Actualizado hace 7 minutos
Durante 26 años, Pauso-K ha sido mucho más que una escuela de baile en Irun. En su interior se han ido tejiendo lazos que han dado lugar a una comunidad que perdura en el tiempo. Su directora, Paula Bujanda, se siente orgullosa de lo que han logrado entre profesoras y alumnas, así como de la evolución de muchas de sus bailarinas y de los éxitos obtenidos. No hace falta ir muy lejos: el pasado año uno de sus grupos llegó a competir en Estados Unidos.
No obstante, todavía había una tarea pendiente, la de crear una compañía joven propia. Se trataba de un sueño que no encontraba el momento para hacerse realidad, hasta que en 2024, y tras varios años trabajando en compañías profesionales, Jon Aizpun, un joven bailarín que había sido alumno de la escuela, volvió a casa para incorporarse al equipo docente de Pauso-K.
Dado que él compartía la misma inquietud que Bujanda, juntos comenzaron a dar forma a ese proyecto que permitiera a los alumnos vivir la experiencia de formar parte de un grupo artístico más allá de la competición. Finalmente, en enero de 2025 dieron vida a Pauso-K Konpainia.
Jóvenes con talento
La selección de sus integrantes se realizó previamente mediante una convocatoria abierta entre el alumnado, a quienes ofrecieron la opción de presentar un vídeo en el que mostraran cualquier tipo de expresión artística. “Queríamos conocerles un poco más, saber qué eran capaces de hacer con el arte, porque nos dimos cuenta de que había gente con mucho talento más allá del baile, pero que a veces se lo guardaban para ellos”, cuentan los responsables de la compañía.
Entre las propuestas recibidas se realizó una selección, con el objetivo de que los perfiles seleccionados encajaran en la idea que Aizpun, director artístico, tenía ya en mente para su primera pieza artística: Inguma, una obra inspirada en la mitología euskaldun, que gira en torno a ese espíritu nocturno que atormenta a la gente mientras duerme.
Su creador explica que su intención fue desde el principio representar ese mundo onírico que puede resultar universal. “Quería transmitir esos sueños que se te quedan, esos que no sabes por qué, pero de los que te acuerdas. Mi intención era escenificarlos, traerlos a la realidad, aunque de forma un poco abstracta; porque creo que cada uno de estos sueños se conecta con algo muy universal y que todos tenemos esas inquietudes o miedos, así que quería que el público pudiera conectar con ello”, cuenta.
Además, añade que el hecho de que la pieza esté basada en la mitología euskaldun casaba muy bien con los ideales y la filosofía de la escuela. “Queríamos cuidar lo nuestro y ser un altavoz de esa cultura, acercársela al público y a los jóvenes. Porque, si nosotros no hablamos de lo de aquí, ¿quién lo va a hacer?”, afirma la directora de Pauso-K.
Paso a paso, sueño a sueño
Desde el inicio, la compañía trabajó por extractos, desarrollando la pieza sueño por sueño. Antes del estreno completo, presentaron quince minutos en la Orquesta Filarmónica de Bilbao, durante las charlas TED de la Universidad de Deusto, y más tarde, en mayo, durante el Euskaraldia de Irun, actuaron en la calle con una adaptación de media hora. “Aquello ya fue un paso grande, porque los bailarines están acostumbrados a hacer piezas de dos o cinco minutos, y esto suponía un reto. Pero salió muy bien y para nosotros fue un subidón”, relata Aizpun.
Foto de una representación de 'Inguma'.
El estreno íntegro llegó en octubre en Itsas Etxea Auditoriuma de Hondarribia. Las entradas para el pase se agotaron rápidamente y la actuación resultó todo un éxito. “A la gente le gustó mucho”, afirman. A su juicio, uno de los factores que facilitó esa conexión fue el propio planteamiento escénico. “Creo que visualmente es una pieza fácil, es muy estética. No es demasiado complicada de ver porque la música cambia, las escenas se trasladan… no se hace larga en ese aspecto”, explica Aizpun. Aun así, ambos reconocen que existía cierta incertidumbre antes de abrir el telón. “Ahora que todo va tan rápido, que consumimos vídeos cortos en redes sociales, uno tras otro, que en las competiciones las coreografías duran dos minutos… Estamos sobreestimulados, y en esta ocasión el público iba a ver solamente a doce personas en una hora de actuación, con mucha quietud. Para nosotros era un reto, pero salió muy bien”, explica Bujanda.
En busca de visibilidad
Tras algunas nuevas incorporaciones, la compañía cuenta actualmente con 16 integrantes de entre 14 y 28 años, en su mayoría mujeres porque, tal como asegura la directora de Pauso-K, el de la danza es todavía un mundo principalmente femenino. Y aunque no se trata de una compañía profesional, porque no disponen de los mismos recursos, tiempos ni apoyo económico, sus responsables reivindican la capacidad de sus miembros: “Son jóvenes que llevan toda la vida bailando, con experiencia en competiciones y acostumbrados a actuar”, aseguran.
Sin embargo, después de un año de recorrido su principal reto sigue siendo la visibilidad. “Lo más difícil desde el principio ha sido la burocracia. Intentar que nos escuchen, que nos abran puertas, que nos conozcan… Muchas veces ni siquiera hemos obtenido respuesta”, explican. No piden financiación ni ayudas; lo que buscan es que se les ofrezca la oportunidad de mostrar su trabajo, bien sea en teatros, colegios, calles o eventos de distinto tipo. El propósito es que los alumnos vivan la realidad de pertenecer a una compañía y, al mismo tiempo, que la propuesta artística llegue al público. Y aunque de cara al otoño ya han programado alguna actuación, por el momento no pueden desvelar detalles.
Mirando al futuro, trabajan ya en nuevas creaciones. “Estamos creando tres piezas cortas, que luego se puedan unir en una especie de tríptico”, cuenta Jon. La idea es ampliar el repertorio, generar un catálogo de obras y consolidar la compañía.