La detección de un brote de hantavirus de la variedad andina dentro del crucero MV Hondius ha generado una lógica inquietud social. Aun así, el doctor Daniel López Acuña insiste en Las Mañanas de Onda Vasca que la situación debe abordarse bajo un prisma de "serenidad con rigor", con "preocupación epidemiológica", pero no "con alarma" ni "pánico". El experto aclara que, aunque nos enfrentamos a un patógeno serio y mortífero, el escenario actual es radicalmente distinto al vivido con el COVID-19.
La clave reside en el mecanismo de contagio, ya que mientras el coronavirus se propagaba de forma masiva mediante aerosoles, es decir, mediante partículas microscópicas suspendidas en el aire, este virus requiere de un contacto físico estrecho con fluidos corporales como el sudor o la saliva. "No hay motivos para el pánico ni para la alarma", considera. Sin embargo, el epidemiólogo no resta importancia a la gravedad del virus. "Es un virus que tiene una alta letalidad para quienes se infectan, de hasta el 30-40%, es muy serio", detalla. Esta agresividad hace que López Acuña lo sitúe en un perfil "más parecido al ébola" que a otras patologías respiratorias comunes.
Pese a todo, el doctor enfatiza que hay que encender "la luz amarilla, no la luz roja" , ya que no nos encontramos ante una emergencia de carácter internacional ni ante una enfermedad con potencial pandémico masivo.
Larga incubación
Una de las mayores complicaciones para la gestión sanitaria es su periodo de incubación, que puede alcanzar las ocho semanas. Esta "ventana" temporal justifica la estricta necesidad de mantener cuarentenas prolongadas, incluso en individuos que no presentan síntomas inmediatos. Así se garantiza que estas personas no se conviertan en vectores de transmisión una vez que regresen a sus entornos familiares. "De ahí la importancia y la necesidad de las cuarentenas de las personas que están en el barco, aún si hoy no tienen síntomas, porque en tres o cuatro semanas podrían desarrollarlos" zanja el epidemiólogo.
En cuanto a la respuesta de las instituciones, López Acuña avala las decisiones tomadas por el Gobierno español, asegurando que "se está haciendo lo correcto", siguiendo protocolos que están alineados con el Centro Europeo de Control de Enfermedades y la OMS. No obstante, lamenta que la coordinación internacional no fuera perfecta desde el inicio, y denuncia un "hoyo negro" informativo. "Ni los ingleses ni los holandeses informaron del brote, hasta este fin de semana pasado, a la OMS y al Centro Europeo de Control de Enfermedades. Entonces hemos tenido que actuar sobre hechos consumados. Si se hubiese actuado desde hace 15 días en Santa Elena, cuando se bajaron 30 personas y cuando ya se repatriaron algunas personas, otro gallo cantaría", asegura Daniel López Acuña.
El exdirectivo de la OMS también aprovecha para pedir responsabilidad a los líderes políticos y evitar que la salud pública se convierta en un "arma arrojadiza". Defiende la idoneidad del Hospital Gómez Ulla de Madrid para acoger a los afectados, destacando que posee las unidades de aislamiento necesarias. López Acuña insta a no hacer "demagogia con el sufrimiento de los demás" y a no alimentar discursos xenófobos que confundan a la ciudadanía.