Galder Izagirre siempre tiene una cosa en la cabeza: la música. Tras su paso por bandas de culto, o girar por todo el mundo con Berri Txarrak, el irundarra cuenta su reinvención en su proyecto individual, en pleno proceso de creación del segundo disco, y hace un análisis de la escena Punk, Hardcore y Metal en Euskal Herria.
Se dedica a la música, a la fotografía, a la televisión, ¿en qué proyectos está ahora?
En estos momentos estoy haciendo un programa de música para las redes de EITB y para Primeran, que se llama Kabian. Llevo ya unos años haciéndolo, y es un programa donde dos músicos, un invitado de fuera y un músico local, se juntan para hacer una canción durante un día. Como todos mis programas, la prioridad o el vínculo con todo lo que hago es, aparte de musical, creativo. La premisa es siempre que se cree algo nuevo, algo que no había antes de entrar a grabar. Además, ahora he entrado en Bira Produkzioak, dentro de mi ámbito de audiovisuales, y estoy trabajando con ellos. Y también sigo en la música con mi proyecto personal.
Entrando en la música, ha estado toda la vida en bandas de renombre. Pero hace ya tres años que lanzó el proyecto en solitario. ¿Cómo le va en esa faceta?
No me gustaría dar una respuesta rotunda, porque va por rachas. En lo personal va bien, está siendo una experiencia muy enriquecedora, en la que no dejo de aprender. Sigo con la ilusión del primer día de primer ensayo de Big Crunch o de Dut. Pero a nivel profesional o de infraestructura, mantener el proyecto es muy difícil. Dos de los músicos vienen por la A8, que es una fuente inagotable de gastos. Por otro lado, que en un pueblo con el bagaje musical de Irun no haya locales públicos de trabajo para músicos locales hace que sea mas difícil aún mantener una mínima infraestructura. Además, no estoy en ninguna agencia y la contratación la llevo yo, y hoy en día el no estar en una agencia es como no existir ni para los organizadores de los festivales, ni para los ayuntamientos, ni para las salas. Asumiendo eso, y cierro el apartado de quejas, sigo haciendo canciones, sigo tocando donde y cuando puedo, y además con la gente con la que realmente estoy a gusto.
Hace un sonido muy diferente a lo que había hecho en los grupos en los que había estado, un sonido más electrónico, diferente al metal o al hardcore al que estaba acostumbrado.
Era una premisa también. De hecho, creo que era lo único que tenía claro, hacer algo que no había hecho hasta el momento. Había un componente muy grande de experimentación, quería investigar por ahí y andar nuevos caminos. Sobre todo porque no quería repetirme, ni hacer otra vez lo mismo que había hecho los últimos 10-15 años. Suena todo diferente, incluso para mí. Pero es verdad que luego en directo han evolucionado las canciones, las hemos adaptado y han cogido otro espíritu que me han abierto otro camino para seguir.
Me va a permitir hablar un poco de su trayectoria. Empezó en Big Crunch, y después llegó el éxito con Dut.
Realmente Dut no fue un grupo de gran éxito, el tiempo es el que ha hecho que nos hayamos convertido en un grupo de culto. Tampoco había mucha información sobre nosotros, no había redes sociales, entonces hace que todo se idealice y se romantice de una manera u otra. Nuestro éxito en aquel momento era tener un público fiel, y tener más público en cada concierto que hacíamos. Pero nunca tuvimos un público masivo ni sonó nuestra música en la radio. Creo que la sensación de éxito de Dut es más actual que de aquellos años.
“ El éxito de Dut era tener un público fiel y más público en cada concierto. La sensación de éxito de Dut es más actual que de aquellos años ”
También tiene que ser bonito que con los años la gente haya guardado el recuerdo.
Eso sí, creo que lo bueno que tenía Dut era que, aparte de que estábamos aprendiendo a tocar los instrumentos mientras grabábamos y tocábamos, había un componente experimental. No teníamos miedo a nada y no queríamos casarnos con nadie. Hacíamos música atemporal, y creo que ha envejecido bastante bien. Diría que hoy en día se habla de Dut, y hay esa sensación de ser un grupo de culto en la escena, porque Askatu Korapiloa ha envejecido muy bien, a pesar de que tiene 25 años.
¿Mejor que At? Este año cumple 30.
