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Orgullo y milagro en la París-Niza

Vlasov hace cima en La Madone d'Utelle, donde McNulty salva el liderato por un suspiro ante el empuje de Evenepoel a un día del cierre de la carrera
Vlasov celebra el triunfo. / Billy Ceusters / A. S. O.

La Madone d'Utelle se acoda en los Alpes Marítimos, montañas magníficas con tomavistas al mar. Del horizonte vertical al punto de fuga de la mar, allí donde confluyen mar y cielo a través de una línea que juega con esa frontera que conecta los tonos azules, como una escala de pantones en una caja de plastidecor o en las ceras.

Desde La Madone d'Utelle, donde la leyenda narra sucesos milagrosos, se divisa la Riviera francesa, que es un deseo, algo fugaz, un lugar con ese deje aspiracional convertido en una alfombra roja por las playas de cantos rodados y el encanto de los poetas que buscaban la inspiración entre gente vivida y disoluta que garabatea pensamientos con el paladar de champagne. La contemplación del ajetreo con la promesa del sol y la vida bohemia.

Todo apretado

Con eso soñaba Brandon McNulty, el amarillo pálido. Se salvó el líder del filo de la guillotina por apenas cuatro segundos en un puerto que le desnudó y le deja sin margen para el cierre de este domingo. Ecce homo a la intemperie. Matteo Jorgenson le acecha a cuatro segundos, Skjelmose y Evenepoel presionan a poco más de medio minuto.

El norteamericano buscaba la tierra prometida, pero el día, infernal, cerrado, claustrofóbico, apresado por un telón negro y empapado, le negó ese anhelo en una montaña rotunda donde Aleksandr Vlasov izó su alegría y Evenepoel agitó su ambición.

El ruso sin bandera conquistó la cima en un día espantoso, de pura supervivencia, en el que McNulty a punto estuvo de caer, deshojado tras un pellizco de Evenepoel, el segundo en la cumbre, de la mano de Roglic, Jorgerson, Skjelmose y Buitrago. Bernal también perdió foco.

Caravaggio hubiese disfrutado pintando esos rostros, ojerosos, chatos, a través de una carretera de montaña, descarnada, de La Madone d'Utelle, un paso de Semana Santa en el que hombreaban los favoritos y en el que se sostuvo por un suspiro McNulty, retratado en su peor pose. Un halo de melancolía le talló en una ascensión que le dejó en los huesos. Apenas tiene carne que le proteja el esqueleto.

La París-Niza se concentró en un día exprés, afeitado el trazado, esquilado por el pésimo parte meteorológico. Quedó la etapa en 104 kilómetros, un esprint doliente para adentrarse en la garganta de La Madone d'Utelle, 15,5 kilómetros al 5,7%. Lejos de las promesas que dibuja la mente, el sol había huido, esquivo, despavorido, empujado por el boxeo de la tormenta.

La Carrera del Sol era sólo un nombre pomposo, el falso anuncio de un vida mejor, porque un abrigo de frío agarró a los ciclistas, sometidos además al repiqueteo incesante de la lluvia que ametrallaba con ferocidad.

Ataque de Vlasov

El asfalto, entumecido, era un espejo de agua que reflejaba las miserias y el padecimiento. Caras desfiguradas en un paisaje fastuoso de bosques frondosos y carreteras secundarias que culebrean, que suben y bajan, rumbosas, sobre la brea vieja y agrietada, sin lifting. En la tempestad, en un día de perros, una letanía, se esperaba el trueno.

El ruso, en pleno esfuerzo. Billy Ceusters / A. S. O.

El invierno mordía cruel. McNulty, en precario entre los colmillos fieros de Evenepoel y Bernal, que dispusieron el ritmo, una agonía, para la criba. El belga de los prodigios alimentó la hoguera con su gasolina. El acelerón apenas sirvió para quitar la hojarasca. Domesticaron a Evenepoel.

Cerrada la grieta con el mortero de la calma, surgió Vlasov, el ciclista sin bandera desde que Putin ordenara la invasión de Ucrania hace dos años, izó su entusiasmo.

Los aristócratas se encadenaron a la prudencia hasta que Evenepoel bramó de nuevo. A McNulty se le vieron las costuras, con la montaña a cuestas. También a Bernal, descascarillado.

Roglic, Evenepoel, Jorgenson, Skjelmose y Buitrago respiraban juntos sobre las nubes, penachos que se desperdigaban en la humedad. La niebla amenazaba. No asustó a ruso, que se sacudió los fantasmas con una victoria casi dos años después de su último logro. Vlasov izó su orgullo. El milagro salvó a McNulty.

París-Niza

Séptima etapa

1. Aleksandr Vlasov (Bora) 2h44:03

2. Remco Evenepoel (Soudal) a 8’’

3. Primoz Roglic (Bora) m.t.

General

1. Brandon McNulty (UAE) 25h00:28

2. Matteo Jorgenson (Visma) a 4’’

3. Mattias Skjelmose (Lidl) a 35’’

10/03/2024