De niño se asomaba a la ventana de su casa en Artekale para ver pasar las vaquillas. Su amama Lore le había inculcado aquella afición y él disfrutaba de una tradición que, sin saberlo, terminaría marcando su vida. Más de medio siglo después, José Ángel Rodríguez Urkiaga, conocido por todos como 'Peke', se prepara para dejar la cuerda de los toros de Durango. Tiene 65 años y, desde que comenzó a colaborar con 14, ha dedicado 51 años a una de las tradiciones más arraigadas de los Sanfaustos.
El Ayuntamiento quiso reconocer esa trayectoria estos Sanfaustos, durante el final de las fiestas, con un homenaje en la plaza de Santa Ana. La alcaldesa, Mireia Elkoroiribe, y la teniente de alcaldesa, Jesica Ruiz, le entregaron un recuerdo en nombre del municipio. Junto a ellas estaban sus compañeros, con quienes ha compartido décadas de madrugones, carreras y nervios antes de cada salida. Un reconocimiento que le llegó especialmente por las personas que le acompañaron. “El homenaje fue muy bonito y estoy muy agradecido. Allí estaban los compañeros y después de 50 años, pues emociona", reconoce 'Peque'. Detrás de esas palabras hay una vida entera vinculada a las Zezenak dira, pero también amistades y recuerdos que permanecerán cuando deje de estar al frente de la cuerda.
Su historia con las vaquillas comenzó mucho antes de asumir responsabilidades. 'Peke' nació creció en Artekale, donde disfrutaba viendo pasar los animales. La afición también estaba presente en casa. Su padre, natural de Valladolid, conocía bien los festejos populares de su tierra. "Mi padre, que es de Valladolid, allí también hay tradición de encierros y vaquillas. Él también corría los encierros allí".
La sokamuturra es una de las tradiciones más arraigadas de los Sanfaustos
En 1975, cuando tenía 14 años, pasó de mirar desde la ventana a colaborar directamente con quienes se encargaban de la cuerda. Su primer maestro fue Txena, junto al que comenzó a aprender los secretos de una tarea que exige coordinación, atención y responsabilidad. “Empecé ayudando al difunto Txena, corriendo la calle con ellos y, cuando hacía falta sujetar la cuerda porque se les iba o por si hacía falta más fuerza para parar, pues les echaba una mano. Mis inicios fueron así, aprendiendo”, recuerda con cariño.
Aquel adolescente no podía imaginar que aquella primera ayuda se prolongaría durante 51 años. Desde entonces, los Sanfaustos han sido una cita inseparable de su vida. Ha aprendido de quienes le precedieron y ha compartido después sus conocimientos con otras generaciones, contribuyendo a mantener viva una tradición que forma parte de la identidad festiva de Durango.
Después de más de medio siglo, 'Peke' ha decidido que ha llegado el momento de dejar de tirar de la cuerda. La edad y el desgaste físico pesan, aunque la afición permanezca intacta. “Este año también he participado y con la edad que tenemos los tirones se notan”, explica. “El año que viene la cuerda ya no cojo porque ahora mismo estoy con una faja”, señala entre risas.
La decisión no significa que vaya a desaparecer de los toros. Seguirá cerca de sus compañeros y colaborará en lo que pueda, aunque sin asumir la exigencia de estar pendiente de la cuerda durante todo el festejo. "Esto lo dejo con 65 pensando que ya es mejor dejar de tirar de la cuerda. El año que viene les ayudaré en lo que pueda, pero de otra manera. Sin estar ahí todo el rato continuamente".
Corriendo en San Fermín
No es la primera vez que ha tenido que tomar una decisión así. También corrió los encierros de San Fermín hasta los 55 años, cuando entendió que tocaba dejar paso a quienes venían detrás. “Estuve corriendo San Fermín hasta los 55 y lo dejé porque ya vi que aquello había que dejarlo, porque venía la gente muy fuerte por detrás”. Ahora le toca hacer lo mismo en Durango. No habla de una ruptura, sino de un cambio de papel después de toda una vida dedicada a los toros. Cuando repasa lo que le ha aportado esta experiencia, sus palabras van mucho más allá de las carreras y de la propia cuerda. “Las Zezenak me han aportado amistades, compañerismo, esos nervios antes del inicio y el durante, el correr…”. En esa frase resume lo que ha encontrado durante tantos años: la emoción que se repite en cada edición y, sobre todo, los vínculos que se construyen entre quienes comparten una misma pasión.
La sokamuturra tiene una larga historia en Durango. En el archivo municipal constan festejos taurinos ya en 1546, una tradición de la que derivaría la posterior salida de la vaquilla ensogada. Peque ha sido testigo de su evolución y sabe que su continuidad depende de que nuevas generaciones asuman el compromiso de mantenerla. Cuando se le pregunta si los toros seguirán formando parte de los Sanfaustos, responde con confianza. “Con la afición que hay en Durango yo imagino que sí”. Pero también insiste en que es importante que los vecinos se impliquen y que la organización conserve las formas de hacer las cosas que han permitido mantener la tradición. “Lo importante es que la gente del pueblo se involucre y, aparte de los ganaderos que vienen de fuera, que son los que más trabajan, los durangarras estén implicados y mantengan las formas de cómo organizarlo”.
Para él, la relación con los ganaderos es también una parte esencial de la experiencia. Con los años se han creado vínculos que van mucho más allá de las obligaciones de cada uno. “La relación que tenemos con los ganaderos no es una relación laboral, va mucho más allá. Los hamarretakos, almuerzos, se organizan en un gran ambiente”.
Por eso considera fundamental que haya relevo generacional. Quienes llevan décadas al frente de la cuerda van cumpliendo años y necesitan que otras personas recojan el testigo. “Hay relevo generacional y eso es lo más importante porque los que estamos dejándolo ya tenemos una edad”.
'Hamarretakos sagrados'
Si hay algo que demuestra que 'Peque' no piensa desvincularse de los toros es su compromiso con los hamarretakos. Dejará la cuerda, pero seguirá madrugando para preparar esos almuerzos que, después de cada jornada, reúnen a compañeros y ganaderos alrededor de una mesa. “Madrugar seguiré madrugando porque el compromiso mío son los hamarretakos. Me encargo yo de ellos». La cita es en la Peña Ezkurdi y, después de los toros, a las diez de la mañana, llega el momento de sentarse, comer y compartir conversación. "Vamos a la Peña Ezkurdi y después del toro, a las 10.00 horas, nos juntamos allí para comer callos, huevos o lo que haya, hablamos y entablamos amistad. Los hamarretakos son sagrados".
Es una costumbre que viene de lejos. Cuando empezó, el grupo se reunía en el antiguo Txoko, hoy Les Villes. También recuerda cómo se organizaban para que todos pudieran compartir la mesa. “Los del pueblo pagábamos el hamarretako de todos y de los ganaderos también”, rememora con nostalgia.
El próximo año ya no estará tirando de la cuerda, pero seguirá madrugando, preparando los hamarretakos y encontrándose con sus compañeros. Cambia su papel, pero no su vínculo con los toros ni con las personas que han formado parte de su vida. Porque, después de 51 años, algunas despedidas no significan marcharse, sino aprender a estar de otra manera. La cuerda quedará en otras manos. Los amigos seguirán alrededor de la mesa y, a las diez de la mañana, habrá una cita que 'Peke' no piensa perderse. Porque, como él mismo recuerda, los hamarretakos son sagrados.
José Ángel Rodríguez Urkiaga, más conocido como 'Peke'