Diría que sí. Es verdad que At para muchos es el disco cumbre de Dut, el que más adentro ha llegado a la gente, pero creo que musicalmente Askatu Korapiloa es la reafirmación de todos esos años, el culmen. Creo que tiene un mejor envejecer, pero no es mejor uno que otro. Simplemente, cada uno tiene lo suyo.
Después llegó Kuraia, con músicos muy reconocidos en la escena del metal y el hardcore de Euskal Herria como Mikel Kazalis (Anestesia), Joseba Ponce, con el que había estado en Dut, y Fernando Sapo (El Corazón del Sapo, Estricalla) y usted. Es un salto grande.
Y en principio yo no iba a ser el batería. Que de tres que componíamos Dut, dos fuéramos a un nuevo proyecto no tenía mucho sentido. Era un proyecto personal de Joseba Ponce, con canciones que no veía para Dut porque eran de otro rollo, más rockeras y sin tanta experimentación. Iba más al grano, y era lo que le apetecía. Se crea en un entorno de amigos, porque tocábamos mucho con El Corazón del Sapo y nos encantaba Fernando, y a él le apetecía hacer algo en euskera. Aprovecharon para hacer las canciones de Joseba, las cantó él en euskera, después entró Mikel Kazalis, y después yo un mes antes de grabar, porque el que iba a ser batería al final no pudo. Siempre he sido admirador de todo lo que ha hecho Joseba Ponce. Aparte de amigo y compañero de grupo, toda la música que hacía me gustaba. Por otro lado, no quería incidir demasiado con mi forma de tocar. Pero como se quedó sin batería me pidió a ver si le ayudaba y me animaba a grabar, y me adapté a esa forma de tocar. Era una forma de tocar más punk-rockera, música que me gusta también y que había escuchado toda la vida. También conocía las composiciones de Joseba, sus tendencias y cambios, entonces lo aprendí bastante rápido. Y así surgió Kuraia. Es verdad que en ese momento dio un golpe en la mesa, y fueron unos años de una energía acorde a la música, que era explosiva. La situación social también creo que era propicia para un grupo así. Fueron unos años muy rápidos que se quemaron a tope.
Galder Izagirre
Después hace un parón para dedicarse a dar clases de batería, y en 2010 pasó del underground a un grupo algo más mainstream como Berri Txarrak.
Efectivamente. Llevaba creo que tres años sin tocar en bandas después de Kuraia. No sé hasta qué punto Berri Txarrak era mainstream en aquel momento, pero sí era un grupo muy referente en Euskal Herria. Pero es verdad que después, casi sin darnos cuenta, lo llevamos hasta un punto que ni nosotros imaginábamos, o yo por lo menos no. Cuando me llegó la propuesta cambió un poco la película, porque en ese momento ya era padre de Mare, que tenía seis meses, y la decisión ya había que tomarla en familia, teniendo muchos factores en cuenta. Al principio no fue fácil, no fue una decisión a la que dije que sí enseguida. El ritmo que íbamos a llevar con Berri Txarrak y y ser padre de una hija, y luego de dos, era muy complicado. Pero tomamos la decisión de aceptar, y fue acertada, pero siempre reconociendo la labor de mi pareja Ainhoa, que era la auténtica rockera, y para que el rockero lo fuese, ella estaba cuidando la casa.
Y una vez aceptó, comenzó la experiencia.
Fue casi como vivir el sueño de cualquier chaval que empieza a tocar un instrumento y quiere vivir de ello. Lo sentí así. Lo vivimos de una forma muy intensa. Al no tener estudios, siempre lo he relacionado con mis grupos. Big Crunch fue mi parvulario, Dut la ikastola, Kuraia el instituto, y con Berri Txarrak me salté la universidad y fui directamente al mundo profesional. Poder vivir de la música durante una década viajando por todo el mundo, cantando en euskera y haciendo la música que nos daba la gana no está nada mal. También tenía muy claro que me tenía que adaptar mucho y respetar mucho la manera de tocar de Aitor Goikoetxea, el anterior batería de Berri Txarrak, pero también teníamos muchas cosas en común, y tampoco se me hizo muy raro. Además, me dejaban también un espacio creativo muy grande, he disfrutado mogollón en Berri Txarrak, como lo he hecho en todos mis proyectos.
¿Con quién le ha hecho más ilusión compartir escenario?
