombia. El 24 de junio, Venezuela sufrió un doble impacto con dos terremotos de 7,2 y 7,5 registrados en menos de un minuto.

Semejante sucesión de terremotos plantea dos preguntas inevitables: ¿por qué hay tantos seísmos últimamente? ¿Es algo normal? Aunque alguno de los seísmos registrados en Granada haya sido "un poco más grande de lo habitual", no hay motivos para alarmarse, según Manuel Regueiro, expresidente del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos.

"Estos terremotos llevan ocurriendo cientos de miles de años y tampoco son para asustar mucho", señala Regueiro, quien recuerda que en Granada se producen todos los días movimientos inferiores a 1,5 de magnitud que nadie percibe. Forman parte de una actividad sísmica constante que solo en determinadas ocasiones alcanza la intensidad suficiente para irrumpir en la vida cotidiana y convertirse en noticia.

¿Por qué da la impresión de que hay más terremotos?

Cuando varios terremotos tienen lugar en poco tiempo, tendemos a buscar un patrón y a establecer una conexión entre ellos. Pero una secuencia, por sí sola, no demuestra que estemos ante una "ola sísmica" global.

Según los expertos, la distribución de los terremotos responde, en buena medida, a procesos aleatorios. Puede haber periodos en los que varios movimientos de cierta intensidad se concentren en unas pocas semanas y otros en los que apenas se produzcan temblores perceptibles.

Por otro lado, seísmos moderados pero muy superficiales, como los vividos en el sureste peninsular, o de profundidad intermedia, como el de Colombia, se propagan y se sienten con mucha más intensidad en zonas pobladas, disparando la alarma social y mediática.

Los seísmos en Granada son totalmente normales y suceden desde hace mucho

Manuel Regueiro - Expresidente del Colegio de Geólogos

¿Por qué tiembla Granada?

La explicación está bajo tierra. Granada se encuentra en las cordilleras Béticas, una de las áreas con mayor actividad tectónica de la península. El movimiento entre las placas africana y euroasiática somete a la corteza a una deformación constante y genera tensiones que se acumulan en las numerosas fallas activas del sureste.

Cuando la presión supera la resistencia de las rocas, estas se rompen o se desplazan y liberan de golpe la energía acumulada en forma de ondas sísmicas. Así nace un terremoto. En Granada, este proceso explica que los seísmos sean relativamente habituales, aunque la mayoría sean moderados y no causen daños. "Hay numerosas fallas y muchas de esas fallas se reactivan cuando se produce un seísmo más profundo", explica Regueiro.

Uno de los principales aspectos en los que solemos fijarnos al hablar de terremotos es en la magnitud. Esta se encuentra directamente relacionada con la longitud de las fallas que generan los terremotos. "Una rotura de cuatro kilómetros fue capaz de generar un terremoto de magnitud 5,1, como el que se produjo en Lorca en 2011", subraya el geólogo Antonio Aretxabala.

Sin embargo, las consecuencias no dependen únicamente de la magnitud del seísmo. También influyen factores como la profundidad del terremoto, la distancia al epicentro, el tipo de terreno y la resistencia de los edificios. Por eso, dos seísmos de similar magnitud pueden tener efectos muy distintos. La combinación de actividad tectónica y fallas activas hace que Granada deba tener especialmente presente el riesgo sísmico en sus políticas de prevención.

Un grupo de personas observa parte de la fachada de un edificio destrozada a causa de los terremotos que están sacudiendo Granada. E. P.

¿Existe algún tipo de relación entre los terremotos registrados últimamente en diferentes partes del mundo?

Cuando coinciden fenómenos como los de Granada, Colombia, Indonesia o Venezuela, resulta tentador pensar que están interconectados de alguna manera. Sin embargo, no existe base científica para establecer una conexión directa.

"Los terremotos que se han producido ahora en Granada no tienen por qué estar relacionados con los que se están registrando en otras partes del mundo", afirma Aretxabala. Un terremoto puede redistribuir tensiones en fallas próximas, pero eso no significa que un movimiento en Colombia desencadene otro en Granada.

Regueiro coincide. Los movimientos de Granada "no tienen" relación con los terremotos registrados en Colombia e Indonesia. Las redes sísmicas, además, son hoy mucho más densas y sensibles y registran movimientos que antes pasaban inadvertidos.

Existen investigaciones sobre posibles cambios en la sismicidad de determinadas zonas y sobre la influencia que pueden tener variaciones rápidas en las cargas de la corteza, como la pérdida de hielo, las sequías o la subida del nivel del mar.

Pero Aretxabala pone un límite claro: "Ahora mismo no se puede afirmar que el cambio climático sea responsable de la sismicidad que se está produciendo". Es una relación que se investiga, no una explicación demostrada empíricamente.

Euskal Herria no es una zona especialmente propensa a sufrir grandes terremotos

Antonio Aretxabala - Geólogo e investigador independiente

¿Cuánto se puede alargar esta situación?

"Hay que ser muy prudente porque no existe una fórmula que permita decir cuándo va a terminar el enjambre", advierte Antonio Aretxabala. Los especialistas pueden seguir su evolución, localizar los epicentros, estudiar las fallas implicadas y comprobar si la actividad aumenta o disminuye, pero no pueden determinar cuándo cesarán las sacudidas.

Además, que se sucedan muchos terremotos de pequeña magnitud no garantiza que no pueda producirse después otro de mayor intensidad. La actividad sísmica no sigue una secuencia perfectamente previsible.

Entre diciembre de 2020 y agosto de 2021, Granada registró una situación similar a la actual. Durante aquellos meses, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) contabilizó 3.110 terremotos, seis de ellos con una magnitud igual o superior a 4 y otros 36 que llegaron a alcanzar o superaron la magnitud 3.

La población navarra conoce bien este comportamiento. El enjambre iniciado en agosto de 2020 se prolongó prácticamente hasta 2022 y durante septiembre y octubre llegó a superar los cien movimientos diarios. En el entorno de Yesa existe además el antecedente de una secuencia que se prolongó entre 1923 y 1925, mientras que en el sur de Iruñea hubo otro episodio durante 2013.

Por ello, la vigilancia sísmica resulta clave. El IGN cuenta con decenas de estaciones permanentes en el entorno de Granada y, ante la reciente actividad, ha desplegado además dos equipos portátiles próximos a la zona epicentral. Este refuerzo permite detectar los temblores más pequeños y determinar con mayor exactitud dónde se producen y cuáles son sus características.

Casa totalmente derrumbada en Lorca (Murcia) tras el seísmo de 2011. E. P.

Zonas de mayor riesgo

El mapa peninsular dibuja dos zonas donde la actividad sísmica es mayor: el sureste, con la cordillera Bética —Granada, Almería y Murcia— y el sistema pirenaico, desde el entorno de Irun hasta Catalunya. Esta última presenta una recurrencia menor: los grandes terremotos son menos frecuentes, pero los antecedentes históricos demuestran que el riesgo no desaparece.

El sistema pirenaico ha generado terremotos relevantes a lo largo de la historia y el noroeste peninsular también registra secuencias sísmicas, aunque con menor peligrosidad. Canarias presenta una actividad diferente, vinculada a su origen volcánico.

Euskal Herria no presenta la peligrosidad del sureste peninsular. "Euskal Herria no es una zona especialmente propensa a generar terremotos importantes. Aquí se producen pocos y, en general, apenas se perciben", señala el geólogo Antonio Aretxabala. Sin embargo, el riesgo no solo depende del epicentro, sino de cómo se siente la sacudida en la superficie.

Donostia ofrece el ejemplo más claro. "La ciudad tiene una configuración geológica particular al estar situada sobre una cubeta sedimentaria de arena y agua, funciona prácticamente como un amplificador", explica el experto. Por eso, un seísmo puede sentirse perfectamente en Donostia y pasar desapercibido en otras localidades.

Esta amplificación choca con la tónica habitual de la región, marcada por temblores leves como los registrados recientemente en Irun, Gasteiz o Iruñea. De hecho, los episodios navarros de 2013 y 2020-2022 demuestran que el territorio puede convivir durante meses con pequeñas sacudidas continuas sin que esto implique un gran evento destructivo.

¿Estamos preparados para afrontar una situación como la que se está viviendo en Granada?

Según Antonio Aretxabala, sí. "Desde el enjambre de 2013, en la zona sur de Pamplona, se hizo una labor importante de educación sísmica. Se dieron conferencias y se explicó en medios de comunicación qué es un terremoto y, sobre todo, qué no hay que hacer cuando se produce", afirma el geólogo.

También se planteó realizar una especie de "ITV" a los edificios, además de introducir la educación sísmica en los colegios. "El problema es que cuando acaba un enjambre, todo el mundo se olvida del tema y no se implementan las medidas prometidas", afirma Aretxabala.

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Regueiro reclama aprovechar la actual secuencia para reforzar esa preparación y actualizar la normativa sismorresistente, cuya referencia general data de 2002.

Pese a todo ello, existen medidas sencillas que podemos aplicar en nuestros hogares para reducir las consecuencias de un terremoto: asegurar firmemente objetos que puedan causar daños —cuadros, espejos, lámparas, armarios, librerías— y no colocar objetos pesados en zonas altas, además de contar con un kit de supervivencia.

23/08/2026