Pues te puedo poner como ejemplo haber compartido escenario con H.R., cantante de Bad Brains, en la gira de Fermin Muguruza y Dut en Los Ángeles. Y en la misma gira, en el CBGB de Nueva York con Darryl Jenifer, el bajista de de Bad Brains. Eso para mí fue muy importante, compartir espacio con dos grandes ídolos, y en dos sitios tan diferentes. También tengo que mencionar la visita a Washington D.C., y conocer a Ian MacKaye, de Fugazi y Minor Threat. No sé si después he idolatrado tanto a la gente, pero esos tres que te he comentado eran ídolos de adolescencia. También he podido convivir con Bill Stevenson, el batería de Black Flag, y también compositor de Descendents. Ha sido una pasada conocerle y trabajar con él, poder ver cómo toca, y también cómo graba y compone desde la batería. Compone la batería y la voz, en ese orden. Después la guitarra y el bajo lo hace otro técnico.
“ Berri Txarrak fue como vivir el sueño de cualquier chaval que empieza a tocar un instrumento y quiere vivir de ello ”
Luego llega 2019 se disuelve la banda y te toca reinventarte. ¿Cómo es ese proceso?
Todo lo que termina, cuando lo estás viviendo con mucha intensidad, es duro. Necesitas un tiempo de luto, y hay que pasar un luto más largo, y todo es más intenso. Aparte, no era solo terminar un proyecto musical, también profesionalmente había que reinventarse, y vivir de de la música en Euskal Herria como batería, cuando no quieres ser un batería de sesión, es difícil. Cerca de los 50 años tener que reinventarte profesionalmente y buscarte la vida sí me ha costado bastante, pero siempre he tenido la idea clara de seguir haciendo música. He podido descubrir que he sido capaz de componer y de dar rienda suelta a a la creatividad que surgía de mí, ha sido un proceso interesante. Ha sido duro, porque es una lucha muy intensa con uno mismo que al final te cansa mogollón, pero a la vez poder haber hecho un disco y una banda, haber aprendido a cantar tocando la batería y haberme adaptado a todas las circunstancias adversas que he tenido los últimos años, lo valoro mucho. Además, hay una cosa que no tiene nada que ver con la economía ni nada, que es disfrutar de la música y de la sensación de volver a la casilla de salida, de emocionarte con cualquier concierto que sale en un bar, de que haya diez personas pero tú estés feliz. Eso no tiene precio para mí en este momento.
¿En qué situación cree que se encuentra la escena del metal y el punk en Euskal Herria en estos momentos?
Todo lo que pueda decir seguramente es desde la perspectiva de un ‘boomer’, pero sí veo que ha cambiado mucho la película a nivel de interés musical en torno al rock y a las músicas mas ruidosas o experimentales, en todos sus aspectos. Me parece que se ha establecido como una especie de mainstream en la música euskaldun, que además vive bastante de subvenciones, y eso creo que es pan para hoy hambre para mañana. Al mismo tiempo hay algo que me gusta, en el sentido de que se está haciendo música más diversa que nunca a nivel estilístico, y sin prejuicios, pero que en muchos casos encuentra un interés paupérrimo. Probablemente, tienen mucho que ver también las redes sociales, es como si hacen una tabula rasa de todo y lo convierte todo en efímero, casi de usar y tirar. Parece que no hay mucho interés en profundizar en estilos de musica mas arriesgados. No te digo a nivel de público. No hay mucho interés en ella a nivel de escaparates públicos, como la radio o la televisión. Se arriesga cada vez menos en poner música diferente. Se ha hecho música muy interesante los últimos 20 años, que son historia de nuestra cultura y que realmente han desaparecido porque mucha gente no se ha enterado de que existía. A la vez, hay que dar gracias a plataformas como Musika Zuzenean y Badok, que realmente están haciendo un trabajo para darle valor a toda esa música que no encuentra su espacio, y que a su vez es muy interesante.
La última, ¿por dónde pasa el futuro de Galder?
Pues te puedo hablar del presente, que es hacer canciones y terminar el segundo disco. No me he puesto fecha ni nada, pero tengo bastantes canciones ya adelantadas. Quiero centrarme una temporada en terminarlas. De hecho, las he estado probando en directo, algo que no había hecho nunca en los otros proyectos que he tenido, tocar canciones sin terminar. Probar estas canciones en conciertos e ir adaptándolas me ha venido bien, es un buen experimento porque te define bastante la dirección de la canción en directo. Mi objetivo es hacer un disco que quiero que salga el próximo año.